Ratón

Soñarás y escribirás, soñarás y volverás a escribir. Nunca te sientes ante una página en blanco para inventar algo. Sueña despierto con tus personajes, sus vidas, sus luchas, y luego relata lo que has presenciado.

Los cortos cabellos lacios que le cubren las orejas forman un estrecho marco por el que aparece su pequeño e inquieto rostro. Sus ojos, cargados como el buen café, se mueven por el mundo dando saltos, pequeños toques de luz oscura; la fina nariz recta preside los labios delgados, y su sonrisa de ratón descubre unos dientes largos, apretados en la boca estrecha, sobre la barbilla hendida.

Él tiene esa mirada de cuchillo para la mantequilla que parte en dos el ambiente. Un hombre orgulloso, tiene el diablo dentro y le gusta. Transita el mundo con esa mirada. No cree ni en el cielo ni en el infierno, cree en el momento, casi siempre dice “hay que vivir el momento”, ese sería su dios, el ahora.

Llega la mujer que viste de cuerpo, su abundante cabello rojizo es como una hoguera atrapada en un moño a lo alto de su cabeza, pies grandes en los zapatos fieros, tiene la mirada canina que oculta bajo un hilo fino de rímel negro; camina despacio, busca un lugar y cuando lo encuentra, baja el trasero como si estuviera aterrizando sobre una pista estrecha, hasta sentir que el asiento le roza las nalgas y aterrizar su cuerpo entero, menos los ojos, que distribuyen la mirada a placer.

Afuera el sol va desapareciendo como un dios en el que ya nadie cree pero todos necesitan. Los automóviles surcan un suelo seco sin dejar huella. La bruja del fuego mueve los labios sin ruido y el hombre afila la mirada, el ratón da un brinco casi imperceptible en su asiento y sonríe mientras observa el paisaje fugaz a través de la ventanilla del tren.

Esta noche habrá muerte. El roedor se entrega a los ritos propiciatorios que aprendió en el colegio, cuando las niñas mayores la empujaban y ella caía al suelo riendo, haciéndoles entender que ella también lo veía como un juego, que no tenía miedo, que no sería víctima. Él la observa y decide. El mundo gira un poco más sobre su viejo eje que tampoco suena. La luna asoma detrás de una nube en el cielo, aun celeste, de otro día que se va.

Mis personajes están solos, no se interesan por nada más que por ellos mismos, son increíbles e incrédulos. Se mueven, lloran, difunden sus ideas políticas, sociales, psicológicas, aprueban, desaprueban, pero nadie se asombra ni de lo que dicen ni de lo que son, nadie los respeta, es gente común que busca denodadamente ser especial, como casi todos. Trabajos de Sísifo: grandes cantidades de energía empleada en algo absurdo. Ser especial.

El ratón busca comida. El cuchillo penetrar un cuerpo. La fiera ser cazada. El muerto soy yo. Mis personajes van a matarme o peor, ignorarme, y me quedaré solo, escribiendo sobre ellos, creyendo en ellos -que no creen en nada ni nadie-, buscando sus historias en un tren que empieza a penetrar la noche.

Encerrar un poco del flujo de la vida hacia la muerte y apresar el momento en una instantánea, en un cuadro, en una canción, en un cuento para clavarle poesía, como una estaca en el corazón, o atraversarlo con un alfiler como a una mariposa sobre un panel y mirarla, ver sus colores como si nos pertenecieran, es un respiro ante la vorágine del ciego horror, una forma de alivio, un remanso de orden dentro de lo incomprensible.

Mis personajes viajan en un tren que entra en la noche, digamos, en el trayecto de Barcelona a Milán. No buscan nada, no se sorprenden por nada -o casi- quieren vivir emociones fuertes, ser significativos para otros, impresionar.

Ella, el ratón, trabaja en el departamento de psicología de una empresa de recursos humanos. Evalúa personas para conocer su estado anímico y producir un informe que servirá para reubicarlos en el mundo laboral. Vive con sus padres, ahorra y viaja -de vez en cuando- con una de sus hermanas a Italia. Terminó con su novio hace unos meses, lo dejó por un hombre mayor, casado, del cual se enamoró y que, poco tiempo después, sedio cuenta que sería imposible conseguir nada más que un sexo apresurado y triste, mirar a traves de la ventana. Hoy relame su re-estreno de soledad y rehúye las miradas de aquellos a los que le gustaría meter en la cama.

