ROLO (you’re so sweet)

 

 

 

 

Rolo es una mujer brillante. Tiene eso masculino de hablar de sexo con un punto de vanagloria, como señalándose una medalla en el pecho. Estudió biología en la Universidad Pompeu Fabra, trabajó como traductora para la casa editorial EMECÉ en California, USA -donde salía con un italiano que se hacía pasar por argentino, y resultó pertenecer a una banda de asaltantes de bancos-. De regreso a España, se prostituyó un año en Barcelona hasta que pudo pagar la entrada para un apartamento en Vilanova i la Geltrú; luego consiguió un trabajo como traductora para una oficina de la Comunidad Europea, y una novia checa. Su padre es un holandés de origen antillano que se dedicaba a la restauración de cuadros (en particular los de la Escuela de Antwerp de la pintura flamenca) y su madre una catalana de familia antigua, hippy y profundamente budista.

“Paint in black” sonaba en el tocacassette. Rolo se digitaba los cortos cabellos desordenados mientras yo me dedicaba a vaciar un vaso de ron con coca cola y hielo al lado de la estufa. Bebimos hasta que se acabó la última botella. En realidad quedaba otra –eso lo sabía pues estábamos en mi apartamento- pero no hubiera sido buena idea beber más, ella estaba espléndida, con el punto perfecto, ese limpio y algo duro que te da la subida de coca con el alcohol. Teníamos ganas de hablar, claridad de ideas, capacidad para escuchar.

     -Quizá el origen de todo sea el cuerpo. No como organismo natural –dejó su cigarrillo en el cenicero del suelo, a su lado-, sino como artificio, como arquitectura, como construcción social y política. Eso que siempre imaginamos como biológico -la división entre hombre y mujer, masculino y femenino- y que es una construcción social.

Le dije que yo veía mi cuerpo con cierta compasión, como a un viejo amigo al que había que proporcionarle más ayuda cada día.

    -Hablo de otra cosa –exhaló un chorro de humo-, no del cuerpo de cada uno, sino el cuerpo que ven los publicistas, el que ven los políticos y todos aquellos que, de algún modo, están interesados en mantener el control. Presta atención a la belleza. La evolución nos dio un circuito neuronal que responde ante el buen aspecto —el receptor de placer de nuestro córtex visual—, y en nuestro entorno natural era algo útil, servía para el apareamiento con los tipos sanos del grupo, lo cual era necesario para la supervivencia.

    -Y ahora ¿no es así? Yo estoy convencido de que, puede que inconscientemente, se busca pareja con ciertas características porque significan salud, preponderancia y otras capacidades que permitirán establecer una prole segura. A eso, luego, se le llama belleza física.

    -No del todo. Mira, hay que dejar claro un aspecto. Mejor te voy a dar un ejemplo, jaja –se rió porque sabía que estaba hablando como lo haría con un niño, pero eso a mí me trae sin cuidado- Pasa con la hoja de coca y la cocaína. Cualquiera sabe que la hoja de coca tiene propiedades curativas y, en sí, no presenta ningún problema de tipo social. Pero si se refina y se purifica, se obtiene un compuesto que asalta los receptores de placer con una intensidad nada natural. Es entonces cuando se vuelve adictiva.

    -¿Algo así como en esta noche? –los Rolling sopesaban su Honkytown woman-

    -Ahora -ignoró mi comentario-, toma como ejemplo a una persona con un rostro que no esté encuadrado en lo que entendemos por bello. Le hacemos unos cambios profesionales y cosméticos, y ya no estamos viendo belleza en su forma natural. Se trata de belleza de nivel farmacológico. Es como la cocaína del buen aspecto.

    -Una belleza homogénea, manufacturada para consumo masivo.

    – Los publicistas han saturado nuestro entorno con este tipo de estímulos, la belleza se ha convertido en droga visual. Los biólogos llaman a esto «estímulo supernormal», pues nuestros receptores de belleza reciben más estimulación que de la que están preparados para soportar. El resultado es que la belleza está arruinando poco a poco nuestras vidas. Más tiempo nos vemos atrapados por esas imágenes artificiales de belleza y más se resiente nuestra forma de socializar con personas normales. Tenemos una fuerte tendencia a preferir a ciertas personas por su aspecto. Del mismo modo, cuando nos encontramos solos en una calle con un hombre que tiene un aspecto que interpretamos como peligroso. Los bellos son confiables, los otros no tanto. 

