Minor Swing

Nací en una casa que abre sus ventanas a un parque, en una ciudad donde los perros revisan la basura con la punta de sus hocicos y merodean por las calles en grupos bajo un terco cielo gris. Sin embargo, fue la música. Me refiero a que soy guitarrista. Tengo 59 años. Tengo cáncer linfático.

Afirmar que uno tiene una enfermedad tan jodida como ésta desvirtúa, de algún modo, el relato que uno pretende hacer, porque se hace desde la enfermedad, emerge con la muerte como vecina. ¿Cómo sería el relato de esta vida sin la enfermedad? No importa, es lo que hay.

Escribo una semana después del diagnóstico. El miedo está en el cuerpo, en mis dedos, en los ojos pero también en el sonido de mi voz y hasta en el de mi guitarra. Es un miedo tan profundo que -a veces- me hace reír, con la diferencia que ahora siento esa risa como despedida, y que todo se ha convertido en una puta despedida: abrir una puerta, saludar, comer un sándwich, sentarte al borde de la cama por las mañanas, escribir. Bueno, no todo, mirarme en el espejo es un viaje de proporciones malévolas.

Soy una persona relativamente alegre, sincera y tímida. Mis emociones más profundas las suelo meter entre los ritmos sincopados de la música que he trabajado y gozado durante estos años: El magnífico Jazz. Django Reinhardt, por ejemplo. Ese gitano francés fue dueño del más intenso virtuosismo, creó un mundo. Las cuerdas, cuando son tocadas con maestría como lo hizo él, liberan ondas sonoras que conectan con nuestro ritmo interno, y si se da la conexión, nos enamoramos.

http://youtu.be/neibvJHm55Y

Al respecto, Abraham Valdelomar, poeta peruano de principios del siglo pasado, escribió páginas interesantes sobre el ritmo en el prólogo de su libro dedicado al torero Belmonte (¨Belmonte, el trágico¨) Pitágoras –dice el poeta- asegura que no somos capaces de oír la música de los astros, de las esferas girando y desplazándose en sus órbitas, pero que esa música existe y debe de ser una sinfonía prodigiosa. Argumenta que todo lo que vive está animado por una vibración, gobernado por el ritmo. Ritmos diversos de una sinfonia universal. Algunos hombres afinando su vida, su ritmo interno, con el mundo que los rodea, se acercan a esa música estelar, que sería algo así como la música celestial. Hoy la ciencia habla de la teoría de las supercuerdas y dice que la materia vibra a escalas mínimas, gracias a unas inimaginables cuerdas-por lo pequeñas- que sería la última expresión del ser o su sustancia, o sea que también hay ritmo a nivel de las partículas elementales, música al interior de los átomos. La vibración, el ritmo, gobierna toda la existencia, dice Pitágoras, y ahora también lo dice la física de partículas.

Empecé con los Beatles, sumé después más rock a mi repertorio hasta que llegó el flamenco. Esta música me producía respeto, por aquella época, porque era un pasaje hacia un lugar serio donde había gente impresionante y yo siempre fui un guitarrista limitado, sin gran talento, en fin, no quiero hablar de eso ahora, pero para cerrar esta parte solo quiero añadir que me enamoré del flamenco y, luego, del jazz del gitano Reinhardt y los guitarristas del swing francés.

Mi vida profesional no tiene nada destacable, presentaciones, fiestas, giras, colaboraciones. Me ha dado lo que me podía dar, comida e inseguridad. Eso era previsible y no me quejo, sin embargo, las experiencias que la musica inyectó en mi vida no se pueden trasferir a ningun escrito -al menos no de un modo que me satisfaga-  y, seguramente, es como tiene que ser, pues se trata de dos universos distintos, las palabras y las notas. En todo caso, eso es todo lo que ofrezco, unas cuantas botellas lanzadas al mar del mundo, cargadas de un aromático alcohol denso, para beber en soledad. Música que se perdió entre el humo de cigarillos, risas, sueños y algunos amores. Lo escrito es esto ausente de vibración musical, de aquello que se pierde pero tiene  la misma energía de la música de las estrellas, o de los átomos. De allá venimos y hacia allá vamos.Django_Reinhardt_(Gottlieb_07301)

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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15 respuestas a Minor Swing

  1. Enrique Horna dijo:

    Excelente Javier, toca las fibras de los que aman el arte y conceptuan este como vibraciones que gobiernan la existencia pero que muchas veces no se tangibles y solamente intentamos
    aproximarnos mediante formas materiales. Para mi el artista ve lo que otros no pueden ver y siente lo que otros no pueden sentir.

