Desnudo

Desnudo

Ando solo entre una multitud de amores

Dylan Thomas

Un saxo alto descarga una larga nota ronca en la habitación mientras hacemos el amor. Encuentro su boca hermosa, sus susurros son verdaderas caricias. Cuando habla me mira intensamente, parece que quisiera introducir algo en mí, con sus grandes ojos azules; su cuerpo es frágil y estrecho, yo la penetro varias veces, lenta y profundamente, buscando que me sienta grande y rotundo, dentro de ella; relajados, se estira a mi lado y yo, alternando la boca con las yemas de los dedos, circulo por sus senos, su cintura estrecha, las suaves piernas que terminan en sus pequeños pies rosados, me producen otra erección. Le pido con la mayor delicadeza que me permita buscar entre sus labios.

He dormido hasta tarde. El olor a sexo se ha suavizado pero la habitación aún guarda el color de sus ojos. Doy vueltas sobre mí  mismo tratando de recuperar el sueño. La noche anterior fue otra mujer. Nos encontramos en la habitación del hotel; después de un breve saludo, lentamente, me fui quitando la ropa, convocando su excitación. La desnudé poco a poco y, al desabrochar su sostén, vi cómo emergían sus senos, grandes, con los pezones señalándome. Le pedí que cierre los ojos y cogí sus manos para apoyarlas sobre la piel  de mi pecho e hice que fuera bajando, sintiéndome. Cuando llegó a mi cintura ya estaba de rodillas así que le puse el sexo duro sobre los labios y abrió la boca húmeda. Sujetando mis nalgas, se abría más; luego, volvió a chupar, suavemente, avanzando cada vez un poco más, hasta el fondo.

De pie en medio de la habitación, mojaba abundantemente sus senos con mi saliva, mordía los suaves pezones rosados que se arrugaban entre mis dientes, succionaba intensamente pero sin llegar a hacer daño, mientras pasaba las manos por la espalda y bajaba hasta sus nalgas.

Tenía todo preparado para mi visita. Nos embadurnamos mutuamente y traficamos nuestros cuerpos, introduciéndonos lenguas y dedos, jadeantes, abriéndole paso al placer.

El morbo me golpea el pecho con mujeres como ella… le hice el amor con violencia a sus buenos modales y a su sentido de culpabilidad.

Subida a mí, vi cómo empezaba a sudar. Comencé a sentir, ante su mirada y su respiración, un impulso sexualmente poderoso, casi salvaje. La puse de espaldas, la penetré por ambos lados; su cuerpo cedía y se hacía más elástico con cada arremetida.

Cuando sentí que se iba a correr, bajé las revoluciones para observar su coño latiendo, un momento, para regresar luego, cogiéndome con una mano la verga, mientras ella la miraba, e introducirla incrementando el ritmo poco a poco. Así, varias veces, hasta arrojarnos juntos, cogidos de los sexos, desde a esa cúspide de jadeos, gritos y espasmos, al suave letargo del silencio y el sueño.

Allí estaba ella, echada boca arriba con sus grandes senos y su religión, con la mirada perdida y su llamada a casa para decir que se había quedado con una amiga. Ahí estaba yo, embrutecido por un sexo duro, sintiendo que me hundía en la cama mientras me hablaba, queriendo perderme en cualquier mundanal ruido, en otra música, en otros labios, en caminos que aún no había recorrido pero que buscaba y que en aquella noche de pelos y señales no había conseguido vislumbrar.

Con el sol aplastando las azoteas, mi cuerpo sediento se despertó en otro día sin horas; la ducha me suponía un esfuerzo así que me dejé estar un rato largo así, desnudo, tendido sobre las sábanas revueltas, recordando lo que ahora escribo. Puse música y, gracias a Dios, había una botella de agua sobre la mesa de noche, así que bebí largamente para aplacar el calor de mi cuerpo. La música suave me ayudó a digerir la pesadez; el ambiente de la habitación empujaba al letargo, suavemente; había tenido un sueño en el que estuve entre los brazos de un dulce amor de la adolescencia, y quise volver a él, a ese espacio de felicidad. Cerré los ojos.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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2 respuestas a Desnudo

