Cosmopolita

Los estoicos hace más de 2500 años formaron la palabra cosmopolita en una época en la que gente solía incorporar a sus nombres el lugar de nacimiento: Zenón de Elea, Tales de Mileto, Apolonio de Rodas, etc., era una manifestación directa de identidad que si bien es cierto permitía identificar al portador como originario de un lugar y así poseedor de unas características (espartanos/guerreros, atenienses/demócratas, según) otras veces propiciaba a considerar al resto como ajenos a una nación o una cultura, y se abría la posibilidad de ejercer sobre ellos la indiferencia cuando no el desprecio a sus costumbres o a cualquier otra forma de identidad de aquellos que no compartían el mismo origen. Los pensadores estoicos introdujeron el neologismo “cosmopolita” con la intención de ampliar la idea humana de lo “propio” y considerar así no solo a lo local sino lo universal, lo humano, y se apoyan en que es justo que consideremos a los demás seres humanos en igual medida que a nosotros mismos. De hecho, esta visión de los estoicos era algo extraña para una época en que el orgullo venía del lado del demos -el pueblo-, era una forma generosa de ampliar nuestra consciencia, de extenderla, de sacarla de los límites de la nación, la lengua, la raza.
De este modo, el mayor legado de los estoicos al mundo contemporáneo habría sido la idea de ‘ciudadanía universal’. Es decir, la Estoa habría manifestado un repudio hacia aquellas lealtades que hacen de la política un foco de competencia entre grupos que representan diversos intereses, más que un espacio de deliberación racional sobre el bien de la mayoría. Por tanto, desde esta perspectiva, dicen, nuestra lealtad fundamental debería ser conferida a la comunidad mundial de la justicia y la razón.
Hoy, sin embargo, resulta un tanto impreciso llamar a alguien cosmopolita, mientras que ser peruano o australiano es algo concreto. Al individuo se le suele definir, de un modo vago si se quiere, por la referencia a la ciudad o el país donde nació. Esto no lo hacen únicamente los individuos, sabemos que los Estados y sus instituciones lo practican profusamente, lo que es más grave.
Tomemos a un cubano. Nos presentan a una persona de esa nacionalidad y -muchas veces sin querer- es posible que tengamos en la mente una serie de “ideas” sobre las personas de ese país -prejuicios, positivos o negativos-, y la persona que tenemos en frente puede coincidir, más o menos, con aquello que uno cree entender como “lo cubano”.
La mayor parte de las personas tenemos la ilusión de ser considerados como individuos cuando la realidad es que nos suelen considerar en términos preconcebidos, genéricos, hasta que, poco a poco, si las circunstancias lo permiten, esa bruma se va despejando y  recien aparece el individuo, aquel que trasciende el prototipo, el cliché.
El cosmopolitismo parece, dentro de nuestra forma de ver el mundo, algo vago, borroso. Sin embargo es todo lo contrario, el cosmopolita ve al individuo mientras el que supuestamente reivindica su diferencia nacionalista vive en la bruma de lo general, de aquello que es molde y produce seres con la misma estructura y casi el mismo contenido: los compatriotas. Ser cosmopolita es sentir a través de otras culturas, de otros mundos, tener la generosa ambición de ser sensibles a otros países, a otras épocas, a otras personas, el deseo humano de cierto modo de justicia en cuanto se trate a todos del mismo modo que queremos que se nos trate a cada uno de nosotros, en cualquier lugar del mundo.
Si nuestra ciudad es el cosmos, es decir, el mundo, compartimos la nacionalidad con todos y nadie es extranjero o extraño, nos identificamos con cada ser humano. El dicho “nada de lo humano me es ajeno” pertenece también a la época en que se acuñó la palabra cosmopolita por los estoicos.
Hay, creo, una idea errada de cosmopolita. Es la creencia de que cuando nos encontramos con alguien que ha viajado o vivido mucho tiempo fuera de su país o de su pueblo, éste se siente “extranjero en todas partes” y que ha “perdido sus raíces” debido a haber radicado en muchos lugares, entonces ese hombre no puede ser otra cosa que un ciudadano del mundo, un cosmopolita.