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    • Mi estimado Enrique

      Las fibras de los artistas vibran al son de sensaciones y emociones. A veces serán capaces de llevarlas a sus obras, otras, solo de ser testigos de aquello que los embarga. Todo -me parece- dependerá de su destreza, del conocimiento que hayan adquirido de los rudimentos de su arte.

      Tal vez, como dice Pitágoras -en boca de nuestro “Conde de Lemos”- ese ritmo universal que los hombres comunes somos incapaces de sentir, una refinada antena (por el dolor, por el sufrimiento o una natural humanidad) sea capaz de sintonizar: es el artista, capaz de oír esa “sinfonía” y traducir sus notas para el común de los mortales y hacer, de ese modo, que podamos deleitarnos, sentir, vivir.
      De acuerdo pues contigo, poeta, el artista “ve” aquello que otros no ven y siente lo que otros no pueden sentir, pero esa presencia, como la tuya, nos ayuda a los otros a vivir mejor, a ampliar nuestro espiritu.
      Un abrazo

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  2. Hola, Javier…
    Me reconozco en algunos pensamientos de tu atribulado personaje…
    Aunque eso no es nuevo leyéndote. Desde que empecé a leerte y aprendí a conocerte (al menos la parte de ti que vive entre las letras), me he reconocido muchas veces en tus palabras… : )
    Es cierto. El arte es, por encima de muchas cosas que a veces no llegan siquiera a entenderse…, una forma de vivir. De sentir. Incluso de amar.
    De cualquier forma…, estoy convencida de que es un privilegio. Un privilegio maldito a veces. Pero un privilegio al fin y al cabo.
    Una vez más nos acercas al protagonista de tu relato, y nos haces quererlo aún sin comprenderlo. O viceversa ; )
    Y por encima de todo se escucha perfectamente la música a la que haces referencia… Ésa que sólo escucha el que lo hace con los oídos que tenemos en las entrañas, en las vísceras…, ahí donde no llega el sonido pero se inventa la música…
    Gracias una vez más, Javier.

    Por cierto…, espero sinceramente que indultes al guitarrista, y por un tiempo se libre de la quema. Por sincera solidaridad lo ansío ; )

    Beso, querido.

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    • Jajaja Mi querida Bea! claro que indulto al guitarrista!! de hecho ya goza de una salud de acero (el hierro lo dejamos para epocas remotas) y de una vida sentimental envidiable.
      En cuanto a que te identifiques con algun pasaje de este relato, bueno, esa es una de las intenciones de todos los que escribimos, de que aquel que lea el relato se identifique, de algun modo, con lo que se cuenta. Nos damos cuenta que el escritor falla cuando los lectores no somos capaces de creernos la historia. Eso me ha pasado mucho.
      Me ha gustado mucho eso de “privilegio maldito” jejeje creo que tienes razon, es decir, es un privilegio porque nos permite entender y compartir estados emocionales e intelectuales que otros no llegan a vislumbrar y maldito porque no puedes deshacerte de ello, como una sombra siempre esta e ti, aun cuando no se proyecte con claridad.
      Recibe un beso Bea y gracias por leer!

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  3. Mi estimado Enrique

    Las fibras de los artistas vibran al son de sensaciones y emociones. A veces serán capaces de llevarlas a sus obras, otras, solo de ser testigos de aquello que los embarga. Todo -me parece- dependerá de su destreza, del conocimiento que hayan adquirido de los rudimentos de su arte.

    Tal vez, como dice Pitágoras -en boca de nuestro “Conde de Lemos”- ese ritmo universal que los hombres comunes somos incapaces de sentir, una refinada antena (por el dolor, por el sufrimiento o una natural humanidad) sea capaz de sintonizar: es el artista, capaz de oír esa “sinfonía” y traducir sus notas para el común de los mortales y hacer, de ese modo, que podamos deleitarnos, sentir, vivir.
    De acuerdo pues contigo, poeta, el artista “ve” aquello que otros no ven y siente lo que otros no pueden sentir, pero esa presencia, como la tuya, nos ayuda a los otros a vivir mejor, a ampliar nuestro espiritu.
    Un abrazo

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  4. El primer relato tuyo que leí en la Comunidad, más o menos estando ambos recién llegados a esa plataforma Me impresionó fuertemente porque en su momento no lo interpreté como una ficción. Es tal la emoción que el relato destila y está tan cuidada la expresión de los sentimientos que lo hacen extraordinariamente íntimo, próximo y creíble. Te ofrecí mi amistad con el corazón totalmente conmovido. Luego me alegró saber que sólo eras el autor y no el protagonista del relato. Magistral.

