Tanta piel

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Para qué tanta piel

si la gente no se abraza,

manos y brazos

inútiles,

como puertos vacíos

de los que la vida se aleja

en un mar de trabajos,

de compromisos,

un viaje a ningún lugar.

Nuestro reflejo en los cristales

de los escaparates,

en calles nocturnas

por las que caminamos,

nos devuelve la mirada furtiva,

que proyecta nuestros sueños

y nos persigue triste

con una pregunta

a flor de labios.

Tanta piel para vestirla

y desvestirla

en soledad.

Tanta vida

sin puerto,

sin un lugar a donde llegar.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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5 respuestas a Tanta piel

  1. felipejpg dijo:

    Me ha encantado volver a leerte, esta vez desde un pensamiento o llamarlo poema si así se desea.
    Tanta piel seca por falto de contacto, esa piel que transmite la vida, emociones y sentimientos al rozarse con otras… precios escrito querido amigo.
    Un fuerte abrazo.

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    • Un sentimiento, tal vez un manojo de ellos, por la tristeza que me da la piel de tanta gente que no siente amor. Tal vez sea eso lo que he escrito, no es un poema -pues no tiene esa consistencia y tu lo has sabido ver-, pero por las venas de este texto corre el sentimiento de pena, no? y esto no significa que esté o sea una persona triste, no, pero sin embargo soy de aquellos que derraman lagrimas por la tristeza de otros… y esta es una.
      Un abrazo querido Felipe

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  2. elssamolina dijo:

    Hemos nacido para amar, para sentir. Nada mejor que tus palabras …para expresar las sensaciones…los sentimientos… la peor parte de la soledad ,la tristeza. Gracias por tu visita a mi blog. Encantada de saludarte .Elssa Ana

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    • Somos, la gran mayoría de los seres humanos, un mundo de emociones y sentimientos, antes que ese ser racional que nos quieren hacer creer que somos. La poesía es, en cierto modo, un extraordinario instrumento para canalizar esas emociones, para dar forma a nuestros sentimientos o los de otros. Un ejercicio que deberíamos practicar todos. Podríamos leer nuestros suenos.
      Un gusto leerte!

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  3. Piel. ¡Tanta piel!
    Y lágrimas. Una lágrima tuya derramándose de tristeza ajena en palabras -hermosas palabras- propias.
    Se siente que te duele. Te duele, como a mí -como a todos aquellos que somos conscientes de lo importante que es para la buena vida tocarse, abrazarse, sentirse- que las personas corran desnudas de ellas mismas, relegando quizá para después uno de los pocos placeres de los que somos dóciles dueños y también apasionados esclavos…, la piel. El contacto -siempre fértil, siempre vivo- de la piel.
    Querido Javier…
    Ya hemos hablado sobre la piel en más de una ocasión, tú y yo, y creo que una vez más estamos en sintonía.
    Creo que el mundo, en este tema, anda dividido de raíz, como ocurre con otras cuestiones vitales, o no tanto. Verbigracia: Eres de Mozart o eres de Beethoven, de perros o de gatos, de seducir o de “dejarse hacer”, de Cola-cola o de Pepsi (jajaja!!!), de mar o de playa… Ya, ya sé que es una chorrada. Un juego tonto. Pero en el caso de la piel creo que sí… Uno es de piel. O no es de piel.
    A los que somos de piel nos gusta tocar. TOCAR. Nos encontramos con un amigo en la calle y necesitamos tocarlo. Estamos viendo la tele con nuestra pareja tirados en el sofá y necesitamos estar tocándolo. Conocemos a alguien que nos cae bien y en seguida sentimos la necesidad de tocarlo. Aunque sea un poco.
    Y hablo de tocar en su acepción más…, inocente. Que son apenas las diez de la mañana y es muy pronto para entrar en otras formas de tocar mucho más carnales y divertidas. Sensuales ; )
    Pero, los que somos de tocar… Tocamos con fruición. Sin darnos cuenta. Con premeditación, alevosía, y en ocasiones hasta con ensañamiento. Los que somos de tocar, lo hacemos en persona, por teléfono ¡y hasta por escrito! Con palabras. En la distancia. Sin pudor.
    Los que somos de piel estamos condenados a desear tocar y ser tocados. Es casi como una penitencia. Aún mejor: ¡Una forma de vida!
    Tocar nos mantiene vivos, despiertos, en forma. En sincronía con la vida. Nos devuelve a nosotros mismos y nos hace más fuertes, más receptivos, más capaces. Más felices.
    Se me dispara la boca… Jajaja!!! Ya me conoces, si abres según qué puertas yo soy de las que se cuela hasta la cocina. Lo sorry.
    Pero que sí… Que tu “lágrima” triste en forma de palabras, me ha movido y removido las entrañas, que al fin y al cabo es una de las misiones del escritor… Mover y remover al lector. Hacerle sentir…
    Y veo los puertos vacíos de los que hablas, los tristes reflejos en los cristales de los escaparates, la vida que se escapa más que alejarse en mares imposibles que te llevan a ningún lugar y te alejan de ti mismo… Lo veo y me produce la misma tristeza que a ti… Una desazón, ajena pero latente, que nos inunda de desconsuelo por aquel que sólo tiene piel para vestirla.
    En fin.
    Gracias, una vez más, querido Javier. Felicidades por esas, algunas de tus lágrimas, que nos dejas ver y que tienes a bien compartir. Mola : )
    Y para despedirme brindo con música -muy acertada por cierto la que has puesto- por, para y desde la piel.
    Beso.

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