Mistic Lake

Abucasím el Hadramí, pescador, tuvo que esperar pero por fin el día había llegado. La primavera les regalaba una de sus mañanas olorosas y amables. Llevaría por primera vez a su único hijo, Ahmed, a pescar. Como su padre hiciera con él, hace ya muchos años, irán al lago escondido entre las dunas, aquel al que pocos llegaban.

Hechas las abluciones y entonadas sus oraciones en dirección a la Meca, con paz
en el corazón, cogieron los aparejos de pesca y salieron al nacimiento del día.

La caminata fue larga y casi no hablaron durante el trayecto. La última de las colinas les permitió ver el lago desde lo alto y aquello los llenó de emoción. Ahmed estaba feliz, sentía ganas de bajar a la carrera pero se mantuvo detrás de su padre, hasta alcanzar la sombra de las altas palmeras.

Plantas de redondas hojas verdes flotaban sobre la superficie azul-gris, casi no se sentía la brisa. Las aves alzaron un bullicioso vuelo cuando sintieron la presencia de los dos hombres, pero tornaron a las quietas aguas luego de un largo rodeo. Alguna de aquellas plantas acuáticas, sobre la fina superficie, había florecido y era tan blanca su flor que retornaba la luz del sol como estrellas lejanas en un despejado cielo nocturno.

Entraron al mundo como puntos oscuros. Conforme avanzaban provocaron caos y temor. De repente, se detuvieron. El desconcierto inicial se fue diluyendo en una extraña quietud. No sabíamos qué podía ocurrir, parecían prepotentes y soberbios por su mutismo y rigidez, temimos lo peor. Sus movimientos, impredecibles, nos sumían en una vorágine que nunca antes habíamos sentido.

Algunos desaparecimos de forma misteriosa, arrastrados por una irresistible fuerza invisible, hacia el cielo.

Tratamos una y otra vez de hacer contacto, pero fue inútil; sólo conseguimos primero apreciarlos, después despreciarlos y ahora, tal vez, adorarlos.

Así como llegaron se fueron, de un momento a otro, desapareciendo por el cielo. Una estela profunda, que nos afectó durante mucho tiempo, fue todo lo que dejaron de su presencia. Ahora recordamos aquellos eventos como algo milagroso. Hay entre nosotros sueños proféticos que interpretamos, invariablemente, como que algo mucho más grande y poderoso, tal vez terrible, está por volver. Es lo que llamamos, con miedo y devoción, “el retorno”. Muchos nos hemos hecho devotos y guardamos un respetuoso silencio ante su sola mención, al tiempo que tratamos de conseguir alguna comunicación con “la presencia”, aun cuando no la tuvimos mientras estuvo entre nosotros, pero no perdemos la esperanza de conseguirla. Miramos al cielo y esperamos.

Bendecidos con una buena pesca, Ahmed y Abucasim regresaron a casa con las canastas llenas. El niño no olvidaría aquel lago de grandes plantas de hojas verdes y flores blancas, en el que internaron sus cuerpos hasta la altura de las caderas para, desde ahí, lanzar sus redes transparentes -de acuerdo a la técnica que su padre le había explicado-, ni de los peces oscuros moviéndose sinuosos, curiosos y confiados entre sus piernas, y que reaccionaban sorprendidos cuando acercaba su mano para tocar la superficie del agua.

Llegaron a casa y, antes de ir a dormir, dieron gracias al Dios todopoderoso por ese día. El día en que Abucasím y su hijo fueron al lago oculto entre las dunas.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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6 respuestas a Mistic Lake

  1. Elena dijo:

    Yo también quiero ir a ese lago oculto entre dunas, aunque no pescaría, solo contemplaría ese maravilloso lugar. Un beso Javier.

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  2. Querida Elena:
    No, mejor no pescar, podrias ocasionar otra revolucion mistico-religiosa dentro de sus aguas y convertirte en la nueva “presencia” o, mejor, “el retorno” (algo asi como el regreso del “Mesias”), mejor conformemonos con un picnic en sus orillas.
    Un beso Elena

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  3. Vale… Ahora sí…
    Entendí… ¡Te lo juro por mi bazo!!! (Jajaja…)
    Hermosa metáfora de un complejo e interesantísimo tema… La religión, como siempre, levantando ampollas…
    Gracias Javier.
    Saludito afectuoso.

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  4. Gracias Bea:
    Sabes que, como te dije, hay todo un parrafo que no esta en el relato -aquel que habla de la actitud religiosa del padre y su hijo- en que menciono sus oraciones con direccion a La Meca. Voy a ponerlo. Esta mencionado en las etiquetas( La Meca, abluciones, etc) y no aparece en el relato… tal vez por eso cuesta entender el texto. No se como se me paso, en fin, ya veremos como queda.
    La idea de como nace una religion (o mejor, un culto) me parecio atractiva, espero que vaya quedando mas clara con ese parrafo perdido (Tal vez alguien en el cielo lo evito…jajaja).
    Un beso

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  5. Sibisse dijo:

    Hola Javier,

    La tranquilidad de un lago y el caos de lo desconocido que genera admiración o toda clase de sentimentos. Todo tiene un principio, alguien tiene que creer en ello y a partir de ahí se va consolidando. La religión tiene muchos adeptos t va ligada también a la cultura de cada país. Me ha gustado la forma de describirlo.
    Bss

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  6. Sibisse
    La religion tiene su inicio en el asombro. Sea de lo que sea. El tema es como lo canaliza cada grupo.
    Este relato puede resultar un poco criptico pero no por que lo quise hacer asi sino por mi falta de capacidad tecnica para plasmar la idea que tenia con las palabras e imagenes adecuadas. En todo caso, no esta mal, uno tiene la sensacion que algo ocurre en el lago, dentro de sus aguas y algo fuera de ellas (aunque esa ya es nuestra historia)
    Un beso

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