AÑORANZAS


No sé por qué en las noches cuando la sombra inmensa
Extiende sobre el mundo su enorme oscuridad,
El verso melancólico brota
De mi alma, rey enfermo de la honda soledad.

Mudos mis labios callan, mis ojos irredentos
Contemplan el tumulto de mi mundo interior
Y mi frente cansada se reclina al vacío,
Doblegada por todas mis tragedias de amor.

El pasado, honda herida voluptuosa y sangrienta
Donde todo es purpúreo, donde todo es dolor,
Surge en mi, clamoroso, como la fiera “vendetta”
A las pálidas victimas de mi amor desleal.

Oh! La hiel amarguísima que destila el recuerdo
Oh, la pena que arranca las imágenes idas
Si nos miran llorosas de amargor contraídas
Y los remos marchitos, para siempre perdidos!

Chupa (Puno) 3 de marzo de 1925.

ALEJANDRO DE LA TORRE BUENO CORTES.

P.D. Alejandro -el escritor de este poema- fue mi abuelo, el padre de mi madre, que murió a los 26 años. Mal comerciante, poeta y viajero, dejó escrito un puñado de poemas que voy publicando poco a poco para intentar salvarlos del tiempo y del olvido -circunstancias a las que, irremediablemente, cederán antes o despues- en una especie de homenaje a un hombre tan desconocido como fundamental para mi vida.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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6 respuestas a AÑORANZAS

  1. Alejandro de la Torre Bueno Cortés.
    Querido Javier:
    Hace unos días comentabas que los nombres son como los anillos… Y, dime, ¿imaginas un nombre más “anillado” a un hombre que el de Alejandro de la Torre Bueno Cortés?
    Leyendo los desvelos e inquietudes que anidaban su alma… El alma de un hombre joven -un hombre que muere a los 26 años, es joven para siempre-, y recordando, -ya que no has puesto el manuscrito de éste-, el texto manuscrito de “La barca del amor”, puedo imaginar la corta pero intensa vida que debió tener aquel caballero de principios del siglo XX… Elegante, apuesto, gentil. Terriblemente vivo y entregado al arte del “buen y bien vivir”. Intuyo además una “rica vida interior” que me conecta más allá del espacio y el tiempo a sus letras. A sus palabras, en las que me deleito y hasta me reconozco.
    Alejandro de la Torre Bueno Cortés. (Y aunque en realidad no sé si es Cortes o Cortés, cualquiera de los dos me sirve. Y aunque tú lo pusiste sin tilde…, no sé, quizá la olvidaste. Tal vez no. Pero ya te digo, igualmente me sirve uno u otro.)
    Alejandro, nombre de Reyes de noble estirpe. Aguerridos y valientes. Hombres, en verdad, de otra hechura, con el concepto -propio de otras épocas- de palabras como honor, galante, nobleza, corriendo por la sangre ardiente de sus venas.
    De la Torre. De esa torre, -¡hasta con almenas!- de insignes y bien dibujados castillos, donde princesas hermosas, castas y gráciles, esperaban sin desesperar a sus apuestos príncipes.
    Bueno. Bueno como el vino bien criado, el clima de una suave tarde de verano, o ese adjetivo que sólo algunos hombres, -los elegidos por su innato linaje, la calidad de su sangre, la alcurnia de sus actos – tienen derecho a llevar con la frente bien alta… Un hombre Bueno.
    Y Cortes o Cortés.
    Si “Cortes”… Ésas que Reyes como Alejandro honraron con su nombre. Ésas defendidas por monumentales Torres en las que bellas princesas desplegaban sus encantos. Esas Cortes llenas de Hombres. Buenos Hombres.
    Y si “Cortés”… Pues mejor aún me lo pones… Cortés. Alejandro de la torre, bueno, y además… ¡cortés! Cortés. Bello adjetivo ya en desuso que define el diccionario como atento, comedido, afable. Es decir: Todo un caballero se mire por donde se mire. Y gracias a ti, se lea por donde se lea.
    Gracias, Javier, por tratar de mantener viva su vida, su historia, su esencia, que sin duda pasó de él a tu madre -esa gran mujer-, y de ella a ti. Para que al fin podamos conoceros -y hasta reconoceros- a los tres…, en vuestras letras.
    Gracias. (Gracias también por el “like” a “La capacidad de Ver”.)
    Un beso.

