Una historia real

A un amigo le gusta empezar una historia con eso de “esto que te voy a contar es una historia verídica”, como si esa afirmación le diera un aura distinta a su historia, la hiciera más real que, por ejemplo, los cuentos de “Las mil y una noches”. La historia que voy a contar es real, pero la cuento no con la intención de convencer a nadie de su “veracidad”, sino con el afán de deshacerme de su recuerdo, que viene a visitarme alguna noche en sueños.

Aquella mañana despertamos con un ruido en la habitación, un ligero pitido o silbido. Cuando abrí los ojos me encontré con una araña del tamaño de un perrito Chihuahua pegada al techo sobre nuestras recién amanecidas cabezas.  Se habría colado por la ventana durante la noche desde algunos de los árboles de afuera –Christina, como una recia vikinga, dice que hay que dormir con las ventanas abiertas para que entre “fresco”, sin pensar que yo soy como los perros sin pelo que se resfrían hasta de un portazo-, el quieto animal tenía la barriga y las largas patas peludas, era de varios tonos marrones, cabeza plana y los ojos negros como agujeros, como dos pequeños ojales… Christina pegó un grito y yo otro. Nos abrazamos. Por un momento no supimos qué hacer, decidimos llamar por teléfono a su ex novio que nos dijo que no nos moviésemos, mientras él iba a consultar su libro, una especie de pesado Vademécum sobre las arañas australianas que nos había enseñado orgulloso una noche de cena en su casa. Nosotros, mientras tanto, debajo de las sábanas, le íbamos describiendo el animal, en voz baja, aterrorizados.

  • Ahhh –dijo, después de un rato- es una “araña común”, come moscas, no pasa nada, no es venenosa… y colgó.

El concepto “común” estaba muy lejos de tener algo que ver con esa araña, y el hecho de que comiera moscas no incrementaba en lo más mínimo mi confianza hacia ella. Al escuchar a su ex tan tranquilo, mi mujer se levantó y fue a la ducha, ignorando al animal por completo, y antes de irse a trabajar me pidió que la matase, que matase al monstruo ese, así, como si nada, y cerró la puerta.

La araña y yo pasamos mucho tiempo juntos ese día, le abrí todas las puertas, las ventanas, pasé mucho frío (el invierno aquí es crudo) le hice toda suerte de ruidos seductores mostrándole -muy amablemente eso sí- las distintas opciones de salida, lo bonito que se veían los árboles afuera de la ventana abierta. Pero esta araña común se parecía a mi tía Silvia, que no se iba de casa hasta que mi madre roncaba y babeaba dormida frente a ella, cansada de escuchar sus historias, tan largas como aburridas. Nada. No se daba por aludida. En fin, pasado un tiempo más que suficiente para que se diera cuenta de que se podía marchar sin problema, entré decidido en la cocina, saqué la escoba más robusta del armario y regresé con ella a la habitación. Este proceso lo repetí unas 5 o 6 veces, sin animarme a darle el golpe, según yo por darle otra oportunidad al animal, cuando lo cierto es que lo hacía por temor a que me salte a la cara confundiéndome con una mosca (Kafka).

Se acercaba la noche y con ella mi mujer, de regreso del trabajo, incrementándose mi desasosiego según pasaban los minutos. Me había recluido en el escritorio, alejado del bicho al que iba a mirar cada cierto tiempo y constatar que no tenía la más mínima intención de ir a visitar a sus familiares del árbol vecino del que había saltado, así que tuve que encender la luz de la habitación, siempre cagadito de miedo por temor a alguna reacción extraña de la tan común y corrientísima araña come moscas de los cojones; bebí un sorbo de agua, dejé el vaso y entré, poseído por una furia andina y armado hasta los dientes con la escoba, cual quijote arremetiendo contra molinos de viento, y con toda mi furia, la ataqué. Efectivamente, con muy poco éxito; tan poco fue el acierto del golpe que la araña dio un salto y se metió debajo de la cama.

Oculto ya del otro lado de la puerta, adonde había ido a parar de un felinesco salto, me preguntaba cómo era posible ser tan torpe, cómo no acertarle a un animal de ese tamaño, sin protección, y con una escoba tan grande. Lo único que había conseguido era aplastar, y de paso ensuciar, el techo blanco de la habitación. Terror. Quise llamar al ex novio de mi mujer pero mi sentido del ridículo hizo contrapeso para regalarme un poco de dignidad, que tanto escaseaba en esos momentos.

  • Si no encuentro rápido esa araña me jodo, mi mujer me aplasta y me arroja a sus fauces para que me devore ¿Cómo le digo que tenemos que dormir con la araña debajo de la cama?