De hecho esta creencia no tiene nada que ver con aquello de lo que hablaban los estoicos. En aquella época no había tanta gente que viajase y el mismo mundo era mucho más “reducido” en número de pueblos y culturas comparado al actual, sin embargo, la competencia y guerras eran tanto o más frecuentes que en la actualidad. La diferencia más importante viene por el lado de la superfluidad con que se presenta la imagen del cosmopolita actual, que es más o menos la de un vividor errante o un trotamundos desarraigado. Una imagen de un ser humano que, si bien es cierto tal vez haya acumulado una experiencia de la vida más intensa o interesante que la de aquel que no se ha movido de su terruño -no necesariamente, pero ese es el cliché-, en cierto modo se trata de un personaje sin trascendencia; ese cosmopolitismo es insustancial pues suele servir de poco o nada en un mundo donde no hay tiempo que perder en otras culturas o gentes extrañas -extranjeras- cuando se debería estar estudiando y/o trabajando para hacerse rico y/o famoso, o por lo menos intentarlo.
Cosmopolita no es aquel que ha viajado o vivido en otros países necesariamente, sino aquel que entiende otras personas y culturas, que amplía su pertenencia al mundo, que ve en las diferencias riqueza, aquel para quien nada de lo humano le es ajeno. Puede que no se haya movido de su pueblo o de su país y ser cosmopolita, tal vez mucho más que aquél que ha dado varias vueltas al mundo en diversos cruceros o que haya vivido en varios países sin ningún provecho mas allá del económico.
Cuando vemos por la televisión que en autobuses australianos se insulta a una mujer por cantar en francés o a un hombre de origen asiático sentado con su hija pequeña por no cederle el asiento una mujer blanca, sin que nadie en el autobús se inmute, y además nos enteramos de que el conductor de ese autobús le dice al hombre al bajar “es que usted provocó a la mujer, debió ceder el asiento y evitar el problema”; entonces nos damos cuenta de hasta qué punto vivimos en un mundo que casi no ha cambiado los últimos 2,500 años. La época de los nombres con pueblo incluído, un signo de pertenencia en contra del resto, el nombre de un pueblo, una cruz, una media luna.

Es posible que en el futuro -espero no muy lejano- todo esto sea visto como hoy se ve la posibilidad de la desaparición de las corridas de toros -tomémoslo como ejemplo de algo con visos de ser erradicado por cruel e injusto-, cuando ese tipo de celebración o ritual ya no cuente con el apoyo de gente que la reivindique, sea cual sea el motivo, y se vea como unas formas viejas y caducas  que no nos representan como civilización  Tal vez alguna vez dejemos de lado los localismos beligerantes. Tal vez algún día seamos todos cosmopolitas. 

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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10 respuestas a Cosmopolita

  1. Manuel dijo:

    Impecable artículo.

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  2. Fernando dijo:

    Muy interesante tu reflección de cosmopolitan, pero recuerda donde vives!, el racismo esta a flor de piel..
    Atte.
    Otro cosmopolitan.

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  3. Hombre Manuel! mi querido amigo! como siempre tan amable. Como sera de impecable este articulo que cada vez que lo leo lo corrijo… jajaja, en todo caso, es un buen intento, me he quedado satisfecho y, mejor aun, de saber ademas que lo has leído.
    Recibe un fuerte abrazo!

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  4. Querido Fernando! gracias maestro! tus palabras son muy buenas.
    Tienes razon, Australia no es la cuna de la hospitalidad, espero que algun dia esto mejore porque en este pais hay mucha gente valiosa que no esta de acuerdo con esas actitudes.
    Ademas, ya que firmas como un “Cosmopolitan”, yo no quiero ser menos y voy a firmar como un “Manhattan” que también esta muy bueno.!!
    Recibe un fuerte abrazo, espero verte pronto para brindar a nuestra salud!!

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  5. felipejpg dijo:

    Hola querido Javier, como siempre poniendo un punto y aparte en tus artículos, esta vez en una palabra “olvidada”, en nuestros actos y sentir, claro que las fronteras nunca las puso el pueblo, solo un poder maldito y pasajero, que dejó en otras malas manos la ignominia del poder, las fronteras no son de las culturas y sus gentes, aunque así nos hayan querido adiestrar a los que poblamos este devastador mundo.
    Yo también me siento cosmopolita, la tierra, siempre será tierra, y allá donde me encuentre y me sienta querido, esa será mi tierra. Por encima de políticos, del poder y de los fanatismos.
    Un gran abrazo, querido amigo.

