El nuevo lector

El nuevo lector no es alguien que necesariamente recién se incorpora al mundo de las letras impresas y comienza a leer. El nuevo lector puede ser también aquel que se ha pasado la vida leyendo y que parecía
tener costumbres sólidamente establecidas en este terreno. En la mayoría de los casos, el nuevo lector es una combinación, una mezcla de dos tipos de lectura que ahora conviven.

Algunas de las causas para este cambio en el modo de lectura son las pantallas, los distintos dispositivos electrónicos que poseemos para leer, básicamente, en la red, así como la enorme cantidad de información, su fácil accesibilidad y su atractiva presentación.

El mercado global de venta de libros en librerías -y otros lugares que comercializan libros- ha caído los últimos años. Algunos analistas son optimistas al señalar que se debe a que ahora se vende más por
Internet, al crecimiento de los Ebooks, etc., y digo optimistas porque ellos atribuyen la caída en las ventas a un cambio en el comportamiento de los compradores de libros, más que una huida del gusto por leer libros.

También cabe la posibilidad, al menos aquí en Australia, que nos hayamos infectado con la enfermedad norteamericana. En USA la venta de libros -la de Ebooks y libros de papel- viene cayendo desde hace una década.
En gran parte esto se debe, según analistas, a que los conceptos sobre trabajo y ocio están cambiando. La profusa presencia de los ordenadores en la vida en general ha cambiado nuestra forma de relacionarnos con la lectura, entre otras cosas. La concentrada atención que requiere la “lectura lineal” (en contraposición a la lectura, vamos a llamarla “simultánea”) se está perdiendo.
Sabemos que la concentración y la comprensión de lectura están íntimamente relacionadas. Pues bien, este tipo de lectura es cada día menos frecuente. La lectura simultánea -que antes también se
efectuaba en las consultas a enciclopedias, por ejemplo- son las que dominan el mundo de la lectura en el presente. Un poco aquí, otro poco de allá. Esto, para aquellos que publican libros, sobretodo de ficción, es preocupante.

En su libro “Shallows: how the Internet is changing the way we think, read and remember” (“Aguas poco profundas: cómo Internet está cambiando nuestra forma de pensar, leer y recordar”) el periodista
norteamericano, Nicholas Carr, dice: “antes era un submarinista en el océano de las palabras, ahora solo me deslizo sobre la superficie como con un Jet Ski”. La razón, sospecha Carr, es el alto nivel de conectividad del mundo “on line”, tanto para su trabajo como para la mayor parte de actividades que requieran información de la red.
Por otra parte, este tipo de lectura, dice, crea un tipo de persona que él llama “despistados crónicos”, muchos de ellos los encuentra entre sus compañeros de trabajo a quienes ha ido observando desde hace varios años. Mientras más tiempo pasan frente a un ordenador, más despistados, ansiosos y estresados los encuentra. La anterior tranquilidad ahora se vislumbra lejana: email, SMS, móviles, blogs, redes sociales, alertas, etc. nuestro cerebro se tiene que acomodar a esta nueva realidad y, en cierta medida, lo hace, sacrificando la atención. No todos soportan tranquilamente esta nueva situación.

Una investigación señala que los norteamericanos han doblado el tiempo “on line” desde el 2005, y el tiempo que emplean leyendo material impreso ha descendido 11% en el mismo periodo (29% entre personas de entre 25 y 35 años).

La neurocientífica Susan Greenfield en su libro “Tomorrow’s people” (“Gente del mañana”) del año 2003, divide a las personas en “gente del libro” y “gente de la pantalla”. Allí vaticina un cambio generacional en la forma de leer, el paso de la lectura lineal a una lectura simultánea, superficial, hasta que nuestros cerebros se adapten a ese desborde de información que significa Internet.

Si los descubrimientos en neuroplasticidad del cerebro son ciertos, esta nueva situación no puede dejar al cerebro sin cambios. “Más usamos Internet, más entrenamos a nuestro cerebro a distraerse, a procesar información rápidamente pero casi sin atención” dice Greenfield. Sin embargo, no todos podemos estar en lo que el autor Cory Doctorow llama el “ecosistema de tecnologías de la interrupción” que es Internet, sin caer en el estrés y la ansiedad.

Sabemos desde hace tiempo que las frecuentes interrupciones nos despistan, dispersan nuestras ideas, debilitan nuestra memoria y nos producen tensión y angustia.

Google, el motor de búsqueda de información más grande de la red, promociona y se beneficia de la lectura superficial y rápida de las páginas web visitadas por los usuarios de la red. Hasta cierto punto, la conectividad puede resultar vertiginosa pues podemos acabar muy lejos de donde empezamos nuestra búsqueda, con la consecuente pérdida del objeto de la misma y de lo que nos interesaba en principio.