Decidí armarme de valor y mirar por donde se había escapado el monstruo, levantando despacito las faldas de la cama, eso sí, siempre aferrado a la escoba. Esperaba un salto de la araña a mi cara por idiota, sin duda; imaginé que salía corriendo hacia el baño con la araña estrangulándome o mordiéndome agarrada a una de mis orejas.  Sin embargo, nada de eso sucedió, no, ahí estaba la comúnmente asesina de moscas y peruanos que, gracias a un milagro de San Martin de Porres, estaba maltrecha y atontada, imposibilitada para ningún salto porque le había acertado lo justo para herirla con mi fulgurante arremetida. Fue más que suficiente. Metí la escoba y la arrastré hacia fuera. Tuve que matarla de un pisotón de lo más infame. Sonó crack. La verdad que en ese momento sentí lástima por el animal que no había hecho nada más que poner al descubierto mi horror por los de su especie o, simplemente, mi cobardía, pero bueno, no era cuestión de arriesgar mi matrimonio por su salvación.

Cuando Christina regresó del trabajo yo ya me había convertido en, ni más ni menos, José Olaya Balandra, con mi ropa blanquita y una sonrisa de valiente héroe en la cara. Le sugerí concederse el privilegio de ir a ver mi trofeo, alojado en la bolsa de basura, cosa que declinó amablemente. He aprendido algunas cosas en esta ciudad, he aprendido, por ejemplo, de qué color son las malaguas que te pueden matar, las arañas que te pueden matar, las serpientes “comunes” que te pueden matar, los tiburones que normalmente te matan o te dejan cojo, manco o las dos cosas, entre otras cosas útiles para asistir a las barbacoas de los domingos y conversar con los amigos mientras disfrutamos de una cerveza fría a la sombra de algún frondoso árbol frente a un mar azul, sin temores, gozando de la naturaleza, que es tan bella y tan real… aquí en Australia.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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18 respuestas a Una historia real

  1. Pensador dijo:

    Entretenido y kafkiano relato, aunque no sé que hace una araña come moscas australiana matándonos a los peruanos, bueno, todos tienen derecho a emigrar, pero nosotros tenemos nuestras propias arañas, unas bien grandes y peludas que campean en nuestra selva sin que su tamaño las haga más peligrosas que otras más pequeñas, o tan letales como la “viuda negra” que abunda en nuestras serranías y zonas rurales de la costa y que, pese a lo que dicen algunos “entendidos”, su mordedura puede causar la muerte. Ah, y en las ciudades que aún conservan casas de quincha (estructura a base de barro y caña) o en Lima, la capital, en sus barrios antiguos que aún mantienen casas de adobe (ladrillos de barro y paja cocidos) que datan de hace más de un siglo, es posible tener un encuentro con la muerte entre sus resquicios, ya que la “araña casera” como comúnmente se le conoce suele habitar ahí, y algunas de sus variedades son muy venenosas.
    En efecto, un encuentro con ellas te deja pasmado de miedo cual sea su tamaño, pero las grandes tienen un plus: saltan mas lejos y se te prenden como un pequeño pulpo. Hay que tener más que una furia andina… una impasible maña selvática para ser certeros al matarlas, sin embargo, el chorrillano José Olaya Balandra también hubiera quedado agradecido al ahora santo Martín de Porres Velazquez conocido también como *el santo de la escoba* (no por ser matarife de arañas sino más bien por su humildad de labores) por haberle reservado con vida para otros peligros mayores en defensa de la libertad del Perú, la amada patria.
    Es bueno aprender a conocer a las alimañas que pululan por el mundo, sobre todo si por nuestros placeres y/o trabajo, nos hemos obligado a trotar lejos de nuestros propios peligros.

    Saludos y un abrazo Javier.

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    • Hola pensador
      Como puedes ver algunos peruanos no solo tenemos -hoy cada vez menos, me parece- problemas con inmigración, sino que hay también otros “males” a los que nos tenemos que enfrentar o acostumbrados a ellos, so pena de que digan que no nos queremos asimilar o integrar al nuevo hogar. Las arañas puede que sea uno de esos elementos. Si te soy franco aun no he logrado del todo acostumbrarme a verlas por todas partes, pero tampoco me molesta demasiado.
      Este relato narra hechos que sucedieron hace varios años, cuando sabía menos y era menos tolerante con esos animales. Hoy es todo distinto, aunque aun siento un poco de aprensión encontrar uno en mi habitación, pero ya no llamo a nadie y resuelvo las cosas con mayor destreza.
      Hace una pocas semanas se llevaron a un niño a emergencias muy mal, luego de que lo mordiera una araña en su jardín. Se trataba de una araña “funnel web”, muy peligrosa, y que te la puedes encontrar en cualquier jardín de por aquí. O sea que es mejor siempre mirar dónde va uno a aposentarse, no vaya ser que haya sorpresa!
      Es cierto que nuestro Martín de Porres es, desde hace ya un buen tiempo, santo! Disculpa por mi atraso en esto, parece que yo aun me quedé cuando aún era un sencillo fraile.