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    • Querida Beadealejandria: El de mi abuelo es como tu nombre mezclado con esa ciudad que evoca a otro Alejandro: una bella elección.
      Los nombres y los anillos tienen aquello de apresarnos y no sentirlos -si se ajustan a la perfección, claro- al punto que esta dulce sujeción se ha convertido en la metáfora de aquello de lo que es lo justo para uno.
      Mi abuelo -si es que un joven de 26 anos puede ser visto como tal-, o sea Alejandro, tuvo un nombre que lo envolvía como una capa. Vivió -como bien dices- otra época y era otra la forma de mirar el mundo -aunque estoy seguro de que nos sorprenderíamos de cuanto nos parecemos-, decía, una capa que llevaba siempre con gusto y cierto innegable orgullo.
      Alejandro, Su corta vida fue intensa, y tuvo tiempo para dejar escritos un punado de poemas antes de subir a la barca y alejarse de la orilla. De esos poemas me agarro para mirarlo, para sentirlo, al menos para sentir lo que quiso trasmitir en ellos, pues de esos poemas no podemos hacernos una idea cabal de la persona, si no de como veía ciertas cosas o como quería que las viéramos.
      A mi también me parece que su nombre es hermoso, que tiene eso de los viejos caballeros de otra época, y lo imagino con su hermosa capa escribiendo poesías hondas, frías, entre las que se cuela la llegada de la muerte que, en definitiva, se lo llevo pronto, tal vez mucho antes de lo que nadie imagino.
      Has hecho una preciosa composición con las partes del nombre de Alejandro. Ya solo por este hecho creo que mereció la pena haber puesto su poesía aquí; tal vez el la escribió, de algún modo, pensando en ti. Estoy seguro que se habría conmovido con lo que has escrito.
      Un beso Bea.
      P.D. Por cierto, el segundo apellido de Alejandro es Cortés, solo que para ponerle tilde tengo que cortar y pegar… así que lo deje sin tilde, veo que sin embargo fuiste capaz de crear dos escenarios -y ambos bellos- con las variaciones, como para que luego te digan que te falta imaginación… jeje, te felicito de veras.

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  2. sibisse dijo:

    Es muy bonito pensar que se conservan poemas que alguien escribió hace ya tanto tiempo, con esa profundidad y el conocieminto de quien a visto y conocido mundo. Sin duda plasma en él todo la nostalgía que sentiría en ese momento y lo trasnmite con cada verso.
    Lindo homenaje.
    Bss

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    • Es verdad. Es como hallar, de modo inopinado, una flor dentro de un libro olvidado. Tal vez ese libro -ni la flor- sean tuyos, tal vez vengan de un muy largo viaje a través del tiempo y, sin embargo, acercas la flor a tu nariz y te llega una sutil fragancia, casi un recuerdo… Un poema de un autor desconocido es así, tiene ese misterio de lo vivido y que, sin embargo, aun late, aun un temblor palpita en el, después de haber atravesado el tiempo y el espacio para llegar hasta donde estas tu, con tu mundo, te toca con su fragancia que ya casi es solo un recuerdo.

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  3. Es increíble lo que estás haciendo. Has encendido una vela con un fuego que podría creerse extinguido. Me ilusionas y me das ánimo para continuar escribiendo. Sólo de pensar que alguien, un familiar, un desconocido, un curioso investigador, una persona extraña, ajena; alguien que aún no se ha formado, que no ha nacido, pueda rescatar alguna de mis palabras, las justifica y las llena, ya desde hoy, de sentido.

    Un abrazo primo.

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    • Querido Miguel:
      Hace un tiempo escribí algo que decía poco menos que un antepasado que hubiese dejado algo escrito se aparecía ante nosotros como ese conjunto de frases y palabras, y a través de ellas, ese antepasado no volvía a la vida, desde luego, pero sí de algún modo a ser.
      Si dejamos de lado la idea mercantil de éxito -número de lectores, de visitas o de lo que sea- y podemos pensar en términos de existencia, esa reedición que hacemos de lo escrito por nuestro antepasado en nuestra mente es un rotundo éxito de trasmisión existencial.
      Estamos en nuestras palabras de un modo consustancial -no dejo de pensar que somos nuestras palabras- y si ellas llegan a atravesar tiempos y arriban a otro/s capaces de entendernos… se cierra el circulo de la escritura con un broche de oro.
      Tu caso no requiere de estos albures, estimado primo, tu ya tienes seguidores que no dejan de disfrutar de tu rica imaginación y buen oficio. Aquí y ahora. Y lo tienes mas que merecido porque eres un buen escritor.
      Recibe un fuerte abrazo

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