    Un abrazo, Javier

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    • ¡Miguel Guinea! mi generoso compañero de viaje por el siempre desconocido territorio de los blogs.
      Aquí lo tienes, recuperado del olvido, a este guitarrista de la frontera, tocando sus últimas notas sobrecargado de dolor y miedo por una muerte próxima y, también, lleno de gratitud por aquello que le dio el mundo, la vida, su arte, su música.
      Este relato me interesa por eso de emotivo que tiene. Creo que los relatos cortos que contienen una carga de profundidad permiten mayores posibilidades que aquellos que solo cuentan una anécdota, aun cuando quede limpia y bien ordenada. Hemingway era un maestro en esto de meter esas cargas de profundidad en el relato. Sin embargo, el enorme Borges no dejaba mucho espacio para estos artefactos emocionales y sus relatos son los mejores que se han escrito, según mi gusto (Solo para contradecir lo que afirmaba antes…) Bueno, en todo caso, el relato con emociones intensas, como casi todo en la vida, es el que más me suele gustar. Esta claro que no me atrevería a “usar” este recurso como lo hacen, por ejemplo, los productores de audiovisuales norteamericanos… ya vemos en el cine y la televisión, en las canciones y la fotografía, toda esa amalgama de sentimentalismo horrible que inunda las pantallas. O el mismo Internet. En fin, es otro tema este del abuso de lo emocional.
      Bueno estimado primo, un gusto atesorar tu comentario, como siempre. Un abrazo

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  5. mmerhum12 dijo:

    Buenas noches, Javier. Te felicito por el post y por el disfrute que nos ofreces con el vídeo. Una música genial, estoy tecleando y no paro de mover mi cuerpo al ritmo. Un abrazo. Mercedes.

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    • Querida Mercedes
      Gracias por pasarte y leer, escuchar.
      Como ya debes saber, Django Reinhardt era un virtuoso de la guitarra desde niño pero tuvo un accidente a muy corta edad que lo dejó con dos dedos de la mano paralizados. Sin embargo, su capacidad para la ejecución y creación de obras extraordinarias no disminuyó en nada y al contrario, se juntó con el violinista Grapelli para dar forma a uno de los dúos más importantes de la historia del Jazz. Era un genio.
      Recibe un beso

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  6. Humberto dijo:

    Hola Javier, leyendo este relato me hiciste viajar en el tiempo hacia tu artículo previo “Leer”. Nos haces vivir y sentir al personaje de la historia. Muy bueno el relato. Felicitaciones

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    • Hola estimado Humberto
      Sentir a un personaje es, justamente, de lo que me gusta hacer cuando leo a otros. Me queda claro -como lo he dicho otras veces- que esto se consigue en mayor o menor medida por el escritor gracias a su capacidad de trasmitir emociones o ideas al lector a través de la selección de las palabras, la ordenación de las ideas, de sentimientos y la distribución de la información en el relato, entre otras cosas. Escribir no es fácil. Escribir bien, claro. Y no porque sea una cuestión de profesores o algo así, sino porque las historias tienen que seducirnos, simplemente, y eso no se logra por casualidad. Por eso admiro a aquellos escritores que aparentan simplicidad, claridad de ideas, pues sé lo difícil que es lograr esa superficie tan pulida y lúcida, tan fácil de sentir y entender.
      Me alegra que te haya gustado este relato. Recibe un fuerte abrazo y gracias

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  7. Pensador dijo:

    Buenas tardes Javier:

    Has creado un personaje de interesante pasado, confundido presente y amenazado futuro, tan real como esos seres cuya riqueza de vivencias hace de sus vidas más bien una novela. ¡Cómo se parecen la realidad y la ficción! Quizás vivir, también sea un arte como el escribir.
    Es tan real que se pregunta ¿Cómo sería el relato de esta vida sin la enfermedad? Quizá piense: *Si no hubiera sido tocado por el cáncer, la gente apreciaría la franqueza y nostalgia que tengo al recordar y narrar la vida que elegí*.
    Somos tan frágiles de mente y corazón que nos preocupamos del qué dirán, como si los demás marcaran el ritmo al que hemos de acompasar nuestro encuentro con el misterioso destino, que por cierto a veces, como nosotros, también parece danzar caprichosamente el son de esa música celestial, sin tener en cuenta que es una prodigiosa sinfonía de armonía y belleza universal, aunque muchas veces por gajes del oficio la percibamos como un estremecedor ruido más bien. Pero si decidimos escribir nuestra historia, hagamos como el gran Valdelomar: ¡Qué sea un regalo de sinfonía cerebral!

