Sombreros

Hoy la lluvia en Hanoi no es tan espesa. Las bicicletas y motos circulan por las calles mojadas y los autos -que son menos- hacen saltar el agua barrosa de los agujeros de las calles. Las mujeres usan pañuelos blancos para sujetar los sombreros de paja dura a sus cabezas mientras pedalean sus bicicletas con tranquilidad o llevan motocicletas con mano firme por las sinuosas avenidas de esta ciudad tropical de belleza clásica.
El cuello largo y fino, los ojos rasgados, los senos de su breve pecho, ella también observa cómo cae la lluvia del otro lado de la ventana de este restaurante europeo en Hanoi; desde el interior sus pensamientos jóvenes vuelan, tal vez piense en algún enamorado del otro lado de la ciudad o en una amiga que puede haberla traicionado. Ella no usa el sombrero de paja prieta de su madre, lleva camiseta y pantalones negros. Su juventud se rebela a la tradición de recuerdos heroicos y guerras que no vivió, de las cuales sólo se enteró por una televisión censurada, las lecciones del colegio o relatos de los amigos de sus padres; un pasado  glorioso que no le trasmite ninguna emoción.  No entiende el orgullo nacional por guerras ganadas a enemigos poderosos. Ella no entiende de enemigos. Sus dedos finos arreglan sus brillantes cabellos mientras revisa la libreta de notas que esta noche, atendiendo a los extranjeros que venimos a cenar, le sirve de guía para desenvolverse con la eficiencia que exige la dirección del local.

Las calles de Hanoi tienen un ritmo particular, aquí las motos y las bicicletas hacen piruetas alrededor de los transeúntes con una lógica de peatón, parecida a la que se hace en la acera cuando te enfrentas con alguien que se mueve hacia tu lado una y otra vez, hasta que el nudo se suelta y pueden cruzar y seguir cada uno su dirección. Esta ciudad no está tan sometida al flujo tirano de los automóviles y su rectilínea velocidad hostil. Las motocicletas y bicicletas son como miles de abejas en busca de un panal que está en todas partes. Entrelazan sus zumbidos sin tocarse y avanzan. 
Hanoi es una ciudad de arquitectura colonial francesa, de casas solariegas con balcones blancos y portales de madera, con techos a dos aguas, mezclada con la arquitectura del comunismo, bloques de cemento cuya virtud es tenerse en pie, ambas enclavadas en una naturaleza exuberante, tropical; una ciudad que sueña con un occidente sin baches, donde las calles son supermercados y las luces de neón describen la alegría fosforescente que da la billetera.
Entre las cortinas de este restaurante ella toma notas y busca una mirada de aprobación a su tímida sonrisa. Trabaja mientras afuera los sombreros de paja dura resisten el agua ligera e incansable. Habla inglés con gentes de otros países y sus ojos rasgados no miran el mundo desde viejas tradiciones y guerras, tiene los brazos finos y el cuerpo delgado del futuro, de un futuro sin paja dura sobre la fina cabeza. Ella es un lago que se desborda lento y forma un río que baja haciendo curvas hacia el océano. Ella es ese río y nosotros somos ese indiferente océano en el que se van a mezclar sus aguas.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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4 respuestas a Sombreros

  1. Elena dijo:

    ¡Qué prolífico eres!
    Me gusta el tono de este texto y como me transportas a Hanoi. He olido la lluvia y la he comprendido a ella que solo quiere mirar hacia adelante. Creo que llegará lejos. Un beso.

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  2. Hola Elena:
    Jajaja no, no es que sea prolifico… ya me gustaria (mucho), todo lo contrario, lo que pasa es que voy alimentando este blog con relatos que tengo escritos que voy alternando con otros de reciente factura.
    Hanoi, una ciudad bella de verdad. Me impresiono la cantidad de lagos de distintos tamanos. Una manana mientras tomaba el desayuno en un barcito al lado del rio (el famoso Meckong) converse un poco con el dueno y este me dijo que un gran porcentaje de esos lagos eran resultado de los bombardeos de los norteamericanos sobre la ciudad, se abrian los enormes agujeros y el agua subterranea emergio formando esos “lagos”. Alucinante, verdad?
    Bueno, Vietnam es un lugar no solo hermoso, ademas la gente es muy buena y amigable. Lo pase muy bien el poco tiempo que estuve por alla.
    Un beso Elena

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  3. Concha Huerta dijo:

    Me ha gustado mucho este relato sobre la joven que sirve de guía en Hanoi. Nueva generación de mujeres que sufrieron tanto. Me recuerda a las mujeres de Ru la novela de la vietnamita-canadiense Thuy que leí y disfruté el mes pasado de la que publiqué una crítica-relato. http://wp.me/pwJx2-17o. Un saludo desde Madrid

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    • Hola Concha, bienvenida!
      Una nueva generacion de mujeres, es verdad, la juventud de las grandes ciudades de Vietnam no tiene mucho que extranar de las de otras ciudades de Asia. En todo caso, ahora hay mucha mas apertura y oportunidades que hace solo unos anyos en Vietnam, espero que sepan llevar el cambio con inteligencia, por ahora sigue siendo un mundo habitable.
      Un beso

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