Jano

Jugábamos al básket en una canchita de Chorrillos, cerca del mar. Mi pelota era tan mala que daba botes exagerados o desesperadamente bajos y luego se iba por donde le daba la gana, era una pelota barata. Cuando terminábamos de jugar íbamos a mi casa, Fernando siempre quería ver la televisión, yo sólo quería saber si esa noche saldríamos a alguna fiesta donde hubiese muchas chicas, alguna bonita por favor, y que además se fije en mí. Mi pelota bajo el brazo era una excusa para mis derrotas, siempre había alguien que tenía una mejor. Las chicas bonitas tenían una fijación, que yo encontraba obsesiva, por los chicos que no éramos nosotros. Algunas sí nos miraban pero esas eran las que nosotros no queríamos. El deseo estaba ordenado en fila: yo quiero a la que me da la espalda y ella al que le da la espalda. A veces alguien se daba vuelta, como tú ahora, y es una crueldad pero solo de ida, con caminos que ya no se van a cruzar, nunca más.

Una mañana me levantó un impulso de ganador sin pelota, entonces marqué un número de teléfono y respondió mi larga desilusión. Me contestaron: ¿de parte de quién ha dicho? Ahhh, bueno, un momentito. Cuando quise reaccionar era demasiado tarde. Dejé la pelota debajo de la cama y hablé, lo que me rozó las mejillas fueron falacias dulces, promesas de colores, Janos alados de doble rostro mirando lo que viene y lo que se va. Cuando te besan esos angelitos miran si alguien viene y uno mejor se va o, a lo peor, te dicen que te quedes.

Fernando se hizo más alto que yo, más fuerte y más rápido. Yo cada día me ensombrecía más y me hacía más tímido. Al menos aquello me sirvió para saber cuánto quería a mi madre, mi refugio cuando la soledad comenzaba a caminarme entre la ropa. Los partidos más intensos los jugábamos con pelota ajena y ganábamos casi siempre, era lo bueno de entrenar con una pelota mala, Fernando cada vez metía más canastas. Las chicas lo miraban más. Yo me había dejado la pelota mala debajo de la cama y hacía menos puntos que antes, me hacía más lento, más viscoso, menos atractivo. Maldito teléfono.

Una tarde, sentados frente a frente, Fernando la llamó. Chabela. No hay fuerza, ni habilidad, ni rapidez en la gambeta, que pueda contra Jano. Mientras hundía mis emociones en los bolsillos de mis posibilidades, vi pasar a Fernando de la Tv deportiva dominical a la asistencia periódica a la casa de Chabela. Ojos verdes y piel canela. Chabela. Besos en el sofá y cuidado con mamá, que puede bajar en cualquier momento. Fernando la llamó aquella tarde desde mi casa y al poco rato se quedó en silencio, mirando el suelo entre sus rodillas. Monosílabos turbios sobre el parquet, Fernando los dejaba escapar despacio de su boca y paseaban entre sus hombros musculosos, sus manos de basketbolista jugando con el cable enroscado del teléfono, sus rápidas piernas que no llegaron a alcanzarla, hasta caer como hojas de papel al suelo. El angelito volaba alto. Cuando colgó el teléfono su cara era un poema… Jano había tenido una visión, lo suficientemente clara, como para saber que desde esa misma tarde Fernando debía regresar a la televisión, las hamburguesas y las pizzas.

Nosotros jugamos casi todos los partidos y el sudor de nuestras camisetas mojaba nuestra adolescencia, mientras Jano jugaba en otras canchas donde nadie puede sudar ni despistarse un segundo, sino pierdes y te haces mayor ahí mismo, de golpe.

Finalmente conseguí estar lejos de Chorrillos y el teléfono no deja de sonar, como en la película de Leone, pero no contesto, y no es que me haya quedado aletargado por el opio sino que estoy desilusionado, que es más prolijo.

Ahora te has ido, ahora es como que me tocase ser el árbitro con el sonoro silbato entre los labios, y es mejor que deje sonar el teléfono todas las veces, sabiendo que las sílabas serán lentas; ésta vez las dejaré bajar, suavemente, por el medio de mis hombros, hacia un papel no tan blanco en el que te escribo.

Me parece difícil hacerme a la idea de que no vas a regresar. Jano. Todos tenemos corazones rotos. Pero para llegar hasta este día en que sé que no volverás, tuve que alejarme mucho de Chorrillos, mucho de aquel lugar junto al mar.

 

 

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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10 respuestas a Jano

  1. Hermosísima forma de contar algo muy triste.
    Lo siento mucho, Javier. De verdad.
    Mis condolencias, amigo, y todo mi cariño.