Contemplar este nuevo panorama debe hacer reflexionar al escritor. El nuevo lector ocupa mayor espacio e incluso está cambiando los intereses editoriales. Los trabajos creativos que requieren profunda y sostenida atención, aquellos que pretenden dejar memoria indeleble a su paso, siempre estarán en ventaja sobre sus competidores culturales. Aun cuando los lectores sean superficiales, los escritores deben hacer libros que resistan la superficialidad. Al margen de los artículos periodísticos y de revistas, así como la no-ficción, que son más vulnerables a la lectura superficial, los trabajos que emplean un lenguaje innovador y que capturan la mente del lector con el viejo y adictivo método de la seducción, que no es otro que el de escribir bien, saldrá siempre mejor parado que cualquier otro producto cultural. En otras palabras, el objetivo es seguir escribiendo como se hace desde hace quinientos años. El arte de mantener e incentivar la curiosidad que tiene un libro es incomparable a la hora de profundizar las emociones y expandir la mente, nos otorga más vidas que aquella a la que estamos biológicamente asignados, y nos da momentos gloriosos, difíciles de comparar con otra cosa.

Parece que el cerebro humano está pasando por un momento de reestructuración a través de la lectura superficial y errática, lo cual no quiere decir que no podamos volver al estado anterior de lectura profunda y ensimismada. Esperemos que la plasticidad de nuestro cerebro encuentre el camino, mientras tanto hay que seguir escribiendo como siempre se ha hecho, siendo fiel a uno mismo y a nuestras capacidades para expresar nuestro mundo y seducir a nuestros lectores.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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8 respuestas a El nuevo lector

  1. Escribir como siempre, de acuerdo. Y leer como siempre, casi que también. Lectura y escritura están relacionadas de forma estrecha. Si un lector superficial pretende escribir, escribirá un texto superficial. Si lo hace la mayoría, los textos tenderán hacia la entropía y la uniformidad, y así sucesivamente hasta el aburrimiento. Escribir como siempre se ha hecho, sí, estoy de acuerdo.

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    • La enorme influencia de las pantallas y la información simultánea hace del lector actual un “surfista” de los contenidos. Sin embargo, no se puede decir que todo sea malo de las pantallas -de hecho, por ejemplo, la investigación está pasado por muy buen momento-, habrá que esperar (y desear) que el cerebro se adapte a esta nueva forma de procesar información, gracias a su plasticidad, y el nuevo lector sea capaz de aprovechar los contenidos por los que va saltando a gran velocidad y sin mayor criterio.
      Escribir, como bien dices, se debe seguir escribiendo como siempre se ha hecho, cuidando el fondo y la forma, y no intentar solamente ganar lectores que cada día exigen menos profundidad a cambio de una superficialidad complaciente con sus nuevos gustos. Y, por lo demás, como dijo Borges, lo único que se puede decir del futuro es que no será como el presente. O algo así. Saludos Santiago.

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  2. Una amiga mía, psicóloga, hablando de su minuta, me explicaba el efecto terapéutico que para sus pacientes tenía el hecho de pagar. En un mundo donde abundan los contenidos aparentemente gratuitos se extiende el desinterés, la falta de atención y por ende el aprovechamiento. Digo aparentemente gratuitos porque lo que no queda tan claro es que el pago lo realizamos con esas micro atenciones ( a veces no tan micro) a temas que en principio no son de nuestro interés y que constituyen el sustrato —comercial, ideológico, apostólico, político…— que financia los contenidos. Si fuéramos capaces de calibrarlo y valorarlo a un precio estándar de hora/hombre nos daríamos cuenta de que la factura es monstruosa.

    Todo esto estaba bastante más claro en los tradicionales sistemas de comunicación, información y entretenimiento como la radio, la televisión y los periódicos. Ahora con la red parece surgir un nuevo paradigma pero en realidad es, más que nada, una cuestión de cantidad, de volumen. Aumentan de forma exponencial los temas triviales. Tampoco veo necesario dedicar excesiva atención y concentración a algo que no lo merezca. Sería algo así, como ojear revistas, leer mientras se escucha música o silbar mientras se lee este comentario.

    Un abrazo, Javier.

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    • Hola Miguel
      Dile a tu amiga que yo no tengo problema con la gratuidad y la concentración, es decir, si no me cobran por algo no pierdo el interés por ello, eso lo tengo claro. De todos modos, es muy simpático de su parte pensar que cobrando crea un efecto terapéutico… parece una buena psicóloga! Los abogados piensan igual.
      En cuanto a la gratuidad no queda nada más que decir que cada día hay menos cosas en el mundo gratis, aun cuando parezca lo contrario. Así nos va. La publicidad y el marketing han acaparado el mundo, sabemos que no hay mucha escapatoria, al menos por ahora; en mi caso no tengo que lidiar con tanta propaganda o, en otros casos, el hurto de mi información personal, por ejemplo, gracias a que cuando leo libros de papel no hay nadie además que el autor y yo mismo. Lo único que me gusta del estado actual de cosas es que los precios de los libros han bajado, al menos los de ficción. Eso se lo tengo que agradecer a los ebooks y a los piratas.
      Bueno primo, te deseo un buen día!
      Un abrazo

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  3. Pensador dijo:

