Fotografia en Sepia

Esta fotografía está hecha en Arequipa, Perú, 1926.
Eran jóvenes y estaban ilusionados, llevan poco tiempo casados y encantados de hacer vida juntos -algo que no era, ni mucho menos, fácil en aquellos tiempos-. Poco después tuvieron su segunda hija, Teresa. Esta foto guarda la mirada llena de vida e ilusión de la nueva pareja, el reflejo quieto de gente tranquila y honesta que empieza una vida, una nueva familia. Mi abuelo morirá aproximadamente un año después. Se casó a los 24 y no llegó a cumplir los 27 años. Mi madre, Graciela -la pequeña en la foto-, no había cumplido los dos años y mi tía Teresa contaba con meses de nacida cuando su padre las tuvo que dejar.
Esta es una instantánea para la que se han preparado. La reluciente hija y las ilusiones de la joven familia están con ellos en el estudio fotográfico. Él sostiene delicadamente la mano de la pequeña, es un hombre soñador, muy sensible, que mira la cámara con decisión. Ella, Inés, reposa las manos sobre el respaldo, los labios finos, la mirada perdida en otro lugar, sus pies se apoyan como alas de mariposa y su vestido es representación de esa sencillez y bondad que la acompañarán siempre pero que, más tarde, pasarán a segundo plano.

Alejandro De la Torre Bueno viaja a la sierra del sur, Puno, a visitar a un hermano que tiene tierras en esa zona, contrae una gripe muy fuerte (tal vez residuo de la pandemia más mortífera que se ha conocido en la historia de la humanidad: la gripe española de 1918-1919) que pronto se convierte en neumonía, y muere casi de inmediato. Era hombre de profundas contradicciones y sólidas convicciones; el erotismo, la muerte y un cierto misticismo panteísta eran sus temas recurrentes. Buen padre de familia y mal comerciante, también era un seductor -esto le causó problemas en su noviazgo-, pero que consiguió convencer a Inés y dejó de lado su tendencia al amor cortés por formar una familia con su amada. Sin embargo, siguió escribiendo sus fuertes pulsiones con una caligrafia de altas y largas letras azules, en papeles que aun conservo.

Provenía de la estirpe de aquel antepasado que decidió cruzar encima de la raya trazada por Francisco Pizarro sobre la arena de una playa aun sin nombre solicitando apoyo y fidelidad en la conquista de tierras ignotas, aun cuando todo pintaba muy mal para la expedición del extremeño. Era Juan De la Torre, uno de “Los Trece de la isla del Gallo”.

Alejandro, unos siglos después, cambiará el honor de la espada de sus antepasados por el de la escritura, de ordenar el mundo de los hombres con el fiero metal, pasó a ordenar el mundo de las letras sobre el papel, pero la lucha nunca fue menor.
Cuando el joven esposo murió, Inés Portugal -esa delicada mujer detrás de él en la foto- se puso a trabajar para pagar las deudas contraídas por las infructuosas inversiones de su tan emprendedor como desacertado marido. La mujer frágil -y un poco ingenua- de la fotografía, se convertiría en poco tiempo en una especie de heroína por su tendencia a la soledad, su gran fuerza de voluntad y el rudo trabajo que, en las pocas tierras que les quedaron y un pequeño negocio de venta de abarrotes, desplegó sin descanso. Pasó parte de su vida pagando deudas y un internado de monjas para la educación de sus hijas. Inés Portugal. Una mujer que, sobre un caballo en las vastas y heladas alturas del Perú, hace resaltar los músculos de sus apretadas mandíbulas, sin alegría, mirando un futuro que ya no es suyo. Su vida ilusionada, enamorada de un poeta de apellidos ilustres, se acabó poco tiempo después de esta foto, el día que su joven marido se fue con una blanca mujer de manos heladas a la que le había escrito muchas cartas de amor pero que, sin embargo, no veía como una amenaza.

PALABRAS ULTIMAS

¡Cómo será mañana
Sin el encanto de tus ojos oscuros
Sin la alegría dulce de tus pálidas manos,
Cómo será mañana!

Cuando en la sombra fría me llames sollozando
Y un silencio de tumba responda a tu llamar;
Cuando en las cosas mudas de la casa ya triste
Veas a mi alma enferma temblando sollozar.

Tu corazón deshecho me buscara llorando
Me buscará en el día, me buscará en la noche,
En la luz, en las sombras, en el agua, en el viento,
En el alma sombría de todo lo que existe…

Y yo estaré lejano
En fúnebre sarcófago
Sin que puedan mis labios
Tus lágrimas beber!

Y yo estaré lejano, perdido para siempre
Así como aquel beso primero que me diste
Cuando tu almita pura, cuando tu almita blanca
Se desposó con mi alma!

¿Recuerdas adorada?
Mi corazón fue bueno
Porque lo hiciste tú…

Hoy te siento vivir, siento el calor febrático
De tus manos albinas
En las que, adormecida, se reclina mi frente…
Puedo hablarte al oído,
Puedo llorar contigo;
Puedo abrirte mi pecho
Y enseñarte sangrienta
La herida de mi vida;
Puedo besarte mucho
Y apretar tu carita
Sobre mi pecho fuerte;
Pero mañana, amada, cómo será mañana
Cuando mis ojos muertos ya no puedan mirarte
Cuando mis labios fríos ya no puedan besarte
Cómo será mañana!

¿Estás llorando bella virgencita adorada
por que ves que ligero camino hacia el morir?
No llores amor mío, que amante y cariñoso
Siempre tuyo esperándote,
Allá me encontrarás…

~

Arequipa, 10 de setiembre de 1924.

ALEJANDRO DE LA TORRE BUENO CORTES.

Nota: salí de Arequipa para el interior el martes 7 de octubre de 1924.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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4 respuestas a Fotografia en Sepia

  1. Elena dijo:

    Me ha gustado mucho esta sencilla y triste historia tan bien contada. Este estilo crónica te ha quedado genial. Además siempre me ha gustado imaginar las vidas que hay detrás de fotografías de desconocidos. Un beso.

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    • Gracias Elena. Una historia. La vida de los individuos que miran desde esas fotos, el pasado, historias que se iran a formar parte del oceano indescifrable que es lo que ya no vive entre nosotros. Lo que me parece potente es que nuestra propia vida pueda ser solo una instantanea o dos… tal vez un video de youtube, un DVD de una fiesta a la que fuimos y en el futuro -no muy lejano- alguien nos vea como nosotros vemos esta foto en sepia. Somos carne de olvido… y eso esta bien.
      Besos

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  2. Ay mi Javi qué bueno tener estas crónicas de familia!!
    Bravo!
    Me encantan, me hacen viajar…moverme a través del tiempo…
    Gracias
    Felicia

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    • Asi es querida Felicia. Cronica de familia sobre una foto. Que exiguo es nuestro futuro!!! por eso es que hay que vivir el presente y no dejarnos enganar por gloria o fama del manana. El manana es una foto.
      Sabes que eres un capitulo importante en la cronica que mi vida, esa que aun llevo entre pecho y espalda.
      Un beso

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