No te he olvidado

La agencia, aquella mañana, estaba apacible. Mientras elegías una de las colas yo, detrás de una de las ventanillas, seguía tus movimientos de reojo. Finalmente te pusiste detrás de una señora que, con voz potente y alegre, hablaba con su amiga, ambas con bolsas de mercado; yo contaba los billetes una y otra vez, tratando de concentrarme en mi trabajo.

Para mi suerte -o lo que fuera- te cambiaste de la fila de las mujeres a la que yo atendía; el hombre que esperaba le entregase su dinero miraba hacia un lado y el otro, impaciente. Terminé de contar -doblemente como señalan las normas- y deslicé los billetes, bien ordenados, por debajo del cristal. Él los cogió y se fue, sin contarlos.

¿Será posible que hayamos vivido cerca el uno del otro, que hayamos caminado por las mismas calles, entrado en los mismos bares, tal vez saludado al mismo conductor del autobús, a diferentes horas, una misma mañana?

Creo que nunca conocí a nadie, hasta aquel día, como te conocí a ti. Sin hablarte, con sólo mirarte; de pronto recordé la historia bíblica de Moisés frente al Mar Rojo, abriéndolo por la mitad, como un libro: ahí estábamos, tú en una orilla y yo en la otra, viéndonos, reconociéndonos a la distancia, en silencio.

Quedaba sólo una persona más a la que atender antes de que llegases a mí, estaba nervioso, me quité las gafas y le limpié los cristales, al volvérmelos a poner observé la agencia, una isla espléndida y casi desierta en la que tú eras Robinson y yo un Viernes ocupado, trajinando en mi rutina, en mi territorio.

‘Un momentito’ hice una seña con los dedos al chico que estaba antes, y salí casi corriendo al baño a arreglarme el pulso y los ralos cabellos frente al espejo.

Al regresar estabas ahí, quieta y relajada; me percaté que te esperaba un hombre sentado en el sofá de la recepción. Atendí al chico rápidamente, ya me encontraba mejor, más seguro, pero cuando adelantaste el paso sentí que una luz me daba de lleno y un intenso calor se me introducía por las venas y circulaba por mi cuerpo; entonces sacaste de la cartera de piel negra un cheque doblado por la mitad que abriste antes de apoyarlo con tus largas manos sobre el mostrador. Alcé la vista y vi en tus ojos una mirada de complicidad que no entendí. A veces la realidad puede ser la parte trasera de un espejo.

Mis ojos vacilaron por un momento sobre el cheque: “Páguese a la orden de: RAMIRO BAEZA GARRIDO (mi nombre) Avda. Mercaderes 220, Tercero Dcha., Elche, Alicante. Tel. (también el mío) Y luego, una nota: ‘tenemos a su hija Lucía con nosotros, no le pasará nada si usted es tan amable de entregar el dinero de la caja, sólo los billetes grandes, en tres grupos; luego teclee su computadora como si se tratase de una transacción corriente.

Esta tarde, si todo sale bien, podrá disfrutar de la compañía de su hija, como todos los días”.

El texto del cheque y la nota estaban escritos con la vieja máquina que tengo en casa y que no uso hace mucho, pero que pude reconocer por la forma de los tipos en el papel, lo cual terminó de helarme la sangre.

No tenía tiempo para pensar así que seguí tus instrucciones; me mirabas con tranquilidad y una amable sonrisa, mientras yo hacía como si contara el dinero para formar los fajos que te fui pasando. Comentaste algo de un problema con el tráfico por obras en la zona del Banco, mientras fingías contar el dinero.

La gente esa mañana estaba radiante, había un ambiente agradable en la oficina, nadie sabía lo que estaba ocurriendo. Aun no atendían a las mujeres que seguían hablando con voces alegres. Un compañero me pidió unos formatos de depósito. Al tomarlos y verte, me guiñó un ojo, cómplice.

Pasé por debajo del cristal el último fajo de billetes. Cuando te ibas alejando de la ventanilla diste vuelta y, con una linda sonrisa, me deseaste que tuviera un buen día. Tu movimiento de caderas era lento y seductor. Llegaste hasta el hombre que te esperaba en la recepción, se levantó y te pasó el brazo por la cintura, el guardia de seguridad les abrió amablemente las puertas de cristal y salieron.

