La rosa sin nombre

 

Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

 

Esta secuencia de la película “El nombre de la Rosa” es el balance que hace un hombre hacia el final de su vida. Y ¿de qué nos enteramos? ¿qué es lo que lo conmueve? el amor. Es ahí, en el amor, donde somos plenamente. Eso es lo que recuerda el hombre, este viejo monje franciscano, Adso de Melk, y no la vanidad de la acción cotidiana. Recuerda a una mujer sin nombre, a una rosa, desde la soledad de su reclusión.

El Nombre de la Rosa es una película exquisitamente elaborada. Es una película de iniciación. Adso de Melk es un joven novicio encomendado para su formación a William de Baskerville, un franciscano famoso por su actitud racional y honesta.

Adso ingresa al mundo adulto de la mano de William, al mundo de la inteligencia analítica -rara y peligrosa para aquella época-, de las emociones, al del miedo propiciado por la religión y potenciado por la superstición, al sexo. El asombro de su mirada nos acompaña en esta película paso a paso.

Se introducen en una abadía donde suceden una serie de muertes con causas aparentemente diabólicas. Estas muertes serán investigadas y analizadas por los dos personajes. William de Baskerville usa el método analítico deductivo, método que consiste en la observación de los hechos de forma pormenorizada para luego, mediante la aplicación de preguntas y respuestas, ir llegando a conclusiones parciales. Al final, logra resolver el enigma de las muertes de la abadía.

El poder de decir y el de contradecir

El poder lo tiene, y lo mantiene, quien controla la información, aquel que decide qué es bueno y qué malo. Qué se puede y debe conocer, y qué no.

La película refleja dos formas de poder y control: la del inquisidor, cuya palabra es juicio de verdad o “veredicto”, ante el cual no hay discusión -Bernardo de Gui representa a la Santa Inquisición-, cosa a la que se atreve William, con negativas consecuencias para él y -aparentemente- su congregación. Y la de los custodios de la cultura, las iglesias, las abadías y los conventos que definían el bien y el mal con sus compilaciones y traducciones de los textos antiguos -Jorge de Burgos, el fraile anciano integrista es su encarnación- Frente a estos poderes tenemos la aparición de la figura del librepensador. En este caso en forma de detective. Que se permite disentir, contradecir. Lo admirable es que esta figura nace del seno de la Iglesia. No podía ser de otro modo, pues era el mundo que concentraba todos los libros antiguos, la información necesaria para ser libre.

El sexo -presente casi desde el principio de la película- es inquietante. Se trata de sexo entre hombres que se reprimen y son reprimidos. De la boca para afuera el placer está prohibido, pero se ve que el intercambio sexual es cosa habitual entre los monjes. Las mujeres -por otra parte- son vistas como fuente de pecado. Son perdición y animalidad. Adso tiene un notable encuentro sexual que nunca olvidará. Su maestro se da cuenta de que se ha enamorado pues aquel le confiesa que desea para ella la liberación de la miseria, de la ignorancia, de la vida que sufría.

El pueblo está descrito como si se tratase de animales, casi sin lenguaje, semi-bestiales, la basura de la abadía les sirve de alimento. Sin embargo, este mismo pueblo es obligado a “donar” bienes a la abadía-iglesia a cambio de “mil veces más” de lo entregado que les será devuelto… en el “reino de los cielos”.

El binomio cuerpo/alma es un presupuesto de la vida monacal y un punto central en la vida medieval. Los monjes mortifican y flagelan sus cuerpos para aplacar sus ansias naturales y así abrir paso a la espiritualidad. La corrupción de ese tipo de vida -lo enfermo que tiene, entre otras cosas, encerrar un grupo de hombres de por vida y cercenarles psicológicamente el sexo- se aprecia con claridad en sus rostros y actitudes. La vida medieval proclama la superioridad del alma sobre el cuerpo, de la eternidad sobre la vida pasajera. Este “soplo divino”, el alma, es el agujero de donde se engancha el poder de la iglesia para sujetar férreamente a los hombres.

El “tratado sobre la risa” de Aristóteles, que sería la segunda parte de su “Poética”, es un texto que le sirve de pretexto a Eco para resaltar la visión doctrinaria, integrista, que se tiene del conocimiento en el mundo religioso frente a la inteligencia analítica, al racionalismo emergente. Es el miedo a la difusión de ese tratado, miedo a la difusión del conocimiento sin control, lo que provoca los homicidios en la abadia pero, sin embargo, el detonante es sexual, al ser un monje que, buscando a ciertos jovenes, decide, a cambio de sexo, permitir el acceso a ciertos libros restringidos. La represion sexual es mala amiga del secreto.

Un dato curioso es que en la abadía se celebraba la reunión de varios representantes de distintas congregaciones para debatir sobre la pobreza de Cristo. Al mismo tiempo, a monjes convencidos de llevar una vida en la pobreza siguiendo el ejemplo de Cristo, y que pedían a sus máximos representantes que hicieran lo propio, se les perseguía y quemaba en las hogueras, como herejes. No se aceptaba otra interpretación de los evangelios que no fuera la canónica y, segun ellos, por ninguna parte se decía que la Iglesia -y sus reprersentantes- tuvieran que ser pobres. Esa reunión, que acaba en trifulca, es una ironía, pues muestra lo absurdo de tales conclaves donde, en el fondo, lo que se hacía era mostrar quién mandaba.

Adso sale de la abadía como hombre, ha crecido con las intensas experiencias que en tan corto tiempo ha vivido al lado de su maestro. Aprendió a pensar, se dio cuenta que el poder y la mentira van muchas veces unidos, que el poder es al miedo lo que la sarten a su mango, que hay tontos útiles en todos los bandos y, también, aprendió lo que es amar. Ese amor sin nombre que se iba perdiendo en la bruma de su celda de monje.

 

 
 
 
 
 

 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 

 
 
 
 
 

 

 

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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2 respuestas a La rosa sin nombre

  1. RV dijo:

    Interesantes escritos. Gran producción. Voy a leer sus escritos e intentare seguirlo. El nombre de la rosa es una de mis películas favoritas. Interesante análisis
    Éxitos en Australia.
    Un abrazo.

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  2. mmerhum12 dijo:

    Una de mis películas preferidas. Un abrazo.

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