Una cabeza bien amueblada

Tal vez lo que quería era tener un hombre dentro de sus cuatro paredes. Alguien que deje sus cosas regadas por todas partes; unos vaqueros grandes, una camisa, tal vez una corbata, el olor de un perfume cítrico, un rastro amado y odiado a partes iguales. Era mucho tiempo de vivir sola entre sofás mullidos y una alfombra color canela de pared a pared. Su último novio la dejó entre cuadros que repiten una sola imagen, ante un espejo que comenzaba a trasmitirle una sensación difícil de explicar.

Hace poco conoció a alguien por Internet. A ella no es que le gustase la idea de usar el servicio de páginas web que supuestamente te relacionan con tu príncipe azul, pues lo veía como una derrota, conocer a alguien así le parecía ridículo, no, ella era una mujer acostumbrada al -ahora viejo- sistema de seducción cara a cara, previa evaluación de medidas y actitudes, para recién entonces decidirse a entablar conversación con un desconocido. Pero su mejor amiga salía desde el verano anterior con un hombre que conoció a través de un sitio web de parejas, y parecía feliz. Ella no le había recomendado nada, conocía su reticencia para con esa nueva forma relacionarse, pero sí fue honesta al contarle cómo conoció al que ahora era su novio, y, ya de paso, le contó también cómo se fueron conociendo y todos los pormenores románticos hasta terminar viviendo juntos, y eso la dejó con la curiosidad incrustada en los floreros. Y, como ella compraba flores casi siempre, un día, casi sin darse cuenta, mientras arreglaba unas bonitas gardenias, decidió empezar a navegar por páginas de contactos. Así conoció a este hombre.

Lo que la decidió del todo fue ver a su ex con otra mujer. Los vio de la mano en una de las puertas del hospital. No cabía la duda: el hijoputa se había echado novia. Entonces regresó a casa y volvió a cambiar la disposición de los muebles. El salón dio un vuelco casi total. Cambió la posición de los cuadros, el televisor, el equipo de sonido, la lámpara de pie fue a parar a otro ángulo, las macetas con plantas de tallo largo fueron cuidadosamente podadas y revitalizadas con abono; la luz que entraba al salón iluminaba rincones que poco antes estuvieron ocultos bajo la sombra. Nuevas visiones del mismo campo.

El chico que había conocido en Internet tenía cara interesante. Debía tener algo de ascendencia árabe -pensó-, con esos grandes ojos, profundos y oscuros, mandíbula recia y risa sonora, la frente inclinada, el pelo corto y rizado. Joaquín. Esa noche, después de horas de charla con él, se había masturbado en su habitación, recordándolo. Aun podía oír su risa salir de esa boca grande, se reía con todo el cuerpo, y eso también la excitaba. Lo imaginaba mordiéndola, sujetándola contra la cama, paseando lentamente sobre sus senos, sintiendo toda su piel sobre su cuerpo y sus manos transitar sus curvas, cogiéndola firme, dibujándola con destreza.

El salón quedó reluciente. La nueva mesa de centro de madera clara albergaba pocos adornos delicados y un florero. Del otro lado, la mesa del comedor, en línea con la moderna cocina, estaba rodeada por cuatro sillas mullidas de tela marrón y, contra la pared del fondo, un pequeño bar para preparar aperitivos y cócteles.

Esa tarde la vinieron a buscar. Había resistido, pero ya no podía más, era culpa de esa zorra de su vecina que la espiaba, que le envidiaba lo bien amueblado que tenía su apartamento, el cambio en la decoración. Era una vieja aburrida. De algún modo los esperaba y por eso le brincó el corazón cuando tocaron a su puerta, se le erizaron los vellos de la espalda, se le secó la boca. Al abrir nadie dijo nada, la hicieron salir, la metieron en la camioneta blanca y la llevaron al hospital. Allí la esperaba él. Le habló sobre cosas que venía escuchando desde niña; lo importante que era mantener la medicación, el compromiso que tenía con él, pero, sobretodo, consigo misma y con su familia; había prometido regresar cada mes desde que su madre la llevó a ver a ese médico. Se negó y opuso una resistencia demasiado débil para evitar ser inyectada. Sabía que era peor luchar. La dejaron dormir sobre una de esas camas anónimas y, al otro día, un taxi la regresó a su apartamento.

