Japonés (Sho-do)

M regresó al principio de sus apuntes. Una ligera sonrisa le iba transformando el rostro al pasar las páginas y reconocer los cambios, el progreso de su trabajo. Esos símbolos iban cobrando cada vez mayor sentido. Corrigió algún trazo no muy nítido, reemplazó otro, profundizó la energía de una línea. Escribir japonés obligaba a considerar aspectos espaciales que en otras lenguas, como el español, tienen poca o ninguna importancia. Una sección, un espacio vacío, son tan importantes -a veces más importantes- que las marcas hechas sobre el papel.

La profesora pasea lenta, con la contundente camisa blanca, entre los asientos de sus alumnos. M sabe que ella observará, a pluma alzada, cada detalle de lo que él sea capaz de trasladar al papel, la secuencia de los trazos, su forma e intensidad, la armonía del conjunto. Sabe también que le hará repetir la letra o frase las veces que hagan falta, hasta conseguir la forma y el efecto establecidos en la estricta tradición del Sho-do.

Mucho tiempo antes de aquellas clases, a principio de los años 80, M vivía con su familia a orillas del acantilado de Miraflores, cerca del faro azul y blanco sobre el mar gris de la ciudad de Lima. A M le faltaban pocos meses para cumplir los 20 cuando un accidente automovilístico en el que falleció trágicamente su hermano de 25 años introdujo la irrealidad en su ordenado mundo. Entonces la vida de M dio un giro y el mundo cobró una claridad inusitada, un brillo doloroso, las personas y las cosas se tiñeron con los múltiples matices de lo fugaz, sin que esto llegase a significar algo deprimente o angustioso sino que, después de reflexionar, M creyó haber comprendido algo simple: que la vida es siempre, irremediablemente, ahora. Un presente constante. El futuro y el pasado son convenciones, acuerdos, ya sea con nosotros mismos o con los demás, pero la vida es siempre ahora.

Pasados meses de la muerte de su hermano, M conocerá a la joven Chihiro en casa de un amigo. Los jeans gastados, la actitud tímida y el impecable inglés de esa bella turista japonesa, lo llenaron de curiosidad. Aquella ruidosa tarde Chihiro, acompañada de su prima Tammy, destacaba entre las caras conocidas. Llevaba el cabello recogido en un moño alto y sus ojos reflejaban una oscuridad transparente, como la de un lago solitario. Por lo demás, Chihiro era una joven alegre y moderna que estaba pasando por primera vez el verano  en la casa de sus tías, muy lejos de Tokio, en Magdalena del Mar, distrito de Lima, ciudad de antiguos balcones.

Cuando la profesora le pidió que transcribiera un texto de Sei Shonagon, la escritora japonesa del siglo X, M supo que había alcanzado un nivel respetable. Se trataba de un texto corto de una singular belleza: “Cuando la Dama de Shigei Sha entró al Palacio del Príncipe Heredero”.

Chihiro y M se hicieron rápidamente cómplices antes de ser amantes. Las noches de fiesta, los días de playa, la risa. Todo aquello fue testigo del amor. El primer beso, trémulo y delicado,  apareció como un polluelo al salir de su fino claustro y, con el paso de los días, se amaron intensamente. El nadó, buceó y se perdió en el lago de sus ojos. Ella se dejó arrastrar por la música de su voz.

El mismo día que M decidió su viaje, se inscribió al curso del peruano-japonés para estudiar esa lengua asiática, tres veces por semana, y se aplicó a fondo; ya estaba casi retirado del mundo de los negocios, se había divorciado de su segunda mujer y se dedicaba metódicamente a mantenerse física y mentalmente lo mejor posible, sin saber bien porqué o para qué.

La mañana en que Chihiro lo recibió a la entrada de la casa de los largos jardines rectangulares, llevaba una delicada bata de tonos azul celeste que profundizaba su mirada. M recuerda, en su solitaria habitación, cómo Chihiro trajo dos vasos con agua que apoyó sobre la mesa de madera y luego se sentó, recogiendo las piernas en el cómodo sofá, dejando caer sus largos cabellos negros sobre un costado. Nada hacía presagiar lo que iban a tratar entre ambos.

