El sueño del constructor

 

– Nací en tierras de la princesa huanca.

– ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en la construcción?

– Desde que me trajo mi abuelo, no lo recuerdo, han pasado muchas lunas. Era muy joven

– ¿Tienes hijos?

– Raymi y Huayna

– Cuenta ¿por que has venido?

– Me lo pidió mi mujer después del sueño que tuve. Me dijo que tenía que venir, que algo parecido pasó a su padre y cuando habló con el curaca se pudo liberar.

– Antes que digas tu sueño, cuenta, cómo estás trabajando.

– Las dos últimas lunas hemos trasladado grandes piedras desde la cantera del apu qosqaypillca. Rocas sagradas. Algunas de más de seis cuerpos de alto por dos de ancho. Las llevamos entre muchos hombres y animales. El arrastre es lento pero el camino se ha hecho muchas veces, por eso ahora es más fácil. Lo difícil es cruzar el río, alguna roca sagrada se quedó en sus aguas, alguna también duerme ahora en el camino, a esas -que sabemos que no deben ser molestadas- las dejamos. Pero la mayoría alcanza la altura de Saccsayhuamán.

– ¿En que posición estás?

– Me han pasado a formar parte del grupo que dirige los traslados. Somos cien hombres, distribuidos en distintos grupos, la mayoría con experiencia para leer la forma de la piedra, cómo quiere que ser llevada, cómo quiere que la traten.

– Bien, veo que eres un hombre afortunado. Tus hijos tienen buen futuro.

– Wiracocha cuida de los que lo aman.

– Cuéntame ahora el sueño.

– Fue después de la fiesta de iniciación de Raymi. Todos los animales y las plantas que celebramos fueron propicios, los apus daban a Raymi sus buenos augurios. Bebí mucha chicha, estaba feliz por mi hijo, por el Kamayoc que había venido a acompañarnos en la celebración, por el buen día. Entonces mi mujer me dijo que ponga a dormir al pequeño Huayna y me quedé a su costado, vigilando su sueño. Nos quedamos dormidos los dos. En el sueño vi rocas enormes que ya estaban plantadas. Nunca había visto rocas de esa altura y tan perfectas, mareos tenía al levantar la cabeza. Wiracocha dormía y el cielo estaba oscuro, sin embargo, había luz que venía de las puntas de unas altas estacas sembradas cada cien palmos, o así. Había gente y luz dentro dentro de las rocas. La gente aparecía a distintas alturas, ellos podían subir y bajar por dentro, gracias a una puerta que se los llevaba. Miré mi cuerpo y era como es ahora, pero pude ver que mis pies pisaban una manta larga de piedra que se conectaba con otras y se perdía en muchas direcciones. Todo a mi alrededor era extraño, duro y frío, la gente llevaba los pies y el cuerpo ocultos, y no había casi diferencia entre hombres y mujeres, parecían lo mismo. Vi engendros de cuatro patas que portaban luces al frente y corrían sobre la manta de piedra haciendo ruidos extraños. Sentía mi corazón estallar dentro del pecho e imploré a Wiracocha que me diera un poco de su fortaleza. Fue cuando vi a la mujer con el perro. Caminaban sobre la larga manta de piedra por donde solo caminaba gente, y venían hacia mí. Wiracocha me había infundido su valor, así que di un paso hacia ellos pues pensé que el perro era un símbolo de esa mujer. Era un perro blanco. Intenté detenerlos alzando el brazo, pero siguieron avanzando. Comencé a gritar, pero ni ella ni el perro se inmutaron, entonces pasaron a través de mi cuerpo. Fue cuando desperté por mis gritos de terror.

– Has tenido un sueno profético. Con el nuevo sol vivirás bajo este Waranka Kamayoc y vestirás como curaca. El sol te ha hablado desde la noche.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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2 respuestas a El sueño del constructor

  1. Concha Huerta dijo:

    Sueños, hechiceros, los origenes de un pueblo al otro lado del Atlántico. te saludo desde el otro lado.

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    • Hola Concha
      Dices bien. Un suenyo de un hombre de una epoca y una cultura que no tenia nada -aun- que ver con la nuestra. Esa vision, ese suenyo- que nosotros podriamos interpretar como una ciudad-, era tal vez incomprensible para el hombre pero los que leemos, por nuestro contexto, le damos una significacion ajena a la de el.
      Queria explorar eso. Cuantas veces, cuando leemos -o escuchamos, sentimos en general- vemos como personas y como cultura, sin darnos cuenta que es nuestro contexto quien esta interpretando. Es por eso que es tan importante contextualizar para entender ciertos libros, ciiertas obras de arte.
      Un calido saludo desde la veraniega antipoda

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