Sintió temor frente a la puerta y se quedó un rato frente a ella. Esa puerta de madera, ese rectángulo marrón, la separaba del mundo interior, un mundo que la atemorizaba, pero abrió. Ya no había cuadros, ni alfombras, ni flores, solo paredes desnudas y un espejo. Los sofás eran aquellos de sus padres muertos, viejos y gastados, y más allá una mesa con cuatro sillas. Frío, miseria y soledad. !Para eso la inyectaban cada mes?! Sentada sobre el sofá, con la cabeza entre las manos, pensaba que  tendría que resistir otra vez hasta que se le pase el efecto, hasta que la realidad se diluya y así poder, de nuevo, ver a su amiga, hablar con ella de su romance, caminar descalza sobre las alfombras, arreglar sus flores y mirar de lejos a los hombres que ella ama; y tratará de huir de ellos y resistir otra vez, pero sabe que, tarde o temprano, volverán para devolverle este mundo de mierda entre las cuatro paredes de su mente.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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16 respuestas a Una cabeza bien amueblada

  1. Impresionante Javier, ¡Vaya cambio de ritmo y escenario! ¡De repente nos pones la inyección, bien puesta y aquí nos dejas, en este mundo gris…¡esperando tu próximo y extraordinario relato!
    Un admirado abrazo.

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    • Jajaja así es Miguel, nada mejor que un buen pinchazo para regresar a la realidad!
      Este relato nace de la conocida expresión: ‘…tiene la cabeza bien amueblada’ y le quise dar un giro, cómo funcionaria esa misma metáfora en el caso de una persona con “problemas mentales” (lo entrecomillo porque nunca he tenido claro este concepto, pero este es otro tema) Espero que te haya resultado entretenido.
      Un abrazo maestro!

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  2. Por fin!!! Aquí está!!! Lo sacaste al fin de tu cabeza y lo pusiste a pasear ante nuestros ojos…
    Hola, Javier… 🙂
    Qué alegría ver “Una cabeza bien amueblada” por fin publicado. De vez en cuando me preguntaba cómo lo llevarías, si quizá lo habías olvidado… Veo, con placer y gozo -qué absurda!, casi como si fuera ya un poco “mío”-, que has conseguido por fin el tiempo y el espacio para acomodarlo y darle su sitio que, -gracias a tu generosidad-, es también el nuestro.
    Sobre el relato en sí, creo que sobran los argumentos, se explica por sí mismo. Cada escribiente tiene vecinos -reales o ficticios- con sus propios mundos, miserias y universos paralelos, que nos cuentan sus necesidades de amueblar sus cabezas, ubicar con exquisito diseño sus sentimientos, redecorar cada vez sus interiores.
    En este caso no era el qué, sino el cómo -nos lo contabas-, y una vez más ha sido, -aún así para mí, que ya lo conocía-, una sorpresa. Y un gusto leerte. Un deleite que se queda incrustado en alguno de mis floreros. Entre gardenias, que son para mí, -por su increíble aroma, su perfecto diseño y su especial textura y color, ese íntimo blanco roto…-, una de mis flores favoritas. 🙂
    Me voy satisfecha…, y ya estoy deseando volver.
    Beso.

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  3. Querida Bea!
    Es un relato que habla de realidad e irrealidad, no? de nuestros muebles, nuestros colores íntimos, aquello que solo nosotros vemos y sentimos, y como todo ello puede responder a una decoración interior, a un orden. Lo que pasa es que no siempre ese mundo interior conjuga correctamente con el exterior. Nuestros muebles no son vistos por otros como los vemos nosotros, y entonces -en casos extremos- nos clavan agujas para meternos a la fuerza en el orden del mundo, aun cuando para quien es forzado a entrar supone la perdida de su mundo. No siempre es así, pero en mi texto si lo es. No quiero que se entienda que yo pienso que aquellos que tienen alucinaciones viven un mundo hermoso y sus médicos son unos desgraciados que los hacen abandonar aquellos mundos para integrarlos en nuestra miseria. No. Mucha gente sufre y para ellos tal vez lo mejor sea tener una vida digna, con o sin medicinas. Pero la mujer de mi relato prefiere su mundo y se encuentra totalmente desprotegida ante los que le desean el “bien”. Es un caso, nada mas.
    Me atrajo la idea del mundo de cada uno como un recinto cerrado donde nosotros somos decoradores de interiores… donde los muebles son las ideas y los suenos, las ilusiones, los anhelos, que vamos moviendo de sitio, introduciendo novedades, gracias a nuestras alegrías, penas, sacrificios o las circunstancias en general que estemos viviendo. Tu sabes que me inspire viendo a una vecina en su apartamento e imagine que ese apartamento era su mente, y de ahi nacio la idea para escribir este relato. En el fondo es eso, claro, ya me hubiera gustado que todo eso se entienda… jejeje pero me doy por satisfecho con lo escrito -por un rato solo- y me voy con mi cabeza, tan poco “amueblada” como un salón japones, a otra parte.
    Recibe un beso Bea!