Al salir se quedó observando el balcón de la antigua casa por un momento, sin saber bien qué le pasaba por la mente, y se alejó despacio. No la volvió a llamar en casi dos semanas. M no sabía que no se volverían a ver en muchos años.

Aquel trabajo sería el último para su escuela de japonés. Leyó repetidas veces el texto de Sei Shonagon. No tenía que traducirlo, pero M sabía que transcribirlo era una empresa, si se quiere, más compleja que pasarlo al español, porque en Sho-do, como en música clásica por ejemplo, la ejecución adquiere la impronta de quien la ejecuta, se llena de su estado de ánimo, sentimientos y conocimientos técnicos, al punto de que el artista, incluso, puede aportar variaciones de significado a los ideogramas con su modo de escribir/describir el mismo objeto.

Chihiro, luego de tantos años, había vuelto a aparecer. Su mensaje trastornó la vida de M. Una vida que pensaba y sentía ya en la cuesta final, de pronto tomaría un nuevo impulso; su mente hizo y deshizo conjeturas, dudas, alegrías, se sintió nervioso, perdió el sueño y el apetito, se volvió a sentir joven, tenía un objetivo y, a pesar de las ganas, prefirió mantenerse donde estaba y aprender, sumergirse en aquella cultura de la que no sabía mucho, prepararse, antes de dar el gran paso.

El olor de la tinta, el sonido al abrir el rollo de papel, las posturas y movimientos de la mano para plasmar los Kangis japoneses, se habían convertido en un ritual. El texto iba cobrando un sentido inesperado, al leerlo su significado estaba claro, pero al transcribirlo se iba percatando de detalles que no había visto,  ampliando el sentido de lo escrito a un nivel distinto; la copia de esas palabras, volver a dibujar los ideogramas del siglo X, estaban jugando con su mente. No se trataba de ningún mensaje oculto o nada por el estilo, era obvio que la escritora no tuvo la intención de que se entendieran de ese modo, era simplemente que, al igual que al leerlo presentaba un sentido claro, al transcribirlo -en una época distinta y con unas circunstancias particulares- aparecían unos matices que con la lectura M no los había conseguido percibir. Eran esos nuevos matices los que se conjugaban con su realidad.

La princesa caminaba entre jardines rectangulares. Sus faldas de seda se mecían con la suave brisa y toda su figura tenía una expresión radiante. Sus damas la seguían con pasos menudos, entre risas y mohínes, comentando lo bella que estaba esa mañana Shigei Sha. De la fuente surgía un sonido delicado y el verde de las hojas era intenso; el día de primavera regalaba todos sus perfumes y comodidad a la corte.

El príncipe, oculto y sonriente, esperaba el momento para descubrir su conocido y amable rostro. Shigei Sha se demoraba a propósito comentando las flores, ordenando a sus damas, retrocediendo algunos pasos como si hubiese olvidado algo, para luego retomar el camino, para llegar a su destino.

Los compañeros de M aplaudieron. Se  habían deleitado con el texto en japonés antiguo, su sonoridad y sobriedad, la descripción de aquel momento, aquella mañana del siglo X del Japón imperial, les pareció excelente y además M los había ilustrado con un análisis de las formas extraordinarias del Hiragana de Sei Shonagon, su modo de utilizar las palabras, tanto por la caligrafía como el modo o disposición de contar la historia, y de cómo ambas cosas eran una sola.

La azafata le regaló una amable sonrisa con la flor juvenil de sus labios al tiempo que le alcanzaba la tarjeta de embarque que M empezó a rellenar en japonés. Afuera las nubes corrían veloces cortadas por las enormes alas de las que emergían las paletas que iban dirigiendo el rápido descenso del avión al aeropuerto de Tokio.  Allí lo esperaban, Chihiro, la de los ojos profundos, y Akira, el joven hijo de ambos que M no conocía en persona.

