El otro Viernes

Robinson se encontró con un indígena en la playa al que, casi de inmediato, convirtió en su lacayo. Con el trascurso de los días le enseñó su lengua, lo vistió y le explicó para qué servía el vestido y en qué consistía la vergüenza. Le habló de su dios. También lo instruyó en modos diferentes de trabajar ciertos materiales, diseñar herramientas y casas más eficientes. Viernes se deslumbró. Hizo unas cuantas oraciones en la playa y decidió convertirse en buen cristiano pero también, sin sospecharlo, se hizo comerciante.
Regresó a su aldea y explicó a sus compañeros, con vehemencia poco habitual en él, las novedades que había descubierto, pero ocultó la fuente de sus nuevos conocimientos. Se trataba -dijo a quien preguntó- de inspiración divina. Los indígenas se mostraron reticentes pero, poco a poco, con el apoyo de los más jóvenes y curiosos, sus ideas comenzaron a practicarse con buenos resultados para los suyos. Vio crecer su influencia en muchos asuntos.
Mientras tanto, Robinson, más aliviado en su soledad se sentó a esperar la visita de Viernes. Este se hizo esperar más de lo previsto, estaba ocupado en establecer bien su nuevo poder y encontrar el mejor momento para separarse del resto sin que lo siguieran.
Finalmente, cuando se volvieron a ver, Robinson le hizo conocer su intención de regresar a su tierra y, para tal empresa, el apoyo del convertido Viernes era fundamental, sin embargo, Robinson se cuidó bien de hacerle entender que no era Viernes quien ayudaba a Robinson, sino todo lo contrario. El indígena, a pesar de la pena que sintió al saber que su maestro deseaba marcharse, proporcionó los bienes necesarios para construir una sólida embarcación y trabajó casi sin descanso en su fabricación, bajo la atenta supervisión de Robinson. La servidumbre de Viernes era tan eficiente que casi todo lo que Robinson pedía, éste se lo traía o lo fabricaba para él.

Al fin, cuando la barca estaba a punto de quedar terminada, Viernes ya era visto como un notable en su aldea, en la cual no le negaban nada pues poseía trucos cada vez más increíbles a los ojos de todos. Y todo aquello se lo debía a Robinson. Pero nadie más lo sabía. Así que, con la nave lista y bien aprovisionada para el largo viaje, Robinson y Viernes se dispusieron a celebrar la próxima partida. Esa noche hicieron una fogata, bebieron mucho y Viernes bailó, contó chistes y le habló, con alguna candidez -probablemente producida por el alcohol-, de su conquistas, sus varias mujeres, de su próximo matrimonio con la más joven de las hijas del rey. Robinson rió de buena gana y le palmeó el hombro.
Al amanecer, mientras Robinson dormía ebrio sobre la arena, Viernes le atravesó una lanza en el corazón. Construyó un tótem con algunas partes de su cuerpo y plantó su cabeza sobre una estaca, al fondo de la cueva, para así poder regresar siempre a adorar a su dios personal, el dios que lo inspiró e insufló conocimientos tan útiles.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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6 respuestas a El otro Viernes

  1. Elena dijo:

    Me ha gustado tu versión. Un Viernes inteligente, un Robinson inocente que no sabe lo que le espera y un final impactante.
    Cada uno elige a su dios, ¿no?
    ¡Gracias por tu visita y tu comentario tan gratificante!

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    • Elena: A veces perdemos la perspectiva cuando solo nos vemos a nosotros en el mundo. Eso le sucedio a Robinson que no se dio cuenta que tenia en frente a un humano que no compartia su forma de ver el mundo…
      Besos

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  2. A.B. dijo:

    Hola Javier

    Me gustó tu texto, una forma diferente de ver a Robinson y a Viernes, todos conocemos el punto de vista del autor original, pero nunca pensamos que la historia podía haber sido diferente si Viernes hubiera sido personificado de manera menos “ideal”.

    Un abrazo.

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    • Hola A.B. Gracias!! Me gusta la posibilidad de trabajar una historia que todos conocemos y darle otro punto de vista, bueno, en este caso Robinson no se las trae todas consigo y de naufrago famoso pasa a dios particular, que no esta mal tampoco… jeje
      Un abrazo

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  3. jcplanells3 dijo:

    Hace años me tocó leer el Robinson de Defoe, por razones profesionales, y se me cayó a los pies (como casi todo Defoe). Pero tu relato redime al de Defoe, porque sabes sacar jugo de la historia para construir algo realmente inteligente y bien narrado, y con mucho sentido.

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    • Hola J.C.
      Defoe me parece un ejemplo del colonialismo ingles mas rancio. Cuando lei Robinson Crusoe encontre paginas maravillosas -de una factura impecable- pero su vision del mundo me hacia sentir cierto rechazo por el.
      El pensar como habrias escrito un relato que ya esta hecho tiene su prurito. Como no me gusto la actitud de Robinson redacte teniendo en cuenta a Viernes (hay que tener mala leche para “bautizar” a una persona y, ademas, ponerle Viernes… otro ejemplo de que estaba escrito para los ingleses de la epoca) y supuse que lo “normal” para ese hombre -posiblemente acostumbrado a los sacrificios humanos- era convertirlo en su dios de cabecera y asi conservar sus “nuevos” poderes. Asi que nada, a la estaca!!
      Bueno, me alegra que te haya gustado.
      Un abrazo

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