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Acerca de Javier Revolo

Javier Revolo escribe "Relatos Tóxicos" https://javierrevolo.wordpress.com/ y en la Revista mensual “Hontanar Digital” http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html de la que es sub director. Vive en Sídney, Australia, y es abogado.
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8 respuestas a No te he olvidado

  1. Hola, Javier:
    Placer…, leerte otra vez.
    Vale, tienes una aguda y fértil imaginación, y es obvio que tu mente bulle de sueños y ensueños. Eres, en fin, en ti mismo, una fecunda mina de historias. Si no se hubiese inventado el lápiz y el papel, tú, montado en tu voz, serías un trovador paseante de gentes, hacecaminos. Un cuentacuentos… : )
    Pero es algo que va más allá lo que imanta tus relatos, lo que me ata a tus letras…, lo que me capta e incauta… Es tu forma de Decir. Sencilla, luminosa, concisa. (Con esa concisión que a mí, por más que me empeñe, se me escapa. Grrr…)
    Gracias por contar lo cotidiano como si fuera mágico.
    Y por el hachazo a los sentidos. ¡!!!!!
    Se agradece la claridad en la descripción y la sencillez de tus palabras. Sorprende el absurdo choque de sensaciones en un hombre al que la realidad, de forma trágica, le rompe un sueño…
    Recibir el aviso de un nuevo relato tuyo, y leerlo, es una fantástica forma de levantarse por las mañanas e incorporarse al mundo. Por ello. Gracias.
    Beadealejandría.
    Desde el Faro de Alejandría… : )

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    • Gracias Bea:
      Me abruman tus palabras, seguro que es menos… de todos modos, sabes que agradezco de veras que tengas esa opinión de mi, me hace sentir que algo de lo que digo tiene sentido, que algo de lo que cuento tiene un destinatario agradecido. Eso ya es mucho.
      De escribir se ha dicho tanto ya que es un poco iluso intentar algo nuevo, pero como experiencia solitaria es una de las mas intensas junto con la del onanismo.
      Este relato tiene su foco en la frase: “a veces la realidad es la parte trasera de un espejo”. Se fue formando a partir de ella. Seria una secuela -mala- de “la vida te da sorpresas…” ese tema “salsa” tan famoso en los ochenta. Como para no creer que todo lo que relumbra es oro.
      Me alegra que te haya gustado,
      Espero que el próximo también sea de tu gusto
      Besos

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  2. mgb dijo:

    Yo tampoco te he olvidado primo, asi que me doy una vueltecita para saludar ¡Fijate! Fuera ambos de la Comunidad ahora parece que estamos más lejos (físicamente, claro) También recuerdo el texto y vagamente mi opinión de entonces, que no ha cambiado, excelente relato y puesto en la tesitura de ser atracado siempre preferiré que me lo haga ella.

    Un sincero abrazo.

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  3. mgb dijo:

    Ah! Si te pasas por mi casa he republicado las muñecas rusas (que ya conoces) en un solo post pero si tienes ocasión no te pierdas el encantador video del final que es un broche al relato que he puesto ahora.

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  4. Hola Mi Javi!
    Qué buen giro le has dado al cuento! cómo en un suspiro la realidad de uno cambia de lo que imagina y se recrea en la mente de uno, a lo inesperado, el golpe que te pilla por sorpresa!,
    Buena metáfora de vida!, la vida de las sorpresas, a veces nos sorprende con caricias maravillosas, otras con bofetadas al alma ay, ay , ay , ay, ay AY!!!!
    Siempre es u regalo leerte, qué bien poder contar con estos blogs no crees?
    Un beso bien fuerte!

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    • Felicia preciosa
      Me alegra que te haya gustado el relato!! sabes que armar estos pequenos instrumentos de palabras que son los cuentos tiene su historia… pero es un placer.
      Me voy a pasar a leer tu blog.
      Un beso

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  5. Sibisse dijo:

    “A veces la realidad puede ser la parte trasera de un espejo” me quedo con esta frase y la forma de mezclar la bueno y lo malo y como ya han comentado la sorpresa de esa situación. Me ha gustado 😉

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  6. Hola Sibisse:
    Esa frase es el principio de todo, que la hayas escogido me parece muy bien pues me dice que su peso en el relato es notorio.
    Muchas gracias por tu apreciacion del relato
    Un abrazo, Sibisse

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