Habían pasado 18 años desde aquella mañana en la casa de Magdalena del Mar, de aquella conversación. No pudo saber antes de ella pues ni siquiera dejó sus apellidos al irse de Lima, y sus tías, que nunca contestaron sus llamadas, vendieron la casa de Magdalena y también desaparecieron. M entonces creyó que le quedaban pocas esperanzas. Pero un mensaje, una noche entre las noches, los había vuelto a traer a su mundo, los había recuperado de la oscuridad y M, antes del encuentro, se había preparado lo mejor posible pues esta vez no dejaría que un error echase a perder su nueva vida y, así, hablaría por primera vez con su hijo en su idioma, así, M entraría a su mundo y su hijo en el suyo, sin traducciones, sin intermediarios. La vida tenía futuro, al contrario de lo que pensó hace muchos años, cuando creyó haber comprendido algo.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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10 respuestas a Japonés (Sho-do)

  1. Buen relato el que nos caligrafías hoy, Javier. Muy bueno. Lo he leído tres veces y cada vez lo he disfrutado más. Párrafos como pinceladas que nos van dibujando, descubriendo, los personajes y las situaciones con gran maestría y buen manejo de las escenas y el tiempo. Poco a poco, sin prisa pero con precisión y firmeza, queda dicho lo fundamental del relato. A la vez, nos dejas esbozadas, sugeridas, otro montón de historias y matices más, para que nos los vayamos desarrollando en nuestra propia interpretación. Eres muy generoso, primo. Y un artistazo.
    Un abrazo.

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  2. Hola Miguel!
    Tenía este relato trabado, durante un tiempo, en la cabeza, y creo que lo subí por ansiedad, por liberarme de el; pero no creo que este terminado, ni mucho menos. Primero, es demasiado largo para mi gusto. Segundo, falta editarlo bien, tallarlo mas a profundidad, darle una mejor forma, hacerlo mas ligero, ágil.
    La historia es una metáfora de la comprensión. Dos formas: El idioma y el hijo. Dos desconocidos. Acercarse, aprender, ubicarse dentro de la lengua para entender una forma de pensar, o sea de ver, de ser. Seguro que nada de eso se entiende, pero eso, con perdón, es mi falta de calidad y de paciencia.
    En todo caso, eres muy amable con tus palabras de aliento. Sabes que te las agradezco de veras, como siempre.
    Recibe un fuerte abrazo primo!

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  3. Desde luego!!!!
    Mira, pensaba empezar el comentario de otra forma… Pero entonces he leído el comentario de Miguel -con el que tengo que decir que estoy de acuerdo hasta la médula, de hecho, poco más queda por decir de tu relato-, y luego tu respuesta… ¡Y me he enfadado!!!!
    Me has enfadado, Javier!!!
    Pero!!! ¿Cómo que “seguro que nada de eso se entiende, pero eso, con perdón, es mi falta de calidad y de paciencia”????
    Pero, ¿estamos locos o QUÉ?
    Sé que no es falsa modestia… Por lo que poco que te conozco creo entender que no es falsa modestia, aunque en esta ocasión, ¿qué quieres? Casi hubiese preferido que lo fuera…
    Se entiende, Javier. ¡Claro que se entiende!!! Se entiende, se palpa, se respira durante todo el relato!!!
    Está magistralmente urdido… ¿Que a ti te parece largo? Bueno, eso es una cuestión muy personal. Yo he de confesar que cuando he entrado y he mirado la extensión, también me ha parecido un poco largo PARA LO QUE TÚ SUELES ESCRIBIR…, pero cuando lo he leído me ha parecido que tiene “el largo” perfecto. PERFECTO.
    Y…
    ¿Cómo que “perdón”? ¿Perdón de qué?!!!!
    ¿Y a que viene eso de “mi” falta de CALIDAD y de PACIENCIA?
    ¿Sabes la sensación que he tenido? Que era una broma. Que nos estabas tomando el pelo.
    Sí, señor. Nunca me había gustado tanto un relato tuyo como me había enfadado uno de tus comentarios.
    El relato es bueno, Javier. Muy bueno. Lo sabes. O deberías de saberlo. Me preocupa esa actitud tuya que no sé cómo describir.
    Y, ¿sabes lo que te digo? Que tenía un montón de cosas que decirte sobre el relato. Frases que me han gustado, ideas que intuyo y admiro, el sabor y regusto de algunas palabras… Pero no te las voy a decir. ¡Hala! ¿Para qué? Para que acabes diciéndome… ¡Vete tú a saber! Que te salió así por casualidad. ¿Por equivocación?!!
    Si no tienes nada bueno que decir, se dan las gracias, y punto.
    Y hala! Me voy a calmarme a mi “casa”…
    Y hoy, claro, no hay beso ni abracito.
    ¡Ah! Se siente. Si te los doy, no serían verdad.
    Adiós. Buenos días!