Un momento de la conversación entre el ratón y el diablo:

Diablo: Mira, conozco mucha gente inteligente. Gente con una memoria prodigiosa, hábiles en la solución de problemas complejos, algunos -pocos- tienen éxito; La mayoría se consume en el orgullo y la vanidad mediocre, embrutecedora, algunas veces sarcástica, otros se deprimen, se sienten incomprendidos, pero hay algo que los une a todos: la idiotez de acomodarse, la necesidad de vivir protegidos de peligros artificiales.

Ella sonríe y vuelve a mirar el paisaje que corre afuera, automóviles que aceleran y trasportan una mujer o un hombre que disfruta de esa libertad: conducir un buen automóvil. Ella también hace poco sintió esa libertad recorrer su cuerpo en su auto, un modelo nuevo y confortable, la música que la rodeaba y la libertad que sentía… nada como un buen auto a la hora de volver del trabajo, te dice que las cosas van bien.

Y ese tren que va de Barcelona a Milán, de la tarde a la noche y de ésta a la mañana, que trascurre entre dos puntos, encierra esa imagen móvil que quiero clavar con una estaca, mis personajes fotografiados dentro del vagón comedor, que simulan vida y un destino, la fotografía de lo que somos, lo estático de nuestro movimiento inexorable.

Al diablo le gusta el dolor, sufre y vive, es un hombre sensible oculto bajo la mirada orgullosa. La gente lo esquiva por temor, sin embargo es un hombre bueno, su mirada y su actitud son un cuchillo que parte el mundo entre los que lo odian y los que lo aman, para él no hay medias tintas. Solo le queda aceptar el cuerpo que tiene en el mundo que lo rodea, y que no es posible modificar nada. En medio de la batalla, el sexo fue su mejor aliado. Frente al miedo que se apoderó del mundo, solo pudo atrapar la independencia y la soledad, en ocasiones, gracias al sexo.

La mujer del cuerpo esta allí, mirándola, ella húye de esa mirada -ratón escapista que siempre sabe dónde está el agujero-. La mujer de fuego piensa: su cuerpo pequeño resulta más atractivo que el mío. Me estoy haciendo vieja, tengo que hacer más ejercicio, ¿cuántos años tendrá? Las mujeres pequeñas tienen ventaja: aparentan menos edad.

Los personajes juegan sus papeles dentro de la historia; este mundo de ficción, así acotado, se abre al encuentro con el lector, y las  posibilidades le que aporta con su lectura son inconmensurables.

Otra parte de la conversación entre el ratón y el diablo:

La sociedad le da mucha importancia a la inteligencia, pero es una falacia, otra mentira que funciona para alimentar a unos pocos. Ser tonto es mejor. No tiene estética, no figura en los libros de contabilidad, y es lo más parecido a ser libre. Vives en paz.

No cree -ni le interesa- lo que escucha del diablo, piensa que dice esas tonterías para impresionarla, que lo que quiere es acostarse con ella. Los hombres buscan sexo como los perros buscan huesos en el jardín y hacen huecos por todas partes.

La mujer que viste de cuerpo se revuelve en su asiento. Piensa:

Ese encuentro de dos aguas, el texto y el lector, origina un río más caudaloso que baja con los personajes y sus historias -lo que nos están contando- y cambian el paisaje; esperma y óvulo que se encuentran, escritor y lector, dan nacimiento a un hijo, una historia nueva, un hijo que solo conoce la madre, que es la mente que lo ha engendrado, poblará una casa y será familia numerosa… o no, todo depende.

Cierra su cuaderno, deja el lapicero a un lado, apoya la cabeza contra la ventanilla del tren y, arrullada por el sonido que hacen las ruedas en la oscuridad, baja los párpados para dormir.