    Un abrazo.

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    • Ha sido un acierto tu sobrenombre, pensador. Así pues, pensemos, sintamos juntos, sentados a la orilla de unas palabras escritas, como las de este relato, que es el de un hombre que va a morir y se ve impulsado a poner unas palabras en papel, a escribir.

      De tu lectura has señalado esto: ¿Cómo sería el relato de esta vida sin la enfermedad?, pues bien, esta es la frase que alimenta todo el relato, la que lo estructura.
      La conciencia de una muerte inminente genera una luz que ilumina el presente y los recuerdos de un modo distinto; tal vez intensifique la mirada, hasta hacerla algo minuciosa, que escudriñe por los rincones de la memoria, y así lo vivido adquiere una claridad que no suele estar en la vida corriente, empañada de futuro, preñada de anhelo.

      Y este hombre, a pesar del miedo normal que le produce la idea de morir, se acerca con gratitud a lo que vivió, y reflexiona sobre la fortuna que fue para él su arte: la música, esos sonidos que, agrupados en una estructura, generan la armonía musical, cuando se ejecuta con maestría.

      Escribir con la muerte pisándote los talones produce eso, una potenciación de la vida, un crecimiento de lo más pequeño y de todo aquello que significa ser, la intensificación del momento presente y la valoración del pasado, su atesoramiento. En definitiva, si fuésemos capaces de morir antes de morir, podríamos de algún modo entender mejor lo que es la vida, sino toda al menos la nuestra.
      Recibe un abrazo y gracias por leer, pensador.

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  8. Enrique Horna dijo:

    Simplemente muy bien definido ese momento que en que sabes que vas a morir, que la vida, esta llamada vida se termina y sigues sintiendo pasion por ella y por lo que descubristes a traves de tu caminar por esos senderos donde tienes que respirar, llorar y reir.Que autentico debes ser contigo mismo, recibir la muerte escribiendo, narrando ese pasaje del que no volveras y tremenda angustia y curiosidad por aquella noche que vas a descubrir, puede ser una luz intensa o tal vez la negra pero bien negra soledad, silencio absoluto donde la nada se convierte en un casi recuerdo del todo pasa. Que extraordinaria forma de homenejear la vida, sabiendo que te queda poco, abrazando a tus arboles que sembrastes y cultivastes con inocente humildad, llorar
    a lo que cultivastes, y decir que la vida es tan bonita a pesar de sus locuras y arrebatos que muchas veces no entendemos. Grande Jose Samarago para recordar a su abuelo.

    Un abrazo

    Enrique

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    • Hola Enrique
      Antes que nada felicitarte por las buenas y bonitas palabras de tu comentario. Me gusta ésta frase: “Qué autentico debes ser contigo mismo, recibir la muerte escribiendo, narrando ese pasaje del que no volverás”, y es que cuando alguien se decide a escribir en esos extremos no puede sino producir desde una profunda sinceridad, desde las entrañas de la vida, de su vida o lo que le queda de ella.
      Mencionas una frase del discurso de Saramago cuando recibió el Nobel de literatura, la frase en la que recuerda cómo su abuelo se despidió con un abrazo de los árboles de su huerta… es una imagen bella e interesante, poética, humana. Cuando uno va a morir –parece que es así- se siente con mucho más intensidad la vida y la de todo aquello que nos va a sobrevivir, la vida de cada ser, nuestros compañeros de viaje. Otro gran momento, pero este de ficción -no por ello menos poderoso- es la imagen del androide de Blade Runner cuando salva de la muerte a su perseguidor, sabe que le queda muy poco tiempo, que se muere, y decide que aunque él no tenga posibilidad de sobrevivir, lo vivo es hermoso y merece seguir viviendo. No puede ni quiere matar. Ama la vida -en el momento de su muerte-, más que nunca.
      Finalmente, unas palabras del escritor Diego Fresan en la entrevista que le hizo en la Feria del Libro de Guadalajara – Mexico hace unos días la bloguera Danioska para la Revista Soho:
      “La ficción se alimenta de las vidas que no tenemos, mientras la emoción poética se alimenta de las vidas que hemos perdido. Nos nutrimos monstruosamente de las cosas que nos duelen, es como si nuestra vida fuera un sistema de capas y cada muerte sufrida nos volviera más densos. A veces pienso que la vida consiste en sobrevivir a un bombardeo: se te muere alguien, se te enferma alguien y tú vas caminando entre las bombas, preguntándote cuándo te va a tocar a ti.”
      Un abrazo Enrique

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