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    • Eres genial querida Bea, me haces reír hasta cuando te enfadas conmigo, jajaja, de verdad, es como si te estuviera escuchando!!! genial. Pero no te molestes por favor Bea, solo ten en cuenta que, muchas veces, no estamos contentos con lo escrito… y ya. Eso es todo.
      Bueno, sabes bien que lo que digo no lo digo por falsa modestia -no me interesa esa postura, ni creo que se consiga nada diciendo ese tipo de cosas- pero la verdad es que este relato me hizo sentir un poco mal, no porque no me gustase -me gusta- sino que creo que hay varias cosas que me parece se podrían haber dicho de otro modo, mas “eficiente”tal vez (palabra que me cae mal, por su connotación laboral). Una de ellas es que la historia del aprendizaje del japonés y la historia que transcribe M, estuvieran mejor enhebradas con la historia de Chihiro y M. Siendo M el protagonista de ambas historias, se hace un poco enrevesada la historia: un M joven que pierde un hermano y se enamora, y un M ya maduro, que se encuentra con el descubrimiento de una nueva lengua que le va a servir, a su vez, para descubrir a su hijo, que tampoco conoce. Tampoco pude dar con una historia buena para la transcripción del texto Sei Shonagon, me falto imaginación… tal vez.
      Bueno, te pido sinceras disculpas, sabes que no es mi intención decir idioteces pero a veces la falta de satisfacción con algo como un relato puede llevarme a ser tonto (que no es tan difícil).
      Lo siento Bea.
      Espero que se te pase el enfado y me cuentes que te pareció el relato, sabes que soy un fanático de tus comentarios 🙂 casi tanto como de tus relatos…
      Recibe un beso (yo no pierdo la oportunidad) y nos leemos pronto!

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  4. La verdad es que yo hago lo mismo. Subo los relatos y luego me paso los días siguientes toqueteándolos. El blog se convierte así en un entorno de producción que me permite distanciarme del relato y me ofrece la visión del lector. En cualquier caso, creo que el relato es bueno, ya como está, independientemente de que lo mejores después (que seguro que también lo conseguirás). Y lo es porque sugiere tramas interesantes. En ese sentido, hay algo de paralelismo con la ejecución de los ideogramas: tú escribes algo que el lector completa; un poco a su aire (otra idea interesante contenida en el relato).
    Tal y como yo lo he sentido, la caligrafía (entendida como arte) pone a M. en contacto con la cultura de su hijo y no con su idioma convirtiéndose en una especie de atajo (el zen también la usa) para la comprensión. Ceñirse exclusivamente en los aspectos del lenguaje como forma de comunicación, verbal o escrita, en mi opinión, le quitaría recorrido y verosimilitud al relato.
    A mí también me ha gustado y divertido el comentario de Bea. Permíteme que le deje aquí un cariñoso saludo. Abrazos para los dos.

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  5. Miguel:
    Creo que los que escribimos sabemos o hemos experimentado, mas o menos frecuentemente, saturación, debido a la repetidas veces que leemos nuestro texto. Uno deja de tener una perspectiva adecuada para hacer las correcciones siempre necesarias y, no solo eso, sino que también dejamos de sentir aquello que nos deparó la idea o la concepción del texto mismo, esa que tenemos en la mente al inicio y buscamos dar salida en el texto y que, ay desgracia!, muchas veces no logramos de modo completo, otras ni siquiera cercano. Lo peor es que uno lo ve tan claro en la mente!!! pero entre aquella idea y el texto se interponen las palabras, la estructura, el punto de vista, etc; nada de eso debe frenar nuestra escritura, nuestro ímpetu creativo, de ningún modo, como al carpintero no le da miedo usar sierras, lijas, martillos o clavos, pero es verdad que a veces la mesa que había imaginado muchas veces no concuerda con la que tiene frente a sus ojos, y eso suele pasar porque, o bien no se sabe usar las herramientas -por falta de practica, tal vez- o no se cuenta con buen material.
    Entiendo y respeto lo que dice Bea, a mi también me molesta ver falsa modestia por ahí, una actitud que esconde la necesidad de ser observado y/o elogiado que a mí, la verdad, no me interesa y me resulta incómoda; lamento que Bea se haya molestado con el comentario que te escribí a ti. Ella sabe que aprecio mucho sus comentarios y el hecho de que siga mi blog, de que me lea, aparte de eso, sabe también que siento por ella una especial admiración que no necesito explicar pues sabe de qué hablo.