      En cuanto al tamaño del bicho en el relato, la exageración es producto de la impresión que me produjo el bicho en su momento… en todo caso era grande, al menos así lo recuerdo.
      En efecto, en Lima y en otras ciudades de nuestro país, hay arañas que sin ostentar mucho son tan venenosas como las de otras latitudes -mi tía Silvia incluida-, sin embargo, he visto más casos de mordeduras desde que vivo en Sydney que nunca antes en ninguna otra ciudad en la que viví o pasé una larga temporada. Aquí como que son más activas, no sé bien por qué.
      Un gusto como siempre pensador, espero que celebres una buenas fiestas y te deseo mucho exito en el 2015.

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  2. Adriana Hincapie dijo:

    Excelente Javier, me he reído cantidades! me encantan tus descripciones, la recia vikinga, tu furia andina, la araña extrangulandote…etc. fantástico relato, animal!

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    • Hola Adriana!
      Me da mucho gusto saber que te ha gustado este relato. No sé si las arañas puedan estrangular pero sé que se me entiende si lo digo así, es una imagen que solo la podía conseguir con esa palabra.
      Por otra parte, como todo relato “real”, es un poco exagerado, siempre modificamos lo que vivimos cuando lo escribimos, inevitablemente. Esto pasa hasta en el periodismo que, supuestamente, intenta narrar las cosas con “objetividad”.
      Lo dicho, un gusto y un halago el saber que has pasado un buen momento gracias a este relato.
      Un beso

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  3. Querido primo, no sería tan común esa araña si es que de verdad era un insecto.
    Un relato muy divertido. He disfrutado mucho leyéndolo. La caza y la defensa son los roles tradicionales de nuestro sexo que nos vemos obligados a aceptar en el hogar normalmente enfrentándonos a cucarachas y polillas; dos animales que, no sé muy bien por qué, suelen provocar pánico o aversión a nuestras mujeres. Ahora bien, ¿una araña del tamaño de un chihuahua?… ¡eso son palabras mayores! ¡Estás hecho todo un héroe!
    Desde que vivo solo me dejo llevar por mi naturaleza jainista y convivo con toda clase de bichos. Por ejemplo, he tenido una araña bastante más de un año en un rincón del techo de mi estudio, más o menos encima de mi mesa de trabajo. Un buen día desapareció. Ahora la echo de menos. Un fuerte abrazo, Javier y gracias por regalarnos tan buen rato.
    Miguel

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    • Mi estimado Miguel!
      Agradezco de veras tu atenta lectura; los insectos y las arañas tienen en común muchas cosas, pero –como bien apuntas- no son lo mismo. Tuve que asomarme a Wikipedia para “desasnarme” del todo, y no lo hubiera hecho sin tu amabilidad para señalar esos fallos –importantes- en el texto.
      Un “chiwawa” es un perro muy pequeño, como todos sabemos, y yo lo uso como imagen referencial para describir el tamaño de una araña –“esa” araña- a las 7 am, en una habitación recién iluminada por los tímidos rayos del sol, con dos personas aun entre las sábanas y en la que no esperas otra cosa que matinales cantos de pájaros y preparativos para el nuevo día. Tal vez pequé de exagerado, pero tampoco Kafka se cortaba un pelo (¡perdón por la comparación!) con sus representantes de ventas/cucaracha; yo, que soy un mal imitador, usé el “perrito araña” para este relato (Homer Simpson también tuvo su cerdo- araña).
      En cuanto a nuestra viril naturaleza cazadora, me alegra comprobar que gracias a la modernidad (lo que esto signifique) nos hayamos visto constreñidos a luchar casi unicamente contra polillas, arañas y cucarachas –algún que otro ratón, pero estos cada día se ven menos, para mi tristeza- pues sigo siendo un cobarde en lo que a matar animales se refiere, inclusive arañas de cualquier tamaño.
      Veo que tu “naturaleza jainista” permite una vida amable con los animales, aun cuando no se trate de mascotas u otros animales domésticos. Esa convivencia que cuentas con la araña sobre tu mesa de trabajo es conmovedora, todo hay que decirlo.
      Bueno primo de allende el océano, recibe un fuerte abrazo.