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    • Hola mi estimado Felipe!
      Gracias por tus palabras!
      Los poderosos se dedican obstinadamente a mantener su poder. Un método muy común y antiguo de hacerlo es controlar a los seguidores agrupandolos en pueblos, naciones, homogenizando ideales, proclamando elementos comunes: lengua, costumbres, colores, o aquello que sirva para establecer diferencias con otros con el fin de asegurar su poder (mientras existan los enemigos hay que estar armados).
      No digo nada nuevo si digo que todos tenemos, en alguna medida u otra, una sociedad interiorizada. El cosmopolita es aquel que ha interiorizado la diversidad, y por eso es individuo en el mundo, mas individuo que aquel que todo lo ve con los ojos grupales, aquello que -por ejemplo- permite odiar a alguien sin siquiera conocerlo, por pertenecer a otro grupo. Es una barbaridad, claro, que no siempre se tiene que dar en todos los gregaristas, pero que se da en demasiados casos, por desgracia. El mundo necesita individuos que se agrupen para hacer cosas juntos para la mejora de la sociedad, no grupos que perpetúen el poder de unos pocos.
      Recibe un fuerte abrazo querido Felipe!

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  6. Hola Javier, Yo creo que cosmopolita es el adjetivo que se le aplica al que viaja, conoce y acepta diversas culturas. A sí mismo, también lo son los lugares habitados por distintas culturas con tendencia a la integración, el mestizaje o, cuando menos, al respeto y la no exclusión. La esencia del cosmopolitismo es precisamente el reconocimiento de la diversidad y de la diferencia sin caer en ideas excluyentes (xenofobias, racismos, nacionalismos, creencias, etc..) Para mí cosmopolita no tiene nada que ver con una uniformadora “aldea global” o “patria universal” sino más bien con el entendimiento de nuestro inalienable derecho a vivir en sitios bien distintos donde todos somos iguales. Un fuerte abrazo primo. Espero que todo te vaya de maravilla. Y, anda, sigue escribiendo, que es un auténtico placer leerte.

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  7. Mi estimado Miguel!
    Pues si, tienes razón, lo que pasa es que creo que de algún modo la idea de cosmopolita, tal como la acuñaron los griegos, ha perdido su dimensión integradora de otras personas/culturas y se ha reducido a la idea de una persona que viaja por el mundo, tiene experiencias que puede contar frente a un café o una cerveza, y un poco mas.
    La idea griega va por el lado de que aquel que, en contraste al hombre orgulloso de su pueblo que aun viajando nunca sale de el, se siente que forma parte de un solo mundo, ve en la diversidad justamente el signo de lo humano, y es capaz de reconocer que nada de aquello le es extraño; no esta constreñido a viajar, solo necesita comprender, tal vez ni siquiera eso, diría que con solo con dejar de juzgar ya tiene un gran trecho avanzado.
    Es, creo, un concepto mas amplio pues con leer o pensar/sentir a aquellos con vidas o costumbres distintas a la propia, seria suficiente para ser cosmopolita.
    La idea de patria universal no esta mal, aunque aquello de “patria” a ciertas personas nos causa un cierto malestar, tanto se ha destruido en su nombre! pero, en todo caso, aplicado a la humanidad completa no creo que sea una mala palabra pues construye algo nuevo, hasta ahora nunca visto.
    Bueno estimado Miguel, recibe un fuerte abrazo y nos leemos pronto, como siempre!