    Efectivamente Miguel, lo has entendido cabalmente, este relato trata de la comprensión. El idioma -en este caso el japonés-, lo tomo para detallar ese proceso de comprensión: no solo de lo leído sino de lo escrito y cómo, a pesar de ser dos cosas (lectura y escritura) que dicen lo mismo de un mismo objeto, pueden ser distintos y darnos una visión distinta, es decir, producir una experiencia distinta. Igual, una persona puede decir cosas, hablar magníficamente y luego actuar de forma mas o menos distinta, dependiendo del momento, de las personas que lo rodean, etc; este es un tema que me fascina: llegar a conocer a alguien, cómo podemos ser muchas cosas, personas, al mismo tiempo. (En realidad creo que es bueno que seamos así, qué horror seria que la gente hiciera siempre lo que dice, no crees? aquellos que se ufanan de ser “honestos y consecuentes con lo que dicen” muchas veces no son mas que intransigentes y pueden llegar a ser peligrosos)
    Conocer es una experiencia múltiple que debería entenderse abiertamente, no solo por lo que alguien dice o por lo que sabemos de el o ella, sino por otros tipos de experiencias que nos pueden dar una dimensión mas amplia, ya sea la convivencia, leer cosas que haya escrito, sus suenos, ver cómo trata a los conocidos, a los desconocidos, etc. Ese también es lenguaje, comprensión, solo que de otro nivel, diferenciadas como escribir o transcribir ideogramas y leerlos, escribirlos nos permite apreciar ideas un poco mas sutiles que la simple lectura de las mismas no llega a transmitir.
    En fin, lo dicho, estimado primo, has entendido perfectamente lo que quise decir, y eso me alivia pues pensé -ocasionado por la saturación tal vez- que no estaba claro. Como tu, yo agradezco tener el punado de lectores que visita este blog pues me permite mejorar, me incentiva a escribir y me alegra la vida de un modo particular que no me encuentro en otras actividades. Por todo eso, gracias Miguel!
    Un fuerte abrazo y nos leemos pronto!!

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  6. felipejpg dijo:

    Hola Javier.
    Ante todo, y ya casi pasado Enero, Feliz año, no sabía nada de ti, pero tampoco quería entrometerme, así que decidí no agobiarte con algún e-mail fuera de tiempo o con pensamientos equivocados, ante todo el respeto al silencio de los demás, me alegra leerte y saber que estás bien. Cada uno tiene su vida y sus motivos para poder estar o no mas o menos activo en determinadas cosas.
    En cuanto al escrito, antes de comentarte, decirte -deciros-, que a mi me pasa lo mismo, llega un momento en el que me saturo de mis letras, lo que nunca hago, a diferencia de la mayoría, es retocarlos, si son pensamientos -poemas-, jamás los retoco, los dejó como brotaron, como nacieron, si, se que es o puede parecer un error, pero es mi manera de aceptar mis sentimientos en el momento en el que -parí- ese escrito, cuestión de gustos, ya sabes, aunque luego llegue casi a aborrecer algunos de ellos.
    El escrito, me parece perfectamente estructurado, no se puede uno ceñir a rajatabla a las estructuras y más en este caso, si tenemos en cuenta el trasfondo de los que la ocupan y su historia como pueblo, un pueblo muy hermético y con una cultura y manera de expresarse completamente diferente a la occidental, por eso me ha gustado mucho la disposición que haces de los personajes, dejando esa parte mística al entendimiento personal de cada lector.
    Una vez más un 10 sobrado, un placer leerte de nuevo, con esa sutileza y buen hacer al que ya nos tienes tan bien acostumbrados y una vez más completamente de acuerdo con Bea y con Miguel.
    Un abrazo enorme

