El árbol

El arbolSoy el árbol,

reviso mis hojas por el día,

Y por la noche

Mis brazos se abren despacio

Desde la tierra

Y hunden sus dedos

En el cielo,

Territorio de nubes

Y estrellas.

Mi inquietud

Me colorea de verde,

De marrón

Mi pensamiento.

El viento entre mis ramas,

Salta y se esconde.

A veces

Brilla la noche

en algunos ojos

Que se abren bajo la lluvia,

Guarecidos entre mis ramas.

Y cae esa lluvia

Que acaricio.

Millones de besos

Transparentes

vuelan

Para decirme que me quieres,

y quieres que siga subiendo lento,

Hacia ti.

Mi quietud es tuya,

Porque me estás mirando.

Viajamos juntos.

 Mi inquietud

Son colores,

los que tú me das.

Y Soy un brazo

Que se erige

Rotundo,

una  mano

que escarba entre tus faldas

 quiere agarrar el sol,

sostener la lluvia,

peinar el viento,

dibujar las estrellas.

Soy el árbol,

viejo y hierático,

dueño de silencio y de tiempo,

y tú,

que me estás mirando,

el cielo.

Anuncios

Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
Esta entrada fue publicada en Narrativa. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a El árbol

  1. Enrique Horna dijo:

    Muy bueno tu poema, toca lo lirico en la expresión más próxima al amor a la mujer que estremece.

    Saludos

    Enrique

    Me gusta

    • Enrique
      El tema de fondo de este poema es la escritura, claro que hay que hacer un poco de esfuerzo para ver esto, tal vez, cuando empiezo con aquello de revisar las hojas quiero dar una pista pero, más allá, luego creo que habla sobre el escritor y el lector -o los lectores-, y también sobre las palabras, que nos caen de ese cielo que son los lectores o el lector, sus historias… la idea era esa, pero al fin importa poco, ¿no crees? lo que debe hacer esto es gustar, y si logra en algo este objetivo me doy por satisfecho, y si no, bueno, ahí está de todos modos el intento.
      Muchas gracias por tu amable comentario,
      Un abrazo

      Me gusta

  2. J.O. Revolo. dijo:

    Simplemente bello y profundo poema, que refleja tu espíritu al tiempo. Un abrazo.

    Me gusta

  3. Pensador dijo:

    Siempre digo frente a un poema, que el poeta siente y escribe con el alma… la suya, y el lector lee e interpreta también con el alma… la suya.
    El monólogo interno es de excelente factura por lo que te felicito, seguramente sensibilizas a los lectores de múltiples maneras positivas. A mí el árbol de la fotografía – que me recuerda a los *renacos* que crecen imponentes en nuestra amazonía peruana- sumado al monólogo, me ubica en el escenario de una íntima y habitual conversación de una conciencia en paz… con el universo y la eternidad que la espera.
    Como digo, es el destino de la poesía: Avivar la libertad de interpretar.

    Saludos, Javier.

    Me gusta

    • ¡Hola Pensador!
      He pasado unos días complicados por cuestiones laborales, o sea, cuestiones rutinarias y aburridas pero necesarias, como todos sabemos. Es por eso que no te he contestado antes, cosa que me hubiera gustado hacer porque, como siempre, tus comentarios a lo que escribo me estimulan.
      Esos árboles que hay en nuestra amazonia, hermosos, imponentes, como bien dices, me traen a la mente una frase de Berkeley, hablando sobre la realidad, que se pregunta, un árbol enorme que se derrumba en medio de la selva y que nadie ve u oye caer ¿existe?; y yo pienso, tal vez exista como idea, como un ejercicio de nuestra imaginación, pero no como algo específico. Claro, la realidad ¿es lo específico para cada individuo? No lo sé, aunque creo que tanto la visión como la audición –por poner dos de los sentidos que experimentamos- requieren de un ser para identificar algo externo como existente. En fin. Me hiciste pensar en esto con esos árboles de la selva que mencionas.
      Algo parecido pasa con mi árbol, el de este poema; cuando yo lo escribo sé qué árbol me inspiró para escribir, pero cuando alguien lo lee lo entiende como otra cosa, como una idea, un conjunto de palabras, mejor o peor organizadas, que están allí para estimular de algún modo (el modo incluye el mero aburrimiento) a quien se asome a leerlas. Así que la realidad y la imaginación están conectadas por un mismo objeto: las palabras. Sin ellas no habría forma de llevar a cabo este extraño ejercicio que es la intersubjetividad, el intercambio de experiencias, ya sea por la conversación o por la literatura u otro medio que empleemos para decir algo.
      Y allí está el árbol, sigue envejeciendo en medio de un parque, ignorante de sus aedos, de sus observadores, de su calidad de musa.
      Un abrazo

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s