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  4. Juan dijo:

    Si pues no siempre es lo que parece ser. Un abrazo.

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  5. mmerhum12 dijo:

    Me has hecho recordar algunas escenas con otros bichos…Muy bueno, Javier. Felices fiestas. Un beso. Mercedes.

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    • Hola Mercedes
      No todos los recuerdos con bichos son agradables, espero no haberte ocasionado algun tipo de malestar.
      Un beso y te deseo lo mejor para el 2015!

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      • mmerhum12 dijo:

        No me has causado malestar, me has hecho sonreir. Tengo algunas anécdotas con las salamanquesas: quise eliminar una que había en la cocina con una escopeta de aire comprimido -tenía buena puntería-, mi hijo era pequeño y al verme cogió una escopeta de juguete y venía detrás mío, cuando ya tenía a tiro al bicho, apunté, mi hijo hizo lo mismo y me movió, el resultado fue que partí el cristal de la ventana. Entonces era muy joven y ni se me ocurrió el mal ejemplo que daba a mi hijo usando el arma. El bicho quedó vivo y yo cerré la cocina durante varias horas hasta que llegó mi marido…Esta semana, levanté la tapa del WC y allí dentro había ¡una salamanquesa! Tiré de la cadena y me llevé todo el día mirando cada vez que iba. Un beso.

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      • Hola Mercedes! Qué graciosa escena con tu hijo y la pobre salamanquesa de “blanco”(salió indemne… no sería su momento!) Tal vez tu hijo se ha convertido en un defensor de los animales, luego de su temprana intervención.
        Aquí los llaman Geckos y, claro, también hay a montones. Espero que aquella que has hecho nadar en tu aseo no regrese con ganas de revancha!!
        Un beso

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      • mmerhum12 dijo:

        Tienes razón en lo de mi hijo y desde luego procura no darle juguetes bélicos a sus niños.
        Ja, Ja, me llevé todo el día recordando una peli de malísima de los 80, “Cocodrilo”, no sé si la conoces, pero de una cría echada por el WC pasó a un gigantesco monstruo por los productos químicos.
        Un beso.

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  6. EDUARDO dijo:

    Muy buen relato Javier, un gusto encontrarte por este medio amigo, espero todo te este yendo super bien. Por cierto soy Eduardo Cauracuri, que trabaje contigo aquí en Miraflores…Iquitos Trading, asi se llamaba la empresa creo. Deje mi carrera de contador y ahora soy coach ejecutivo desde hace mas de 10 años y consultor de empresas. Ojala nos podamos ver, aunque estas un poquito lejos jejeje, me avisas cuando estés por estos lares.
    Un abrazo y bendiciones

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    • Estimado y recordado Eduardo!
      Realmente una muy grata sorpresa saber de ti. Espero que te este yendo muy bien y que los exitos sigan alumbrando tu camino.
      Efectivamente, Iquitos Trading!! Mi hermano Carlos aun sigue en Chjina/Hong Kong haciendo negocios pero yo me retire de la vida del business y ahora me dedico a trabajar para una ONG (hace 4 anyos) que se dedica a la investigacion y ayuda para gente con Paralisis cerebral. Ago muy interesante y sumamente gratificante.
      Como esta tu hermano, mandale mis saludos.
      Sara esta en Espana (Alicante) y le voy a decir que nos hemos vuelto a contactar, seguro que le va a dar mucho gusto. Recuerdas el viaje de trabajo que hicimos a Iquitos (trabajamos menos que boletero de cine de barrio…jajaja), lo pasamos muy bien, algun hay algunas fotos por ahi…
      Recibe un abrazo y saludos

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      • EDUARDO dijo:

        Gracias por los saludos y los buenos deseos. Que labor tan noble la que haces. Claro que me acuerdo el viaje a Iquitos, “chambeando de sol a sol” jajaja…una noche me fui a una discoteca ¿te acuerdas? tu te quedaste con Sara, y cuando estaba a unas cuadras empezó a llover torrencialmente y me tuve que esconder en un portal como una hora creo, hasta que pase y mientras la lluvia pasaba me puse a conversar con unas chicas que estaban al frente, escondidas también jajjaja, que vacilon, me has hecho recordar. Ojala me puedas mandar algunas fotos. Saludos para tu hermano Carlos, aprendí mucho de él en los negocios que hasta hoy comparto en mis talleres. Un abrazo Javier

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