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  7. Hola Felipe!
    Feliz 2013 para ti también.
    Por suerte nada malo me pasa o me ha pasado últimamente (espero que este 2013 sea bueno también, que nos de buena salud a todos) es verdad que no subí nada durante un tiempo al blog, estuve tratando de dar forma a este relato que me costó más de lo que esperaba… el hecho es que yo sí corrijo y trato de que el texto manifieste lo más fielmente mis ideas y sentimientos respecto de aquello que lo propició, pero entiendo que tu no lo hagas así, en todo caso, es una cuestión que cada uno decide en vista de lo que quiere o espera de su texto.
    Algunos relatos se me quedan un poco atravesados y prefiero deshacerme de ellos, con el riesgo de que luego me arrepienta un poco, así que los subo al blog como están en un momento que ya no puedo seguir leyéndolo mas, que ya estoy un poco harto de darle vueltas.
    Este relato me gusta, encuentro que la historia tiene esa interrelación entre lenguaje y conocimiento -tanto de un idioma como el de una persona- que lo hace interesante, y también la historia de M y su relación con Chihiro que termina en un hijo que M va a conocer… ya ves, aun así, conociendo la historia, por varios motivos me costó mucho y me llegó a cansar. Lo subí para de algún modo recuperar una distancia que había perdido… en fin, aquí está, para bien o para mal, y me alegra que te haya parecido interesante.
    Recibe un fuerte abrazo, estimado Felipe! nos leemos pronto, como siempre.