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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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4 respuestas a Ratón

  1. Querido Javier: ¡Dios! Qué alegría verlo publicado!!! Gracias.
    Pero…
    ¿Qué es eso que, además de las palabras, cabe en un texto?
    ¿De dónde lo sacas? ¿En qué claro del bosque lo hallas? ¿De qué fuente lo bebes? ¿Cómo extraes -y de dónde- esa pincelada de magia con la que matizas tus letras, que transforma en arte un puñado de palabras?
    ¿Qué, -que no se ve-, que lo habita, lo origina, lo transciende, -al texto- y a la hora de verterlo como agua bendita sobre la sed de los demás, lo convierte para siempre en parte de unas vidas de las que jamás será consciente?
    Tus palabras -a través de tus personajes, tus sueños, tu dádiva- penetran voluntades y horadan convicciones. Doblegan instintos. Incendian certezas.
    Desatas -con tus palabras escritas- fuerzas que tú mismo no podrías contener.
    A veces entender un texto no basta. A veces, de hecho, ni siquiera importa. A veces se da la conjunción perfecta, el ritmo preciso, el brillo constante…
    (Vaya! Cómo son las palabras… Ahora mismo me acaba de traicionar el subconsciente… Ésas que acabo de escribir me han traído a la mente un retazo de poesía convertida en canción, del maestro Silvio. “Ojala se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta, ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve, ojala por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre, en todos los segundos…. En todas las visiones… Ojalá que no pueda…, tocarte ni en canciones.” Disculpa esta intromisión musical, pero no he podido contenerme. Si de Palabras hablamos, éstas también son muy hermosas. “Ojalá”. Es preciosa la canción. ¿La conoces?)
    Y eso pasa en Ratón, que tras su apariencia chiquitina y endeble, hay un gigante. Un verdadero gigante capaz de remover el miedo, provocar la vida, contemporizar la muerte. Estimular las ganas. También las de leer. De seguir leyendo. De seguir viviendo.
    Sentir. Esa es la palabra clave para definir Ratón: “Sentir”. Todo lo que el “escribiente” hace sentir al “leyente”.
    Y no hay nada, -como leyente, y no te digo como escribiente-, que yo respete ni admire más.
    G r a c i a s.

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    • Querida Beadealejandria:
      Ya hemos comentado antes que las palabras no son distintas de lo que somos. Hay un libro de Foucault “Las palabras y las cosas” que empieza con la referencia a una relación -una lista- de animales de un emperador chino, en un cuento escrito por Borges y titulado “El lenguaje analítico de John Wilkins” (http://www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/682.pdf). Lo extraordinario es que esa relación no se podría concebir sino se hubiera escrito. No es que los animales sean fantásticos sino que ponerlos en una lista, relacionarlos (a,b,c,d,e…etc) produce asombro. Para hacerla corta, hay una realidad que solo existe en las palabras o que se genera a través de ellas. Un orden, un sentido.
      No me interesa escribir bien -eso por delante- pues las calificaciones fueron mis enemigos desde la infancia. O sea, lo que esta escrito aquí (Ratón) tiene un valor -si alguno- en si mismo, es decir, independiente de lo que yo haya pretendido al hacerlo; eso entronca con lo que digo sobre la aparición del río por la confluencia de las aguas del lector y el texto (escritor).
      Mis palabras han llegado a buen puerto, a un lector sediento, y han formado un río contigo. Y seguirán su camino en ti, o te habrán acompañado por un buen trecho, y todo eso es ya mucho para mi, para mis palabras, para mi gratitud por las tuyas.
      Recibe un beso Bea.

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      • Ya sabes lo que pensé o -mejor aún- me hizo sentir Ratón, la primera vez que lo leí.
        A mí me basta eso.
        Mil gracias por el libro… No sé si es o no acertado, pero lo intuyo como un regalo. De hecho, me pareció que sólo le faltaba el lazo…
        Qué bueno el principio!!! Fantástica relación de animales… Genial Borges. Voy a leerlo.
        Gracias otra vez.
        Beso recibido.

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      • Querida Bea: Un regalo que estoy seguro te va a gustar. Foucault fue un genio y su forma de entender la sociedad clara y profunda. El primer capitulo de “Las palabras y las cosas” trata sobre el cuadro “Las meninas” de Velazquez. Una maravilla sobre otra maravilla.
        Lo mucho que te gusto la lectura de mi “relato” me causo mucho placer. Saber que un relato mio puede ocasionar algún movimiento dentro de la persona que lo lee es lo máximo a lo que puedo aspirar. Sabes que tu lectura forma parte de mi escritura y viceversa…
        Te leo pronto
        Besos

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