  1. Desde mis tibias profundidades, húmedas, espumosas…, sabáticas después de todo, llego, mecida por las palabras que tienden lazos entre nosotros como puentes de vida, hasta la vera de tu sueño…
    ¿Duermes?
    Claro, es preceptivo. Es lo que tiene que el mundo sea redondo… Que mientras yo me baño un sábado por la tarde… Tú, por delante de mí…, andes durmiendo las primeras horas de una jornada de descanso dominical.
    Uuuffff…
    Con calor donde debe haber calor… Y escalofríos reptando espalda arriba desde su base…, desde donde reptar los escalofríos… Te comento “Desnudo”.
    Es difícil escribir sobre sexo…
    Me encanta hacerlo…, pero es difícil. Disfruto mucho haciéndolo…, pero es difícil.
    En realidad…, es donde más noto una resistencia al fluir de las palabras…
    No. No es eso.
    Es la necesidad de repetir las mismas palabras para explicar momentos distintos, lo que siento que me constriñe un poco…
    No quizá en tu relato, corto, si me disculpas la apreciación… Pero yo tengo tres, de entre quince y treinta páginas…, y ahí la cosa… Jajaja!!! Se complica… Por la extensión, sí. Porque no puedes estar todo el rato repitiendo las mismas palabras para describir momentos sublimes, tan magníficos, tan distintos…, que uno tendría que poder inventar palabras para expresar tanta rabia, tanto placer…
    Pero escribir sobre sexo…, sobre follar, penetrar, empujar y poseer, es sólo comparable al placer de follar y dejarse penetrar, y empujar y sentirse salvajemente poseída.
    Sobre eso…, no se puede inventar.
    Sólo me ha chirriado un poco coño… Quizá es algo cultural. O peor, algo puramente maniático-personal. Aunque obviamente prefiero coño a flor abierta u otras lindezas. Aforismos que deberían estar prohibidos, tanto a la hora de escribir sobre sexo…, como a la de practicarlo… Jajaja. Uno tiene que decir (y hacer) exactamente lo que quiere. Y si quiero polla (es un ejemplo), ¿para qué voy a decir “el instrumento de tu fuerza viril”, pongo por caso?
    Jajaja…. ¿Ves? No es fácil. Pero tú, querido, lo has bordado. En serio. Estoy impresionada.
    Y como debe de ser…, porque de lo contrario no estaría bien escrito…, algo excitada.
    Sexo… Mmmm…. Siempre es un buen tema de conversación… Siempre es un placer escribir sobre él.
    Y leer, si claro, como en este caso, la mezcla de todas tus palabras destila pasión, elegancia, imágenes físicas e lienzos sensoriales…
    Casi huelo el sexo que flotaba en la habitación. Y he intuido el precioso azul de sus ojos… Y he visualizado sus pechos…, sus delicados pies rosados. Y he sentido tus manos… Tu boca… Tu saliva…
    De modo que…, ponte un “genial, querido”.
    Y un beso.
    En este caso, casto… : )

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    • He regresado a este comentario tuyo, a este relato de hace ya, ahora, tanto tiempo. Coincido en lo de que es difícil escribir sobre sexo sin caer en lugares comunes, de hecho, creo que este relato no se salva de eso, tiene esos lugares comunes, expresiones e imágenes un poco trilladas, prosaicas, algo típicas de todos los relatos de este tipo. Se nota mi falta de pericia. El estilo no es el de los mejores, sin embargo, aun me sigue agradando algunas de sus imágenes y, tal vez, la idea de que se trate de un hombre que se dedica al sexo –o sea, un puto, pero este adjetivo me chirría por falta de costumbre, tal vez – y es una persona sensible, no el típico objeto sexual, un tipo casi “poético” en sus expresiones, en la forma como ve su ocupación. Tal vez si el narrador hubiese sido mujer esto sería más difícil. Tal vez porque hay una larga tradición de explotación de la mujer en este campo, el de la prostitución, o porque uno piensa que si una mujer se dedica a alquilar su cuerpo está haciéndolo porque ya no le queda otro recurso y lo hace como sufriendo. La prostitución como la escala más baja de los empleos remunerados. Estoy seguro de que todo esto no es más que la visión mediocre que tenemos en general de este tipo de cosas y que la realidad es mucho más rica pero tal vez esa sea la diferencia entre un narrador y el otro. La misma poética en una mujer al describir sus encuentros por dinero tal vez no funcione tan bien como la de un hombre, parece que el hombre, a pesar de todo, estuviese como más libre de esos prejuicios pero ya digo, esta solo es la visión colectiva del tema.
      De Nuevo, como muchas veces has hecho, tu comentario mejora el texto y por eso te lo agradezco.
      Recibe un beso… casto, claro.

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