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  8. ¡Caramba, chico! Qué interlocutores más interesantes tienes!!! Qué comentarios tan suculentos… La verdad es que he aprendido un montón -en los últimos minutos- leyéndoos a los tres, a Miguel, a Felipe y, por supuesto, a ti… 🙂
    Bueno, ya estoy aquí de nuevo… Aunque como ya te he dicho, creo que mi primer comentario fue lo suficientemente “esperpéntico” como para que se notara que aunque lo que decía lo decía en serio, el tono era jocoso e intencionadamente exagerado. Decidí tomármelo un poco a broma, y quitarle hierro al asunto provocándote una sonrisa… Y eso sí me salió, ¿no? 🙂
    A ver… Entiendo perfectamente todo lo que dices… También me encanta todo lo que explica Miguel. ¡Sois tan ingeniosos y elocuentes! La verdad es que el que más me ha sorprendido es Felipe… ¿QUE NUNCA RETOCA NI UNA PALABRA LOS POEMAS? ¡¡¡No puedo creerlo!!! Yo soy una maniática del “retoque”… Cambio una palabra, una y mil veces si hace falta, hasta que doy con la que mejor define lo que quiero expresar… Aunque obviamente a veces no demos con el resultado final que esperábamos… Las más de las veces además… Jajaja…
    Pero no podría escribir sin retocar… Además me lo paso bomba haciéndolo… Pero me parece fascinante que Felipe sea tan…, no sé cómo definirlo. Tan… ¿valiente? De cualquier forma es fiel a sus “formas” y a su “fondo”, y eso, por otra parte no puede sino merecer toda mi admiración.
    Respecto a “Japonés (Shodo)”…
    Es brillante, Javier. De verdad me lo parece. Es muy rico, está muy lleno de muchas cosas…, es muy fértil. Ahondas en muchos temas, nos das mucha información…, mucha más, creo, de lo que acostumbras a hacer.
    Me pregunto, por ejemplo, ¿era necesario saber que el hermano de M había muerto meses antes de que éste conociera a Chihiro? Pues, evidentemente, así lo has creído tú… Teníamos que saber cómo “era” M cuando la conoció… Que “la vida siempre es ahora”.
    Aportas también mucha información interesante sobre el Shodo, sobre la cultura japonesa, sobre el honorable y complejo arte de escribir esos símbolos…, y lo haces además, de una forma muy plástica y estética, -¿cómo el propio Shodo? 😉 -… “Profundizar la energía de una línea”, “porque en Sho-do, como en música clásica por ejemplo, la ejecución adquiere la impronta de quien la ejecuta, se llena de su estado de ánimo, sentimientos y conocimientos técnicos…”, “El olor de la tinta, el sonido al abrir el rollo de papel, las posturas y movimientos de la mano”, “El texto iba cobrando un sentido inesperado, al leerlo su significado estaba claro, pero al transcribirlo se iba percatando de detalles que no había visto”, “su modo de utilizar las palabras, tanto por la caligrafía como el modo o disposición de contar la historia, y de cómo ambas cosas eran una sola”…
    Me encanta. Me he sentido muy atraída por el Sho-do… Has conseguido -con tu forma de hablarnos de él-, que despierte mi interés.
    En cuanto a la historia de la princesa en los jardines de la corte… Está bien. Es sencilla pero bella. ¿Qué más querías contar? Yo llegué a pensar incluso que era real. O sea, que habías buscado un libro clásico japonés, y que la traducción era de un texto escrito en el siglo X… Es sencilla. No creo que tuviera que resultar más profunda… Mmm… ¡Sólo una cosita respecto a eso…! No me gusta “a posta”. Mmmm… No. No me gusta nada. Pero eso es fruto de mi pasión por las palabras. Ya sabes…, algunas me fascinan e incluso abuso de ellas, y otras me rechinan…, no las utilizo NUNCA. “A posta” es una de ellas. No la uso nunca hablando, y mucho menos lo haría escribiendo. Pero eso algo completamente personal y unilateral. No problem.
    Me encanta el hecho de que después de enterarse de la increíble noticia (recibir noticias de Chihiro después de tantos años, saber que tiene un hijo con ella), M tenga la paciencia y la deferencia de ponerse a estudiar antes de correr hasta ellos… El dulce sabor de la espera… Me parece muy interesante, y además es, claro, el eje central de la historia.
    Está bien contado… A mí me gusta esa forma… Intercalar momentos del presente con retazos del pasado que vayan explicando ese mismo presente. Puede que haya a quien le resulte confuso…, a mí no, a mí me gusta. Tal vez requiera un poco más de atención en la lectura…, pero es que es con atención como hay que leer…, para disfrutar. A mí me gusta la forma en que me sumerge en la historia, en el personaje…
    Me gusta también cómo lo cierras. Enterarte de todo al final. Al final del penúltimo párrafo y en el último. Me resulta muy agradable. Es como… “ah! Ahora lo entiendo todo…” 🙂 De repente todo encaja. Comprendes perfectamente a M y su repentino interés e incluso amor por el Shodo y la cultura japonesa… Además es un canto a la esperanza y la ilusión en “la cuesta final” de la vida. Cómo uno puede recuperar la ilusión, y volver a sentirse joven, capaz, útil, ¡vivo!
    Y hay frases de profunda belleza salpicando aquí y allá el texto…
    “las personas y las cosas se tiñeron con los múltiples matices de lo fugaz”, “sus ojos reflejaban una oscuridad transparente, como la de un lago solitario”, “El nadó, buceó y se perdió en el lago de sus ojos. Ella se dejó arrastrar por la música de su voz”, “La azafata le regaló una amable sonrisa con la flor juvenil de sus labios”, “Pero un mensaje, una noche entre las noches, los había vuelto a traer a su mundo, los había recuperado de la oscuridad”.
    Y por fin, con la que cierras el relato, -en el famoso círculo perfecto 😉 -…
    “La vida tenía futuro, al contrario de lo que pensó hace mucho años, cuando creyó haber comprendido algo.”
    Cuando creyó haber comprendido algo… Muy bueno… 🙂
    No sé, Javier… Me ha encantado.
    Aún así te entiendo. De veras que entiendo lo que argumentas hablando con Miguel y con Felipe… Quizá la dimensión del relato y -es cierto-, todo el tiempo que lo miramos y lo volvemos a mirar…, nos haga perder a veces la perspectiva, y sintamos que no hemos sido todo lo certeros que podíamos haber sido… Pero, sinceramente, a mí me parece una bella historia, bien contada, -utilizando un medio como es el Shodo, bien explicado, sacándole mucho jugo-, que da gusto leer -te proporciona placer mientras la lees- y que te deja un regusto de esperanza y alegría al final, que…, ¡oye, siempre es de agradecer una historia que acabe bien! 🙂
    Madre mía!!! Esto no es un comentario… ¡¡¡Es un mamotreto!!!! Sorry. Sorry. Sorry… 😦
    Un abrazo cálido y lleno de admiración para Miguel. Todos mis respetos y cariño para Felipe.
    Y para ti…, mi sincera enhorabuena, Javier, y…
    Vaaaaa… Besos y abracitos a discreción…. 🙂