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  8. Querido Javier…
    De nuevo, qué buen puñado de reflexiones, tanto en tu artículo, como en los comentarios después realizados. Muy buenos.
    Me quedo, sobre todo, con lo de que uno puede ser cosmopolita -bonita palabra, por cierto-, sin haber viajado apenas. Creo que ser cosmopolita debería tener más que ver con una actitud ante la vida -amplia de miras, y generosa o equilibrada en sus juicios- que con el hecho de viajar mucho y ser “hombre de mundo”. Muy listos esos estoicos ; )
    Por desgracia, creo que la tendencia es más bien al contrario. Incluso aquellos que han viajado mucho, suelen exhibir actitudes que demuestran que son cortos de miras, gregarios aburridos e impenitentes, egoístas consumados, cobardes del mundo. Cada vez la gente es más nacionalista, en la acepción más decepcionante de esa palabra… Uno ya no es sólo “nacionalista” de su nación, su provincia o su ciudad. Es nacionalista de su pueblo. De un barrio dentro de su pueblo. ¡¡¡Hasta de la finca donde vive que está a la gresca con la finca vecina!!!
    Cada vez más cerrados y más ignorantes, en lugar de cómodos, distendidos y relajados cosmopolitas.
    Me da tanta pena! Creo que vamos al revés… Involucionando como verdaderos ceporros!!!!
    Menos mal que de vez en cuando llegas tú, con tus magistrales reflexiones, y nos regalas un poco de todo eso que muchos quisiéramos que fuera el mundo. En Australia, en Manhattan o en Valencia… : )
    Me encanta cómo te expresas, y en las cosas que me haces pensar cuando leo lo que escribes. Eso dice mucho de un escritor. De un BUEN ESCRITOR. Y todo bueno.
    Gracias a ti, y a todos los que te comentan, porque aprendo mogollón con vosotros : )
    Y beso. “Cosmopolita”, claro ; )

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    • Querida Bea:
      Los comentarios que escriben amigos de distintos lugares de nuestro mundo demuestra que seguimos gobernados por aquellos que se oponían a las ideas de los estoicos. Aquellos que utilizaron -y siguen haciéndolo- para su conveniencia partes de la doctrina de aquellos filósofos. Estoico hoy se ha convertido en sinónimo de aquel que soporta el dolor. Lo cual, en este modo manipulado, significa -sazonado con un poco de cristianismo- que la rectitud y el hacer bien es soportar y seguir trabajando duramente, ser un estoico seria aguantar lo que caiga y seguir, ciegamente, hacia “adelante”, manteniendo nuestros valores y nuestra idea de progreso, “como tiene que ser”, la actitud estoica quedaría pues como contraria a la contestación, al cuestionamiento, a oponerse a lo establecido. Nada mas falso y alejado de la filosofía de esos hombres y mujeres.
      La idea de cosmopolita, en oposición a la de nacionalista, es un ejemplo de justamente lo contrario. El nacionalismo siempre ha sido la idea dominante, desde que vivimos en tribus hasta hoy, en naciones/estados. El cosmopolita es un contestatario, un hombre que se rebela a seguir con toda esa basura de la tribu y lo que significa.
      Los poderosos siempre se han apropiado de lo que les mas les conviene. Ellos no son capaces de elaborar discursos propios pero son unos grandes ladrones de los de otros, los recortar, mutilan, adaptan a su esquema de dominación y listo, la gente lo acepta: viene de Socrates -dicen- o de Jesucristo, o de Buda o de Gandhi, cuando lo que pasa es que nos llega un discurso de unos tipos que necesitan masas asustadas y dóciles para seguir dominándola, y como eso es lo que ha predominado en el mundo, es fácil seguir dando de comer lo mismo. Mira sino como la gente vota a los que los dominan, a los que les recortan las libertades! es un horror… hace muchos anyos que vivimos el mundo que describió Aldous Huxley en “Un mundo feliz” o George Orwell en “1984”, entre otros, el sometido es un hombre feliz de ser esclavo, activo en su actitud hacia su propia esclavitud y la democracia es un instrumento que se ha adaptado perfectamente a las necesidades de los poderosos que hoy dominan a través de los medios de comunicación y los sistemas de educación de masas, de los juegos, del embrutecimiento constante.
      Cosmopolitas son individuos capaces de entender al otro como ser humano antes que perteneciente a un país, raza, sexo, ideología o cualquier otra circunstancia, elegida o natural, del ser humano. No tiene que ver ni con el pasaporte y los sellos que contiene, ni con los idiomas que pueda se pueda hablar, sino con la capacidad de decir y entender eso de: todo lo humano me concierne. Ponerse, en la medida de lo posible, en su lugar y no juzgar desde nuestra costumbre.
      Querida Bea, lamento ser un desencantado y escribir estas cosas… voy a regresar a la ficción que es un lugar mucho mas interesante, de verdad, lo extraño! ya estoy haciendo algo pero me esta costando bastante, en fin, espero la inspiración… ojala llegue pronto!!
      Un beso Bea y saludos.

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