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    • Ay, Javier… : )
      La idea es muy interesante y creo que está plasmada con inteligencia y habilidad. Quizá porque yo ya sabía lo que circulaba por tu cabeza (que no está ni mucho menos tan poco “amueblada” como tú pretendes hacernos creer… jajaja!), me fue fácil comprender lo que querías transmitirnos. No lo sé. Pero es un placer leer tus argumentos, (casi tanto como leer el relato, pero sólo casi… jajaja).
      Entiendo lo de los médicos, las medicinas, la enfermedad… Claro que lo entiendo. Y tienes razón. Pero a mí, particularmente, me encanta el espíritu de tu protagonista, que luche a toda costa por lo que quiere vivir…, por la cabeza (amueblada como quiera) donde quiere vivir. Quizá sea una idea muy “romántica” y poco útil y realista. Pero para eso está la literatura, ¿no? Los relatos. Para permitirnos vivir, durante un ratito, otra decoración de la, -a veces- dura realidad.
      Sigue escribiendo, por fa. Ya estoy esperando… : )
      Más besos.

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      • Hola Bea:
        Pues claro que sí! la literatura esta para eso -y otras muchas cosas- para hacernos sentir y experimentar cosas que de otro modo nos seria muy difícil.
        Somos seres sociales que vivimos de acuerdos tácitos y expresos, convenciones, costumbres y normas. Nuestro mundo interno, que aparentemente es solo nuestro, está profundamente mediado, influenciado, por esos acuerdos. Si nos alejamos de ellos corremos el riesgo de ser calificados de “peligrosos”; la gradación es amplia, desde el “loco de atar” hasta ser la “mala compañía” así que la sociedad busca constantemente que firmemos los acuerdos, nos compromete, y terminamos -algunos y algunas veces- traicionando nuestra lectura personal del mundo o de los hechos que vivimos. Mi protagonista sabe que esta “mal” pero desea volver a estar mal porque estar “bien” para ella es una verdadera mierda, un mundo frío e inmerso en la fealdad. No sabemos cómo es ella vista por su medico -tal vez este bastante loca- pero sí sabemos cómo piensa y cómo se siente ella cuando la obligan a estar “bien”.
        Por eso, querida Bea, la moraleja sería: todas las decoraciones son bellas para quien vive a gusto dentro de ellas.
        Un beso

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  4. Concha Huerta dijo:

    Me ha impresionado este relato sobre como la mente ayuda a escaparnos de las miserias diarias. Pobre mujer. Que mal hacia disfrutando sus fantasías. No me gustaría tener unos vecinos tan hoscos. Un saludo

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  5. Hola Concha! Es verdad, siempre es una lastima que no te dejen vivir del modo que deseas -siempre que no hagas mal a nadie-; muchas veces se utiliza el calificativo de “peligroso” sobre algo a alguien que, objetivamente, no hace danyo, pero que visto desde el punto de vista de la sociedad bien-pensante, resulta incomodo por decir lo menos.
    Recibe un afectuoso saludo!

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  6. sibisse dijo:

    “Hasta que la realidad se diluya..” y quién no ha queido, a veces, que esto suceda. Su mundo imaginario es más lógico que el real, más confortable, más lleno de vida, puede que también algo triste, pero con la posibilidad de seguri creando nuevas historias. En definitiva da que pensar. Muy bueno 🙂

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  7. El mundo esta en nuestro interior, como distribuyamos nuestras ideas y sentimientos va a influir en mucha medida en nuestra forma de estar en el mundo. Mi protagonista se encuentra a gusto en su mundo pero otros no ven lo que ella ve y eso es motivo para su desgracia… esa realidad de los otros que espera que se diluya.
    Un beso Sibisse. Nos leemos pronto!

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  8. minicarver dijo:

    Una mujer diferente que sufre el acoso de sus vecinos y de la sociedad misma. Vive en su propio mundo, y ahí se encuentra cuerda, y en la otra realidad es una mujer enferma. Un relato que se desarrolla muy bien describiendo el mundo de la mujer para darnos la sorpresa de lo imaginado por ella. Muy Logrado. saludos

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    • Hola Minicarver:
      A veces me pregunto, como seria si pudiese observarme todo un día, que conclusiones podría obtener como resultado de tal experiencia?
      Este texto es la observación y reflexión sobre el mundo de una persona, sobre como lo que vemos los demás no siempre se ajusta a lo que esa persona cree o siente. Gracias y saludos

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  9. Buenas tardes Javier, enhorabuena por tu fantástico relato, realmente impresionante. Un abrazo
    Primitivo

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  10. Ericka Volkova dijo:

    Buen relato y sorpresivo final.
    En realidad me ha agradado leeos.
    :)**

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    • Hola Ericka: Gracias por tus palabras. Me alegra que te haya gustado este relato, esta inspirado en un dicho: “tiene la cabeza bien amueblada” que es una forma de decir que se tienen buenas ideas o una cultura amplia. La metafora me gusto y la use dando a los muebles la categoria de ideas dentro de la cabeza de una persona.
      Me ha gustado lo que escribes, tienes un Blog interesante, voy a regresar a leer mas de lo tuyo.
      Saludos

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