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  9. Querida Bea:
    Antes que nada lo siento por el retraso para dar respuesta a tu largo y siempre acertado comentario, he tenido una semana de esas que llegas a casa, caes sobre la almohada y casi de inmediato estás en el mundo de los suenos… un poco cansado, es verdad, pero todo bien.
    He leído tu comentario atentamente y varias veces, sabes que me fascinan tus análisis porque ves muy bien lo que quiero decir, lo que escribo, y así es que tus comentarios siempre son tan importantes para mi: saber qué opinas, qué has llegado a sentir, dónde has encontrado las fortalezas y en qué lugar las debilidades de mis textos. No sabes lo mucho que agradezco que estés ahí para leerme -no solo yo, eres una buena lectora y eso te hace una buena crítica, y de tus delicadas disecciones se beneficia aquel a quien lees y comentas- y yo, aquí en esta parte del mundo, esperando siempre leer todo aquello que escribes en tus blogs (http://beadealejandria.wordpress.com/ e http://instantaneasypalabras.wordpress.com/) en los que siempre encuentro algo interesante, ideas y sentimientos bien definidos, historias atractivas, emocionantes, o textos con parte de tus días, de tu vida y en general, con esa visión del mundo que es un gusto para quien quiera disfrutar de una buena lectura y de una persona extraordinaria.

    Unos días antes de que me escribieses la segunda respuesta, había pasado una copia de “Japonés” Sho-do, a un amigo editor y, maravilla, me hizo exactamente la misma observación, me dijo: …”a posta” es una expresión que no usaría en un relato, no sé porqué te parece que está bien. Deberías cambiarla con alguna otra frase.” Esa noche leí tu comentario y vi que opinabas lo mismo!! me hizo sonreír, claro, y de inmediato lo cambié. 🙂 Ahora estoy más tranquilo. Aquí enlazo con lo que anteriormente habíamos comentado sobre el tema de la edición. Entiendo a Felipe (no sabía que no editaba sus textos…) pero a mí simplemente me es imposible no editar, de hecho, yo casi escribo para editar. Es decir, las primeras pruebas de texto son eso: un cajón de sastre. Meto lo que se me viene a la mente y trato de ser libre. A través de las correcciones emerge poco a poco la forma y me doy cuenta -si tengo suerte- de que eso es lo que estaba buscando, esa forma en concreto o, si no estoy muy fino, tengo que destruir gran parte de lo hecho y vuelvo a la carga, hasta encontrar vías que me permitan acceder a los sentimientos e ideas que quiero plasmar con lo escrito.
    Con “Japonés” estaba al borde del agotamiento, como te dije, pero creí que podía sacar algo mejor de el (aun lo creo), que había algo que podía proyectarse mejor con esa combinación de los temas del lenguaje y de un hijo desconocidos; un acercamiento significante, una forma de entender, de encontrar sentido, poco a poco, con esfuerzo y trabajo. Pensé que conocer a un hijo, que ya es un hombre joven, sería complejo, algo así como aprender un idioma a una edad madura. Por ahí fue que quise entrar, en fin, y luego vino la composición, la vertebración de esas ideas dentro del relato. Cómo mezclar, cómo hacer para que se vea o se sienta todo aquello.
    Bea, sé que te sorprendió mi respuesta a Miguel, pero fue honesta, siento y pienso que me había saturado y no veía ya más ese relato, así que en un momento dije que no soportaba seguir tratando y lo subí, un poco harto, para ver si así podía mejorar la forma con la ayuda de vosotros. Y, afortunadamente, así ha sido. Aun encuentro que podría ser mas fluido, tal vez, no sé. Y también creo que los puentes que enlazan las historias no están bien plantados, que los pasos de una historia a otra aun se podrían haber hecho mejor -los tiempos, los momentos-. En fin, no quiero que me tomes por tonto o demasiado exigente conmigo mismo, no lo soy (al menos eso quiero creer), son solo las ganas (necesidad?) de escribir algo que me hubiese gustado leer si yo no fuese el escritor, nada más. En todo caso, estoy agradecido contigo y con Michael por esa observacion sobre “a posta”: no lo veía. Qué horror!! jajaja
    Bueno Bea, me alegra que tengas esa vena y te guste comentar, leer y releer…. eres realmente buena lectora por eso es que eres tan buena escritora, sin dudas. Gracias.
    Recibe un beso y mucho carinyo querida Bea!!

    Nos leemos pronto.

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