In my room

Eras callado, más aun cuando la marihuana te abrazaba con su silencio pacífico y me hacía pensar que, después de todo, no sería tan mala, aunque a mí me sentaba fatal.
Pasaron años, nos dejamos de ver, crecimos en países distintos, mientras te hacías una profesión yo seguía en el colegio. Las cartas y postales que escribiste hacían soñar las maravillas de París, sus calles llenas de gente de tantos países, sus locales nocturnos, el Metro con ventanas que miraban la velocidad de largos túneles iluminados.
Una tarde en casa, como todos los días, la señora Amadea nos puso de comer y se fue a la cocina a terminar sus cosas. Las sombras, de día, no se perciben en el interior de los espacios comunes. Sonó el teléfono y ahí estabas, con tu salida de contexto, era para hacer rabiar a cualquiera. Sin embargo, esa manera tan tuya de callar se hizo, aquella tarde, inexpugnable.
Las respuestas que intentaron, las preguntas que destilaron durante los días que siguieron, podrían haber llenado unas cuantas páginas pero ¿crees que siquiera pensé que alguna de ellas se refería a ti? No. Ninguna. Estaba seguro de que todas aquellas preguntas y respuestas se las hacían para tratar de entender algo que no había necesidad de entender. Ya no. Está claro, fue casi una falta de delicadeza, pero ¡qué más da! Si nos ponemos en plan educado, a mí me pareció de peor gusto que lo hicieras en la habitación del pobre Oscar, sabiendo que es un tipo tan sensible. Para colmo llovía en París, que hace las cosas más tristes, si es posible. Llovía en París y tuviste la idea.
Tus labios grandes y tu cara larga. Tu sonrisa tan llena de dientes. Bueno pues, te los llevaste a otra parte. Pensé al día siguiente, mientras tomaba el desayuno, que París estaba más lejos de lo que había imaginado y que antes de la llegada y después de la partida hay mucha nada, demasiada nada para pensar en ella. Las lágrimas mojaron muchos rostros, hubo muchos abrazos, muchas caras largas –ninguna como la tuya- para mirar túneles vacíos. Tú allá y nosotros acá. París.

Mamá es una mujer un poco despistada, ya sabes, pero creo que sus despistes me han enseñado más de la vida que ningún avisado pedagogo hubiera podido hacer. Mira que dejar el cofre con tus cenizas en mi habitación. Lo curioso es que estuviste ahí años, en el librero, durmiendo mis noches y despertando mis mañanas, un cofre lacrado acompañando mis sueños hasta que, no sé bien cómo o por qué –alguien le diría algo- un día, también de repente, mamá hizo construir una gruta en un rincón del jardín y te colocó allí, donde estás ahora, en una hornacina a la que, los días soleados, acompañan un montón de pajaritos dando saltos, de forma tan frágil y aérea, mientras mi cuarto ahora está vacío, ya no queda nadie, solo unas paredes que se miran entre ellas.

Anuncios

Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
Esta entrada fue publicada en Narrativa y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a In my room

  1. Magnífico relato, primo. En el argumento revolotean ligeras (“dando saltos, de forma tan frágil y aérea”) las paradojas entre el ser y el estar, el presente y el recuerdo. Y el texto es elegante, fluido y preciso sin adornos innecesarios. Enhorabuena. 🙂
    =========================================================
    No creas que es mucho más fácil comentar aquí.

    Un fuerte abrazo

    Me gusta

  2. Elena dijo:

    Me ha gustado mucho este relato Javier, el tono que tiene, de otro tiempo quizá mejor, o no, y el ritmo cadencioso de las palabras.
    Solo una cosilla: no se sabe quién cuenta la historia, si es hombre o mujer, después descubres que es su hermano ¿o es hermana?
    Un beso!

    Me gusta

    • Gracias Elena;
      Al principio era una hermana menor, pero luego quite los detalles para dejar mas libre al lector para que imagine el genero. Creo que no afecta al fondo ni al correcto entendimiento de lo que dice, y deja una cierta ambiguedad abierta.
      Un beso

      Me gusta

  3. Sibisse dijo:

    Desde la primera hasta la última palabra consiguen enganchar. Me ha gustado mucho la descripción de Paris y de todas y cada uno de los lugares y personas a los que haces referencia.
    Siempre he admirado esa capacidad para expresar, da igual si la historia es cercana o no a uno mismo, pero sobretodo he admirado la capacidad que tienen algunas personas para hacer sentir y en este caso se ha conseguido.

    Y como ves, soy nueva por el mundo de los blog, pero espero también seguirte por estos lares 😉

    Me gusta

    • Sibisse: Hola, un gusto verte por aqui. Antes que nada quiero agradecerte por las amables palabras. Como bien sabes, el que una historia llegue a “enganchar” la atencion del lector y no la suelte hasta el punto final, es un objetivo del escritor. Me alegra que este haya sido el caso de mi relato para ti.
      Por otro lado, leamos juntos -tu lo mio y yo lo tuyo- de ese modo nos seguiremos los dos y nos daremos animos en este mundo tan inestable de la narracion.
      Un abrazo

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s