Táctica y estrategia

Volví a decirte que no tenías razón, para seguir excitando tus ideas, para seguir recorriendo la distancia que aun teníamos que salvar. Lo noté al principio de la noche cuando al abrigo del vino los reflejos aparecieron en tus ojos acompañando las respuestas, vi cómo el ligero detonante de mis preguntas hacían efecto súbito en ti, entonces no me detuve, al principio solo preguntas, luego la mala dialéctica del conquistador intelectual, negaba algunas cosas y matizaba otras, construyendo esa imagen que quería de mí, el pequeño trabajo de hormiga, ir acomodando piedrecillas y palillos, uno sobre otro, subir y bajar, laborioso y paciente, con una idea del edificio.

Fue un día antes por la tarde, después del partido de baloncesto, cuando regresaba en el colorido autobús que bailaba una salsa suave entre gritos risueños de señoras floreadas y las miradas cabizbajas de hombres con un libro en las manos intentando -vanamente- leer, que subiste abordo como solo una diosa mulata lo sabe hacer. La salsa trepó a tus caderas, la fuiste acercando y encontraste el sitio perfecto: a mi lado. Los primeros dos minutos -calculo- fueron un infierno en mi cabeza, un incendio con los bomberos de vacaciones, pero me había puesto un tope: cuando termine la canción le hablo.

Nada más pensar esto terminó la puta salsa y yo me arrojé al mar, como es menester.

Por la mañana llamé al número que me diste -con el corazón en la boca-, respondió tu voz ronca y melodiosa, de cantante de boleros, para decirme que sí, que esa noche la tenías libre, que no había problema en cenar conmigo. Regresé a mi apartamento y cogí la aspiradora como si fuera el micrófono de un karaoke, los trapos pasaron debajo de todos los adornos, cambié las sabanas, metí las toallas a la lavadora, rasqué las paredes de la ducha y caí sobre el sofá de divorciado frente a la televisión.

Sabía que aquello pasaría esa noche, era parte de la trama que tenía para ti. Más vino. Los destellos de tus ojos comenzaron a disolverse y tú a enmudecer, a tornar las miradas de complacencia en incomodidad. Tuve que apurar la estrategia. Reduje las palabras y aumenté la música, con óptimos resultados. Bailamos, lentamente, tejiendo nuestras entrepiernas en punto cruz.

Tus largos cabellos castaños rizados, ojos oscuros y labios grandes, hombros de miel cristalina, la cintura peligrosamente estrecha, tu cuerpo abundante y sólido, en fin, ahí te tenía, centrada en la mira. La conversación había decaído gracias a la llegada de las sílabas cortas, las preguntas más personales, el vino y la noche, así que, atrevido pero inseguro, te cogí de la mano y tiré suave de ti, te levantaste y nos besamos, largamente (me sorprendió que tu lengua tomara posesión de mi boca, tus manos mi cara) y fuimos a la habitación. Te acosté y parecías feliz e inquieta, yo de hecho era poseedor del billete de lotería que mi madre siempre había comprado y nunca le habían vendido, afuera la brillante noche sabía que nos íbamos a encontrar con nuestro destino.
Te quité la camiseta y besé tus senos, nos dedicamos a desordenar nuestros cuerpos en la cama con modos felinos. Otra vez la sorpresa me asaltó cuando pusiste la mano plena sobre mi pantalón, cuando me desabrochaste, cuando me hiciste recorrer el camino sin llegar a la meta. Alejaste tu rostro y me lo dijiste. No puedo decir que no cambiase nada en mí, pero ahora me hace un poco de gracia recordar que llamé a dos amigos después de hablar por teléfono contigo esa mañana, antes de nuestro encuentro, y les dije: “viene esta noche, es una mujer de bandera”, ahora les puedo decir que eres quien lleva la bandera en los gay parades.
 

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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6 respuestas a Táctica y estrategia

  1. Elena dijo:

    Menuda sorpresita guardaba el pibón, nunca sabes donde puedes encontrar el placer,
    :-D. La táctica intelectual vale para un rato, sí, exalta la mente y los instintos, pero justo en el momento dado hay que pasar a las lenguas y las manos.
    Muy bien llevado Javier. Besotes.

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  2. Hola Elena:
    La tactica y la estrategia -en cuestiones de amor- tiene sus limitaciones, pues muchas veces es el lado femenino el que lleva la voz cantante. A veces nos parece, a los hombres, que estamos muy bien, que lo vamos consiguiendo… pero es que la otra parte nos esta dejando hacer, nos permite el juego de sonyarnos casanovas. Pero, como dices, es un juego excitante y agradable si ambas partes estan en ello, a veces nos damos con sorpresas, claro, pero eso ya es otro cuento.
    Un beso

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  3. annefatosme dijo:

    La táctica y la estrategia valen en el amor concebido como trofeo, sino no existiría ni Don Juan ni Casanova, ni “Las amistades peligrosas” pero, tarde o temprano los conquistadores caen delante de un imprevisto. El tuyo es muy contemporáneo! Me ha encantado la soltura llena de chispa del relato.
    Un abrazo,

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  4. Hola Anne:
    Tienes razon, el amor como trofeo. Tal vez en la seduccion mas importante que el trofeo sea el ritual, hay gente con talento para ello, pero incluso ellos pueden tener algun que otro traspies.
    Un beso

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  5. Jajaja Primo, por lo menos te motivó para recoger la casa!!! Siempre hay que ver la pequeñas ventajas de las grandes pérdidas,

    Un abrazo.

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  6. Hola primo!!! que gusto saberte por estos lares. La casa quedo hermosa y al narrador una grata experiencia -eso parece-. Como dice la canción: La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…
    Un abrazo

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