El rastro de tu perfume

Una mujer se acercaba por la acera y, desde una distancia prudencial, pude ver su incomodidad, así que decidí no mirar al momento de cruzar con ella, no me gusta este tipo de personas, el miedo, la desconfianza y una serie de prejuicios inútiles hace que el lenguaje de los gestos justifique la indiferencia. Nuestros cuerpos se cruzaron por la acera pero estábamos tan lejos como pueden estar dos personas que pertenecen a mundos distintos. Hemos conseguido un tipo humano -pensé-, medroso, que ha logrado convertir su miedo en rechazo, una especie que se odia a sí misma, que prefiere los animales a sus congéneres.
Una fracción de segundo después de cruzar en la acera a esa mujer -de la que ya no recordaba casi nada-, el rastro de su perfume me impactó de lleno,  se abrieron las puertas de la sensación y entré en tu mundo, ese perfume era el tuyo en el cuerpo de una desconocida; tuve que ralentizar mi marcha -entonces ansioso por alejarme- para poder disfrutar de mi memoria de ti, de tu olor, que trajo consigo tu forma de reír, nuestra confidencia y amistad, nuestro amor. De golpe me embargó todo aquello en medio de una calle a plena luz del día, en otro país, tanto tiempo después. Y estuve, una vez más, contigo en la cama. Estás acostada de lado y me das la espalda, tus cabellos caen sobre la almohada y tu respiración tenue sopla en la penumbra del amanecer. Tu olor, aposentado en mi nariz, es una referencia de mi felicidad, un mantra de cuando veía el mundo a través del cristal del amor.

No pude evitar detener mis pasos y volverme a mirar hacia aquella mujer que se alejaba, mujer con la que -pensaba- no me unía absolutamente nada en el mundo. La vi cruzar la calle, alejarse, perderse entre paredes y caminos, entre la gente. Me apareció una sonrisa mientras movía un poco la cabeza diciéndome que no, que nunca podremos saber cuándo, ni cómo ni de quién, vamos a recibir un regalo maravilloso.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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6 respuestas a El rastro de tu perfume

  1. Sara Toa dijo:

    Es precioso, Javier. Muchas gracias, cariño. Este relato no podría ser de otra manera. Tu olor, la esencia que destilas me acompañará por toda la vida. Las pocas veces que la he encontrado he cerrado los ojos y me he dejado llevar a través del tiempo, de los sentimientos, de los continentes, evocando la felicidad y el amor que compartimos. Es un regalo precioso, el más bonito del mundo, tó.

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    • Querida Sara:
      Lo menos que podía era escribir un relato en el que estuvieras tu, aunque no te nombre. Este no sera el mejor de los relatos pero de todos modos hay mucho por escribir sobre aquella época, tan rica en emociones y colores… eso es lo bueno de escribir, que puedes revivir en algo lo vivido o lo sonado.
      Recibe un beso Sara!

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  2. Hola, Javier:
    Voy a intentar hacer el comentario sin dejarme influir por el hecho de saber que está basado en un “hecho real”. Que la protagonista “ausente” tiene nombre y apellidos… (Por cierto, mi felicitación para ella también por inspirar algo tan hermoso.)
    Me parece uno de esos espléndidos y breves relatos que escribes de forma innata, casi se podría decir “de memoria”, y que tanto, no sólo admiro, sino envidio… 😦
    Sabes que me encanta cómo eres capaz de, con tan pocas palabras, contar una historia tan rica, tan vibrante, tan llena de detalles y sabrosos matices.
    Muy buena la reflexión filosófica sobre “la nueva raza humana”, tan “medrosa”, que haces al principio…
    A mi modo de ver, el relato empieza como algo frío y aséptico, y de repente el sentido del olfato irrumpe con la fuerza de un ciclón -de intensos aromas- y convierte el texto en algo cálido. Muy sentido. Íntimo. Un hermoso homenaje a ese amor capaz de dejar huella a través de la distancia y el tiempo, con el esbozo del cómodo y satisfactorio sexo de fondo. (Se palpa lo sincero e intenso que es el sentimiento…) Para acabar con una bella conclusión: El narrador, -que comienza hablando un poco distante y descreído del mundo-, casi se sorprende a sí mismo, conmovido por un perfume que no ha podido olvidar, y que es capaz de cambiar su visión de sus congéneres… Aquél medroso que se odia a sí mismo, se convierte, de repente, (voila!) en un ser humano del que, no sabemos cómo, ni cuándo, ni por qué, podemos acabar recibiendo “un regalo maravilloso”… 🙂
    Precioso. En serio. Brillante. Me encanta leerlo.
    Mil gracias.

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    • Mil gracias a ti, querida Bea! en el tiempo que nos conocemos has sabido ir armando la geografía de mi forma de pensar y de sentir, sabes por donde voy, sabes como voy usando las palabras y que sentido quiero darles para llegar a alcanzar mi objetivo, que no es otro que el de expresar un sentimiento o una idea. Me sorprende ser tan diáfano para ti… y me alegra mucho!. Que sepas que has descrito a la perfección este relato, has encontrado la intención y has visto bien la estructura, la trama, con ese falso principio -un poco frío, distante- y la entrada del sentido (en este caso, el olfato) que, como el instrumento principal en una pieza musical, da sentido a todo lo previo y lo posterior, marca el rumbo y eleva el tono, da profundidad. El final es la sorpresa, pero en este caso no se sorprende al lector -que es espectador, al fin-, se sorprende el propio narrador… y cambia. O al menos eso me gusta pensar.
      Bea… hemos compartido tantas palabras y a través de ellas nos hemos entendido, estoy muy contento de saber que te puedo leer y tu a mi. Gracias y un beso, como siempre.

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  3. Sibisse dijo:

    Me ha llamado la atención, la forma tan detallada en que los has narrado y un poco confuso al final, como un final abierto, que te deja con la intriga

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    • Hola Sibisse:
      Jeje bueno, los detalles estan al servicio de la memoria, una memoria que -en este caso- se apoya en el olfato y que es tan inesperada como arrebatadora. El olfato tiene eso, esta expuesto siempre a ser activado.
      Un final tal vez con una lectura mas humana.
      Un beso

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