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    • Querida Bea:
      Gracias. Bueno, mas que una muerte -que bien podría ser- se trata de una ruptura, una separación, un divorcio. El marco es el de la adolescencia de dos jóvenes, de como se inician -uno directa y el otro indirectamente- en el mundo del amor. El narrador es uno de esos jóvenes, ya hombre, que recuerda como a su amigo lo abandona su chica, cosa que lo afecta mucho. Con ese recuerdo enfrenta su ruptura, su dolor.
      Un relato triste que contrasta con el hermoso dia de inicio de verano que se ve a través de mis ventanas.
      Un beso Bea y muchas gracias por leer.

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  2. Betty Lecaros dijo:

    De verdad me gusto mucho el relato no se so se trata del mismo Fernando que era nuestro amigo de niñez. pero me encanto. Dime sabes algo de Fernando Matallana?

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    • Hola Betty!
      Que bueno verte por aquí!
      En cuanto a Fernando, en alguna medida es el pero muy matizado. Fernando y yo jugábamos juntos -como sabes- al basketball, y casi esa es toda la relación de este personaje con el Fernando “real”. En todo caso, el narrador -el que habla en el cuento- tampoco soy -totalmente- yo, ni esas son necesariamente mis impresiones, experiencias o forma de ver el mundo, pero para escribir historias necesitas encarnar una serie de personajes que, de algún modo, tienen un poco -a favor y en contra- de mi, pero mas que de mi, lo que tienen es mi modo de entenderlos, de analizarlos. Ya esta, eso es.
      De Matallana se que vive en Florida, felizmente casado y con tres hijos preciosos, dos ninas 9una es mi linda ahijada Daniela, la mayor) y un nino.
      Recibe un beso Betty! y gracias por leer.

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  3. Querido Javier, de verdad que tengo curiosidad por saber cómo es la ‘cruz’ de esa moneda con dos ‘caras’ en el mismo lado. El no mostrarla… ¿es un recurso literario para avivar nuestra imaginación? Empleas, como es habitual en ti, una prosa y un manejo del tiempo excelente pero nos dejas (y estoy seguro de que lo haces deliberadamente) como espectadores de una conversación ajena a la que no hemos sido invitados (tampoco rechazados) y sin las claves para penetrarla totalmente. ¡Seguramente que trata de algo que no nos concierne! 🙂 🙂
    Recibe un cariñoso abrazo de tu primillo virtual.

    Miguel

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  4. Querido Miguel;
    Una moneda con dos caras por un lado no tiene cruz…
    En todo caso, el de las caras es el dios Jano -de donde proviene nuestro Enero o, mejor en ingles: January- con una cara mirando el pasado y la otra hacia el futuro. El dios de la puerta, del inicio.
    Este relato -que lo has igualado a un “coitus interruptus” por no dejarse penetrar a fondo- cuenta la “iniciación” en la vida amorosa de un hombre. El narrador cuenta, desde la acrimonia de una reciente separación, la forma en que fue conociendo el amor y como se le parece a ese dios de las dos caras, como esa ambigüedad lo termino marcando para siempre.
    Recibe un abrazo mi virtual -y virtuoso- primo de allende los océanos!

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  5. Jajaja. ¡No osaría, yo, interrumpir nada de eso (aunque sea en latín) querido primo! ¡Y menos aún el discurrir de tus excelentes relatos, que tanto me gustan, hacia su gozosa culminación!
    Un abrazote, genio. Nos leemos.

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  6. Sibisse dijo:

    Alejarse de los recuerdos que parece que lo impregnan todo, madurar de golpe, cuando parece que era ayer cuando jugabamos a todas horas, y parece que todo es eterno, hasta que un día ya no está ahí. Conmovedor relato, cercano, triste, verdadero. Me ha gustado :). Bss

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  7. Miguel:
    Jajaja lo se, pero dar las claves seria escribir de otro modo, y no quería hacer eso. En todo caso, para mi, no siempre la “penetración” (por seguir con tu metáfora) de un relato lo mejora. El claro planteamiento -su presentación, nudo, desenlace- es un aspecto del relato a considerar cuando te pones a escribir, pero si lo que pretendes es otra cosa: crear una atmósfera, propiciar un sueno, un juego, entonces la herramientas -las palabras- son otras, para contar lo mismo. No se si lo he conseguido, pero lo he intentado… y eso me basta.
    (no se entienda todo esto como una defensa sino una reflexión, nada mas)
    Un abrazo primo, nos leemos pronto!

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  8. Hola SIbisse!
    Tienes razón, a veces -sobretodo cuando vives edades tempranas- todo parece eterno, pero de golpe deja de serlo y despiertas del sueno, entonces la vida va tomando otra coloración y las cosas marcan sus contornos con una nitidez que hace un poco de dano.
    Un beso Sibisse, gracias por tu lectura.

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