    “El tiempo es oro”… ya no es un exagerado y cariñoso consejo del abuelo, ahora es un apremio a quienes nos agrada sumergirnos plácidamente en la lectura. Es frustrante comprobar que el día y el descanso se acortan sobre todo en las ciudades y nos hace esclavos del tiempo, con poco espacio para desarrollar o empezar a cultivar hábitos de lectura, entre otros de sano esparcimiento. No es que piense que la gente va a dejar de leer, lo que sucede es que recién nos estamos adaptando a las exigencias de velocidad de la vida actual. Modernas vías y complejos instrumentos para agilizar el tráfico parecen ser en parte la solución del futuro para que recuperemos las horas de nuestro apacible confort en casa, porque los ordenadores por muy sofisticados y veloces que evolucionen no lo harán, ellos más bien son y serán, los que marquen el ritmo del avance de este mundo que ya empezó a viajar con movimiento uniformemente acelerado.
    La lectura lineal tal como la conocemos puede ser la misma en el futuro, la mente de las jóvenes generaciones se agilizan no para una carrera contra el reloj, no es necesario, ellas están en armonía natural al ritmo de los nuevos tiempos, entonces, el quid del asunto no es que los tradicionales y añejos escritores se emparejen al paso (que sí pueden hacerlo), sino que los nuevos, lejos de temer los cambios más bien les den la bienvenida y acorde a ellos, asuman el reto de seguir cautivando la mente de los lectores que sacrifican en honor a su talento… lo precioso de su tiempo.

    Un abrazo Javier.

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    • ““El tiempo es oro” y, efectivamente, debería ser un apremio, porque ese tiempo que es precioso, como bien dices, lo gastamos a de forma abundante en cosas u ocupaciones que suelen servir para llenar los bolsillos de algunos tipos listos y, a nosotros, hombres y mujeres siempre muy ocupados en trabajos tediosos, nos queda poco tiempo para hacer lo que deseamos con nuestro tiempo, a cambio de dinero para seguir comprando y pagando, gastando, sin darnos cuenta que estamos dando vueltas en círculo vicioso por donde se nos escapa la vida.
      En cuanto a la lectura y concentración, bueno, como sabemos la comprensión de lectura requiere de un nivel de concentración superior al que se necesita para leer las etiquetas o los precios en los supermercados, sin embargo, en estos tiempos de uso constante de pantallas, más que leer lo que realmente se hace es distraerse. Entiendo que estamos en un proceso de cambio en la forma de lectura, pues es obvio que la cantidad de información expuesta o disponible a través de Internet afecta al usuario de forma directa. Es un hecho que estos cambios están modificando profundamente a las nuevas generaciones que nacieron con las pantallas como los instrumentos más importantes que usan para la lectura y ven los libros de papel como antigüedades, o casi. Lo que viene es algo que no me atrevo a pronosticar, pero me atengo a lo que ya dijo, tan acertadamente por cierto, Aldous Huxley en “Brave new world”. Tal vez la concentración de la lectura lineal y sostenida no sea necesaria en el futuro. Eso tiene implicaciones, indudablemente.
      Un abrazo Pensador y gracias por dejar tu comentario.

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  4. Muy interesante reflexión. Son temas que me preocupan mucho, no sólo como escritora y lectora, sino también como madre, por lo que comentas de las dificultades de mantener la atención y de obtener un conocimiento no superficial, de calidad, los posibles cambios en el cerebro, etc. ¡Un saludo!

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  5. Hola Carmen,

    Al igual que tu, en mi caso como padre, me preocupa la educación de los chicos y jóvenes, sobretodo en un tema tan importante como la atención y la comprensión de lectura, no porque crea que deban convertirse en unos “ratones de biblioteca” o profesionales de éxito o cualquiera de esas cosas, sino porque creo que una persona que es capaz de atender, de escuchar y, sobretodo, entender aquello que se le comunica, ya sea de forma oral o escrita, tiene la posibilidad de una mejor vida, así, en general. Gran parte de mi tiempo lo paso con gente cuyo nivel de atención es muy pobre, y me doy cuenta no solo de lo difícil que les resulta comunicar sus ideas, sino que sufren también al intentar establecer relaciones en una sociedad que entienden poco, superficialmente o mal.
    Los medios de comunicación e Internet han cambiado nuestros hábitos de lectura, es un hecho. Lo que vaya a pasar de aquí en adelante es difícil de saber, pero no veo que el futuro sea muy prometedor al respecto; creo, sin embargo, que los padres tenemos la responsabilidad de hacer entender a nuestros hijos que tener más objetos, cambiar constantemente de juguetes, comprar nuevos modelos o versiones de lo mismo, produce mayor ansiedad y finalmente los hace más proclives a la frustración y, a largo plazo, a una cierta forma de infelicidad.
    La lectura lineal y profunda será superior mientras nuestros cerebros mantengan la misma capacidad para procesar los datos que se reciben de la lectura, pero esta comprensión de textos no se debería ver únicamente como una herramienta para el éxito laboral -la educación, en general, está dispuesta en la actualidad en ese sentido- sino también como un elemento para entenderse a uno mismo y, por extensión, al mundo.
    Saludos!

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