    -Vale. Pero la belleza de un rostro de Boticelli, de un cuadro de Da Vinci, de aquello que los griegos definieron como la “divina proporción” ¿debe ser descartada? ¿Se debe entender de lo que dices que ya no hay que hacer caso a la belleza física y sí la espiritual?

    -No. No se debe entender eso. Lo que digo es que se está usando la tecnología para manipularnos a través de nuestras reacciones emocionales, así que es de justicia protegernos. Protegernos significa crecer, mejorar, no permanecer callados ante aquellos que controlan las imágenes e, indirectamente, nuestros sueños, nuestra forma de mirar, de relacionarnos. Ellos son poderosos en detrimento de nuestra libertad.

    -Pero ¿No se puede ser feliz aceptando las consignas de la sociedad tal y como la conocemos, siguiendo sus pautas preestablecidas?

    -No es que no podamos ser felices –te aseguro que mi madre es una mujer feliz con todo ese rollo del vegetarianismo, sus donaciones a sociedades que cuidan los animalitos y a los niños africanos-, al contrario, se trata justamente de que les interesa que busquemos, sin tregua, la felicidad. La felicidad diseñada por ellos. Que seamos como los adictos a la cocaína. Que vivamos pensando en ello y trabajemos sin pensar con el único objeto de conseguir ese placer.

    -Entonces, buscar la felicidad ¿está mal?.

    -Cuando eres mujer y asumes ese rol -el preestablecido de mujer- y encuentras un hombre que está en su rol, experimentas una reorganización de tu campo social. De repente, tu familia está contenta. La felicidad es esa aceptación de tu entorno más próximo que dice que estás haciendo las cosas bien. ¿Eso está mal? No.

    -En qué quedamos Rolo, llevo un lío.

    -Es que no se trata de mal o bien, se trata de que sepamos que estamos siendo manipulados, que nos están drogando hace mucho tiempo y es por eso que nos resistimos duramente ante cualquier intento de cambio en nuestra forma de ver el mundo, entre otras cosas, lo que conocemos como familia, el grupo y nuestra forma de entender la libertad y calidad de vida.

 

Me preguntaba cómo es que una mujer bella y con experiencia -a pesar de sus relativamente pocos años (no tendría más de treinta)-, había conseguido tan firme convicción respecto a su mundo. Tal vez sea necesario, para llegar a plantear las preguntas correctas, una buena educación y mucho inconformismo con lo que nos rodea. El hecho es que donde Rolo estaba había libertad, lo podías percibir por su modo de mirar, en su manera de hablar, todo aquello opacaba su belleza física y daba un alcance a su persona que te hacía verla de modo distinto, como cuando encuentras a alguien que estuvo viviendo mucho tiempo en un lugar al que tu fuiste solo a pasar unas vacaciones.

 

 

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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2 respuestas a ROLO (you’re so sweet)

  1. Sibisse dijo:

    Hola Javier,

    Me ha gustado, una conversación que te engancha, las palabras que utilizan, la forma de expresarce. Rolo, quizá demasiado intelignete pero con las ideas claras y también me ha gustado el tema de la conversación, me ha gustado el enfoque que le da ella y le doy la razón 😉

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  2. Hola Sibisse:
    Bueno, el tema es interesante pues desde ninos nos acostumbran a un tipo de belleza, y nos alimentan con eso abundantemente. Se podria decir mas pero ya esta en el relato.
    Tienes razon y reconozco que Rolo corre el riesgo de parecer “demasiado” inteligente -lo cual seria un fallo para la credibilidad de la historia- pero hice un personaje con el que me gustaria conversar. De hecho hay bastante gente como ella, pues mi personaje tiene rasgos de distintas personas que conozco -hombres y mujeres-, tal vez haya cargado un poco el tema biologico y eso la haga parecer demasiado “tecnica”, no se, pero era necesario para el texto que quise hacer.
    Me alegro que le des la razon a Rolo, creo que la tiene!
    Gracias y nos leemos pronto Sibisse

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