The Healer (la curación)

Aquella vez me curó con un huevo y planta ruda. Preguntó mi nombre y lo repitió varias veces, como una letanía, mientras pasaba la ruda sobre mi torso desnudo; luego tomó el huevo y se santiguó con él, lo pasó por mi cabeza y pecho, lo posó sobre mi acelerado corazón. Luego lo partió contra el filo de un trasparente vaso con agua que se opacó al caer el huevo dentro, la clara y la yema quedaron suspendidas. Con sus delgadas y venosas manos, me lo acercó y dijo: ¿ves las nubes en la yema? Es agua. Has tenido un susto con agua, pero esta noche dormirás bien.

Es un alma antigua; sentí cómo el dolor en su sangre, después de golpear su débil corazón, se transformaba en amor al circular por sus lentos pulmones. Amor que penetra como una suave ola por mis manos, para mezclarse con mi sangre, entonces asoman a mis ojos lágrimas que irritan mis ojos, pero sigo concentrado en mi trabajo, mis manos buscan aliviar su dolor.

Le dije que no creía en “esas cosas” -era joven y tenía un impreciso orgullo- si estaba ahi era por mi madre que sabía de ella, de su arte: la Sra. Rosa. Me dijo, ve y prueba.

Me preguntó entonces por qué había regresado, le dije por agradecido. Me preguntó por mis sueños, le dije que no recordaba nada al despertar. Preguntó por mis intuiciones, si las tenía. No, no tenía. Preguntó si sentía miedo. No. Bien. Entonces regresa esta noche a las ocho.

Su hija Patricia y una señora esperaban mi llegada para empezar. Oscureció la habitación al punto de no ver ni mis manos. Me llegó un vaso con olor a planta, a hierba fuerte. Lo apuré de un solo trago y  después una cuchara de miel para evitar las arcadas. Cerré los ojos cuando empezó con las canciones en las que aparecía la virgen, Jesús, Dios todopoderoso y los ángeles. Se acompañaba con una especie de maraca que producía un sonido parecido al de las hojas de los árboles movidas por el viento.

Me quedé dormido. Al despertar sentí una infelicidad que no había vivido. Mi cuerpo era el de una mujer joven que trata de negar sus impulsos, de atajarlos. Habla con amigas sin encontrar ayuda. Era Patricia. Luego, apareció un cansancio, un desánimo por las palabras, ausencia de significado acompañando la cara de su marido y su única hija, que la visitaba por obligación. Era la senora, de la que aun no sabía el nombre.

Sentado en la playa -en la que casi había perdido la vida- sentí temor, sin embargo, el mar se veía apacible y entré en él conducido por una fuerza amiga. Nos llevaron -iba con otros e iba solo- a visitar nuestros miedos. Apareció un cajón, viejo y sólido, cerrado. Dentro, mis fobias, mis angustias. Lo abrí sin más. Estaba lleno de juguetes: grandes y pequeños, máscaras de colores, pelotas, la caja de un niño. Me hizo gracia, comencé a sacar los juguetes para dejarlos flotar a mi lado en la ingravidez del agua. Escuché su voz, su canción, era hora de volver.

Has tenido la visión -me dijo- La planta está en ti, no hay más.

Trabajamos juntos. Puse mis manos a varios hombres, mujeres y niños que fueron curados. También nos sanábamos mutuamente. Sin embargo, aun sigo sin creer pero, como ella me dijo, no importa lo que creas, importa lo que haces y tus manos curan. No hay más.

Mis manos encontraron su resignación. No iba a luchar. Quería descansar. Las lágrimas que resbalaban por mis mejillas eran por mí, por el vacío que un ser tan bueno como poderoso iba a dejar en mi vida, en el mundo.
Sigue poniendo manos -me dijo-, déjalas que curen niños, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, para eso hemos venido y por eso volveremos. No hay más.

Fue la última vez que hablamos, al poco tiempo la tuvieron que asistir con un respirador, tenía fibrosis pulmonar. Se le fueron cerrando las puertas de la vida, poco a poco, como las cortinas de una antigua sala de cine, al final de la función.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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