Enrique


Mi padre es un hombre alto
cargado de sierra
y de amigos ruidosos,
un silencio que se aleja,
un certero desorden,
una voz.
Es también un sueño
que duró, intermitente,
siete años,
y luego se incorporó
al presente inopinable,
la forma de caminar,
el gesto al despertar,
una forma de insistencia
y de mirar.
Nosotros,
sus hijos,
somos su colección de estrellas,
su sueño
entregado a la realidad,
y pasamos a ser un sueño sin dueño,
cada uno solo,
el sueño de un hombre alto
suelto por el mundo.
Reviso la noticia
que dice que no está aquí
y la corrijo
al dar con sus labios
un beso en la frente
a mi hijo.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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9 respuestas a Enrique

  1. Que eres una persona de grandes fundamentos; que estás “hecho de buena pasta”, como decimos por acá, es algo de lo que no me cabe la más mínima duda después de llevar algún tiempo leyendo tus escritos y comentarios (tanto en tus publicaciones como en las de otros). Pero dónde ya alcanzo la mayor certeza es al ver la forma como tratas algo tan profundo como la herencia genética, quizás el sentimiento más trascendente que podemos desarrollar los que no creemos en otras formas de inmortalidad. Ese “mi sangre es un camino”, que decía el poeta de Orihuela, queda aquí magistralmente recogido en ese “presente inopinable” (¡magnifica imagen!) y en el respeto, cariño y desprendimiento con que vehiculas el beso de tu padre hacía tu hijo que ojalá se transmita durante infinitas generaciones. Un abrazo primo, de verdad.

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  2. Hola querido Miguel:
    Me halaga oír aquello de estar hecho “de buena pasta”, muchas gracias, primo! No me lo merezco, de veras.
    Este largo año que llevo escribiendo en el blog, tu has sido mi primer compañero de viaje, aquel que me dio la bienvenida en El País, el primero a quien seguí y escribí un comentario. Puedo decir que fue un amor a primera vista!!! jajaja Tus escritos han sido momentos importantes: tu poesía escrita y oral, tu ficción ordenada, tu lujazo de humor, ironía fina.
    En cuanto a la trasmisión genética -ese código que se hunde en el pasado y se proyecta al futuro en silencio- es una de las formas que tenemos a mano para tratar de eludir la muerte, junto a otras, claro, como la escritura, música, imagen o todo esto junto. Todos ejercicios un tanto inútiles pero que, de algún modo extraño, nos llenan de esperanza frente a la perplejidad que nos infunde la sensación humana de tránsito, de paso.
    Recibe un abrazo Miguel, amigo, y gracias por estar!

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  3. sibisse12 dijo:

    “somos su colección de estrellas,” la he elegido porque creo que es la frase idónea que habla sobre esa herencia resivida. Aún así cada palabra define muy bien esa “rutina familiar” los gestos, las costumbres que hace que alguien sea especial para nosotros, por todo lo que llegamos a compartir y por todo lo que recordaremos.

    Saludos

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  4. Como diria John Lennon: “We all shine”, asi pues somos, para nuestro padre o nuestra madre, estrellas. Cada hijo en principio es una estrella, luego, con el tiempo, nosotros nos convertiremos en padres y entenderemos esa sensacion de tener estrellas y asi tal vez entendamos a nuestros padres sin juzgarlos.
    Un beso Sibisse, nos leemos pronto!

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  5. Juan Revolo dijo:

    Mucha verdad en tus pensamientos, sigue escribiendo; en los cuatro veo a mi primo.

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  6. Mmmm… Qué bella imagen, Javier. Ambas. La fotografía y la que has confeccionado con tus palabras.
    Se siente de forma tangible el amor a tu hijo. Me han producido escalofríos los últimos versos,
    <>
    porque has logrado aunar en una sola idea, el peso del recuerdo y la alegría del presente. La añoranza y la ilusión. El atrás y el hacia adelante. Lo que somos por lo que fueron otros, y lo que seremos a través del recuerdo de quien no nos olvide…
    Muy bella.
    Beso.

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  7. Querida Bea:
    Esa sensación de perplejidad que ocasiona la consciencia del transito, de aquello que llamamos “el paso del tiempo” se puede, de algún modo, aliviar con la sensación de trascendencia que significa la trasmisión de nuestros genes. Es un modo que compartimos con todos los animales, pero al que nosotros le ponemos poesía, lo humanizamos al inocularle tiempo, sustancia sagrada…
    Me alegra que te haya gustado esta poesía. Mi padre murió cuando yo tenia solo 7 anyos -por eso lo del “sueno que duro, intermitente, siete anos”, lo recuerdo como si o hubiera sonyado pero se que habita en mi, en mi forma de respirar, de mover las manos… en todo. No necesito recordarlo, es.
    Bueno querida Bea, recibe un beso desde esta tarde/noche sobre el Pacifico sur plagado de estrellas.

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